Crímenes mediáticos o medios criminales

No hace tanto, ya hablaba de la insostenible cantidad de bulos mediáticos, en circulación, y el increíble número de idiotas dispuestos a creerse cualquier cosa, que confirme su mezquina y pequeña concepción del mundo. Por ello, no soy muy dado, a diferencia de gran parte del personal, a estar permanentemente conectado en forma de toda suerte de dispositivos electrónicos, que emiten un aviso agudo ante una noticia inmediata de dudosa veracidad. No, advierto para los que viajan de un extremo a otro sin conexión interneuronal, tampoco me niego a estar comunicado ni caigo en el solipsismo; simplemente, se trata de tener siempre presente eso (no) tan complicado de verificar lo que nos cuentan. El caso es que, hace unas semanas, una noticia me llamó poderosamente la atención e hizo sonar todas las alarmas de la indignación. Para no caer en excesivas subjetividades, reproduciremos el titular aparecido en el inefable y ultrarreaccionario medio digital La Gaceta de la Iberosfera: «Un grupo de magrebíes viola a una joven por vestir una camiseta de VOX en Tarragona». Antes de nada, explicaremos que dicho diario fue antaño La Gaceta de los Negocios, para acabar siendo comprado por el Grupo Intereconomía y, más recientemente, acabar pasando a manos de Fundación Disenso. Lo diremos todo cuando aclaremos que el patronato de dicha Fundación está presidido por el ínclito Santiago Abascal y de él forman parte personas maravillosas como Fernando Sánchez Dragó o Amando de Miguel. Es decir, un medio al servicio de la ultrarreaccionaria Vox en el que se mezclan disparatadas noticias sobre la iniquidad de la izquierda, Bildu y el socialismo bolivariano con supuestos crímenes por parte de inmigrantes (preferiblemente, magrebíes) y supuestas agresiones a miembros del partido.

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Solidaridad

Uno de los paradigmas más firmes que los anarquistas han querido siempre asentar en la sociedad es el de la solidaridad. Recuerdo que lo que más me atrajo de las ideas libertarias fue su confianza en cada individualidad, pero a diferencia del mero liberalismo, fortalecida con la cooperación, el apoyo mutuo, la solidaridad… Me adelanto a las réplicas de los que solo aceptan el mundo que ponen ante sus ojos y aclaro que no se trata de un idealismo ingenuo desapegado de la realidad. Soy consciente de que el ser humano puede ser terriblemente mezquino y papanatas, y desgraciadamente se observa a diario en nuestra precaria sociedad basada en la ignorancia, en la atomización y en el sálvese el que pueda. Los anarquistas, tal vez, fueron conscientes de que para las personas el concepto de solidaridad, que no por casualidad tiene su etimología en «sólido», no deja de ser un reflejo de la sociedad en la que cohabitan. Si la misma es jerarquizada, en lugar de una comunidad de libres e iguales, las dificultades para reconocer al prójimo, para ser solidario, no tienen fin. Sí, tanta gente se deja llevar por la corriente, pero si esta al menos lleva en su seno los paradigmas de la cooperación y el apoyo mutuo, la coacción moral que dijo el clásico ácrata, en lugar de la confrontación de todo tipo debido a las fracturas sociales e identitatarias, seguro que pueden cambiar las cosas.

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Fascistas grotescos

Hoy, hemos amanecido con la noticia de la exculpación del inefable esperpento fascista que es Javier Ortega Smith. Este sujeto, objeto de la denuncia que finalmente el Tribunal Supremo ha decidido que no es delito, afirmó que las llamadas Treces Rosas «torturaban, asesinaban y violaban vilmente» (sic). Este estulto ultrarreaccionario «argumentaba» con ello, en oposición a la Ley de Memoria Histórica, que en la Guerra Civil Española ambos bandos cometieron crimenes, que las heridas no hay que reabrirlas, que quieren dividir a los españoles y bla, bla, bla. Nada nuevo, ya que toda esta retahíla de insultantes lugares comunes nos la vienen repitiendo desde la Transición para justificar el actual régimen de Monarquía constitucional y la continuidad económica que supuso aquel proceso. Sí, Vox son los más explícitos herederos de la dictadura, pero todo ese fraude que constituyó la llamada Transición democrática se edificó en torno a una supuesta reconciliación entre todos los españoles, vencedores y vencidos, para maquillar a nivel político lo que no era más que una continuación moral y económica del régimen anterior. El argumento de que «los rojos mataron muchísimo» no es nada nuevo, lo que ocurre es que Ortega Smith es tan inicuo como estólido.

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¿Fin de las ideologías o auge de la idiocia?

Creo que fue al poco de caer el Muro de Berlín, hace ya más de tres décadas, cuando el lúcido e inicuo politólogo Francis Fukuyama soltó aquello del «fin de las ideologías». Como el pensamiento de la humanidad parece ir en demasiados ocasiones en franco retroceso, aquello quedó como una aseveración y máxima firmes a tener en cuenta para los nuevos tiempos. Es decir, no es que se hablara del término de ideologías totalitarias, explícitamente autoritarias, no; se aseguró la estupidez de que las ideologías ya no tenían cabida en el mundo (pos)moderno. Y no es que quiera hacer ahora una defensa del concepto de ‘ideología’, tantas veces mistificador y tendente al fundamentalismo, sino señalar que, para bien y para mal, estamos rodeados de ideología. Esto es, creencias, ideas y sentimientos, dirigidos a la conducta humana y social, tantas veces cuestionables, pero inherentes a nuestra condición. Por ejemplo, qué son si no las religiones, condenadas a la extinción por simple lógica, pero replegadas en el fundamentalismo cuando se ven acorraladas, si no meras ideologías convertidas específicamente en dogmatismo. No debería hacer falta aclarar que la intención del perspicaz Fukuyama era fundamentar, aún más si cabe, al sistema capitalista en el imaginario colectivo. La idea del fin de las idelogías, perdón por el pleonasmo, fue una soberana estupidez, que dividía al mundo entre blanco y negro, como también el fin de la historia, ya que todo, absolutamente todo, lo creado por la mano del hombre está sujeto al cambio. Para bien y, tantas veces, para mal.

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Agresiones

No hace falta un gran intelecto, ni una conciencia demasiado trabajada, para darse cuenta de la indescriptible sociedad mediática, manipuladora hasta el hastío, que vivimos y sufrimos a diario. Si a ello le unes esa tendencia irreflexiva y papanatas de gran parte del personal, bien aderezada por esa maquinaria de la inmediatez más descerebrada que son las redes sociales, la cosa llega hasta extremos grotescos. Sigue leyendo «Agresiones»

Parlamentos

Me siguen produciendo asombro, al menos a estas alturas de la película, los que consideran la democracia parlamentaria una forma superior de hacer política. Mucha gente, cargada de los prejuicios más elementales, piensa que al hacer esta afirmación uno debe estar a la fuerza a favor de alguna suerte de régimen dictatorial. Craso error, señores míos. No obstante, dejaremos para mejor ocasión, no solo la explicación de que existen otras formas de democracia directa ajenas a Sigue leyendo «Parlamentos»

Dictadura ‘progre’

Dice que no es bueno generalizar, pero tal vez me quedo corto si afirmo que vivimos en una sociedad repugnantemente entreguista, consumista hasta el vómito, sin atisbo de memoria histórica y con la profundidad intelectual de una ameba. Soy así de diáfano y despiadado en mis ex​presiones porque solo eso puede ex​plicar el caldo del cultivo para el auge, no solo de un partido político ultrareaccionario, también de ciertos discursos repulsivos e insultantemente distorsionadores. Uno de ellos es, una baza que Vox​ juega Sigue leyendo «Dictadura ‘progre’»

Vencedores

Como es sabido, esta semana han sido los (fracasados) intentos de investidura, como presidente del Gobierno de esta nación-Estado conocida como Reino de España, del superviviente Pedro Sánchez. Le denomino así, ya que hay que ver este hombre, que hace no tanto estaba supuestamente defenestrado en su partido, acabó ganando unas primarias frente a la oposición de las vacas sagradas socialistas (por llamarlas de algún modo, «socialistas» me refiero), y acabó encabezando el gobierno del país, tras una moción de censura a Rajoy, y ganando unas elecciones generales. No me cabe duda de que acabará siendo investido, tras alguna suerte de acuerdo con los de Podemos, para que las cosas acaben siendo, más o menos, con algunas diferencias, como siempre. Pero, bueno, no se preocupen, no voy a hacer propaganda de la abstención ácrata, que tengo mucho vicio. A lo que voy es que, tras estas jornadas en el Congreso, que tampoco he seguido al dedillo, ya que tengo mejores cosas en las que ocuparme, sí me han llegado unas extravagancias que considero dignas de reflexión. Sigue leyendo «Vencedores»

Espectáculo

Vivimos en una continua, enajenante e irritante cultura del espectáculo. Y cuando utilizo la primera persona del plural, ojo, es porque obviamente me incluyo, ya que resulta imposible situarse totalmente al margen del contexto. Para los que no estén familiarizados con este concepto, recordaré que se trata, grosso modo, de que se colocan permanentemente delante de nuestros ojos una serie de imágenes que nos impiden ver la realidad concreta. Una realidad concreta, léase, profundizar un poquito en las cossas, por ejemplo, los problemas sociales, que digo yo que, no son un fenómeno natural ante el que poco podamos hacer. En nuestra mano, por muy borregos que seamos, está potencialmente cambiar las cosas. Lo dicho, un espectáculo continuo que nos mantiene bien entretenidos y enajenados y que el desarrollo de las nuevas tecnologías en las últimas décadas no ha hecho más que acrecentar. Voy a poner un ejemplo muy concreto, aunque hay decenas a diario, y es que llevamos una semana hablando de los políticos de Ciudadanos (pobrecitos o maléficos, según simpatías), víctimas de la ignominia el día del Orgullo. Sigue leyendo «Espectáculo»

Tentaciones electorales

Ahora que apenas nadie me lee, he de confesar que, si bien en la actualidad soy un dogmático abstencionista como una catedral, hubo otros tiempos en que mi ingenuidad herética no conocía límites. Así, acudía eufórico a las urnas, cada tanto, a introducir un papelito en una urna para entregar mi pobre potestad individual a aquellos que iban a transformar la sociedad. Todavía hoy, mi fe ácrata y nihilista se tambalea en ocasiones, me vienen sudores fríos, tentaciones diversas, y mi mente se ensucia pensando en volver a introducir la papeleta en la ranura. ¡Efectivamente, menuda papeleta la mía! Por supuesto, aunque las tentaciones están a veces originadas en lo más oscuro de mi ser, las más de las veces provienen de elementos externos y voces ajenas más bien estentóreas. No solo el conjunto de la infecciosa sociedad en que vivimos está diseñada para que caigas en la tentación electoral, además hay que sufrir los pertinaces y elevadamente complejos argumentos de nuestros semejantes. Sigue leyendo «Tentaciones electorales»