Estatuas y reacción

Mientras la derecha y la ultraderecha de este indescriptible país, que vienen a ser algo muy parecido, se dedican a retirar del espacio publico estatuas, y toda suerte de símbolos, de personalidades de la izquierda, hace mucho tiempo que el nacionalismo español está muy crecido en el sentido contrario. La diferencia es que Largo Caballero o Indalecio Prieto, sin compartir yo su ideología, aunque pudiéramos haber compartido barricada de manera coyuntural en otra vida, fueron al menos dirigentes en un contexto democrático, y perdón una vez más por señalar lo obvio. Vaya por delante que yo no soy nada amigo de dedicar monumentos a figuras políticas, ni siquiera, por supuesto, a aquellos con los que más puedo simpatizar, más proclive quizá sería a personalidades de la cultura o de la ciencia, aunque siempre podrá resultar controvertido, ya que llamamos cultura a veces a cualquier cosa. Al margen de esto, siempre discutible, la historia contemporánea de este inenarrable país llamado España es la que es y la derecha, sencillamente, adolece de cierta tradición liberal y democrática, que debería ser propias de cualquier historia contemporánea que se precie, lo cual le empuja de una u otra manera, por acción u omisión, a aceptar el horror franquista. Si no, de manera más directa, se considera a Franco y sus secuaces como salvadores de la tradición cristiana frente a la conspiración masónica y comunista (juro que, todavía, escucho esta argumentación en boca de estos inefables personajes).

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Orgullo facha

Hoy es el Día de la Hispanidad, la fiesta nacional de este país llamado España. Particularmente, me considero feroz y reivindicativamente apátrida, al menos en un plano espiritual, ya que la realidad material es que nos obligan a todos los seres humanos a tener una nacionalidad legal. Al parecer, hay muchas personas que, enajenadas o no, no solo no observan esa situación como una obvia imposición geográfica por parte de una burocracia, al servicio de una clase dominante, sino que además se muestran harto orgullosos de pertenecer a un determinado país en el que tuvieron la suerte de nacer. Estoy de acuerdo con el gran El Roto: en este mundo en el que vivimos, da vergüenza pertenecer a cualquier lugar. Por otra parte, en esta estúpida guerra de banderas que sufrimos últimamente, se ha extendido la diferenciación entre nacionalismo, que vendría a ser egoísta y excluyente, y patriotismo, que al parecer es un concepto que conlleva solidaridad e integración. Para reirse y no parar, vamos. Un amigo mío asegura que uno de los grandes problemas de este país es el profundo analfabetismo político y solo eso puede explicar que, ante el muy evidente enfrentamiento entre formas de entender la nación, que en origen no tiene otro nombre que nacionalismo, alguien se esfuerce ahora en extender las bondades del patriotismo. Nada de profundización política, por favor, no sea que a alguien se le ocurra empezar a reflexionar. Sigue leyendo «Orgullo facha»