Esperpento, cretinez y papanatismo

Vaya por delante aclarar que el que suscribe no está del todo seguro si gilipollas es él, al señalar que la corrupción es algo sistémico en este inefable país, o tal vez gran parte del material humano que le rodea. Uno es así de generoso en su análisis de la realidad. El caso es que esta guerra desatada entre facciones del Partido Popular, esa indescriptible derecha de este inenarrable país, además de ser un esperpento vergonzante, invita a unas pocas reflexiones a poco que profundicemos. Pablo Iglesias, que ahora tiene un podcast en el que pretende aportar sesuda información veraz y alternativa, instaba recientemente a que la izquierda parlamentaria se ponga las pilas y denuncie ante la fiscalía los presuntos casos de corrupción en el PP madrileño. Vamos a ver. En primer lugar, amiguito, ¿la izquierda parlamentaria no eras tú hasta anteayer? ¿Acaso los numerosos contratos, adjudicados a dedo por la Administración presidida por Ayuso, son algo que se sepa ahora? ¿Acaso no había ya indicios hace tiempo de que la Comunidad de Madrid había favorecido notablemente a familiares y amigos? ¿Por qué diablos no se puso, ni se termina de poner en la actualidad, todo ello en manos de la justicia? Sí, la justicia puede estar plagada de fachas y estar igualmente corrompida, y puede que luego haya multitud de cretinos que avalen a los corruptos en las urnas, pero al menos la contundencia en la denuncia moral y mediática puede y debe hacer un ruido estruendoso. A pesar del discurso epidérmico de algunos, y con gloriosas excepciones reales, no parece que sea así en este impronunciable país.

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Parlamentos

Me siguen produciendo asombro, al menos a estas alturas de la película, los que consideran la democracia parlamentaria una forma superior de hacer política. Mucha gente, cargada de los prejuicios más elementales, piensa que al hacer esta afirmación uno debe estar a la fuerza a favor de alguna suerte de régimen dictatorial. Craso error, señores míos. No obstante, dejaremos para mejor ocasión, no solo la explicación de que existen otras formas de democracia directa ajenas a Sigue leyendo «Parlamentos»

Censura

A propósito de los hechos recientes, sobre los cantautores Luis y Pedro Pastor, en los que la cancelación de un concierto en las fiestas de Aravaca, cerrado meses atrás durante el mandato anterior de Manuela Carmena, se ha visto como un acto de censura por parte del nuevo gobierno conservador de la localidad, de nuevo me asaltan una serie de reflexiones sobre la libertad de expresión. Como sabrán los que sigan este pertinaz blog, uno no simpatiza con gobierno alguno, sea cual sea su pelaje, y consecuentemente no me responsabilizo de las tropelías que hagan unos u otros. Por supuesto, eso no me sitúa, como dicen ahora los cursis, equidistante, ni me impide opinar sobre lo que me venga en gana. Faltaría más. Recoraré, en primer lugar, que los responsables de los actos de los gobernantes, después de ellos mismos, son los que les han sustentado con sus votos. No, insultante es decirlo, los que no hemos votado no tenemos responsabilidad alguna, ya que resulta imposible votar «contra» alguien, y siempre hay que votar «a favor» de unos, y esto es lo que me lo suele impedir mis creencias fundamentalistas. Así, en el caso que nos ocupa, los responsables de los actos inicuos de los gobernantes del trifachito (ya saben, la derecha cobarde, la derecha veleta y la ultraderecha incalificable), serán aquellos que decidieron depositar el voto en la urna. Perdón por el inciso, y vayamos al grano. Otro asunto que negamos, votemos o no votemos por cuestiones de credo, es considerar que «todos los gobernantes son iguales». De hecho, creo que una de las diferencias es, al menos en este país llamado España, que cuando gobierna la derecha la represión es más notoria y evidente. Sigue leyendo «Censura»

Circo electoral

Era una realidad, obvia para cualquier mente bien oxigenada, que los maquiavélicos planificadores de campañas electorales nos toman por idiotas a los ciudadanos; y me incluyo en el lote, aunque mi dogmática religión atea (doble oxímoron, ¡toma ya!), ácrata y nihilista, me impidia acudir periódicamente a las urnas. No obstante, lo que está ocurriendo en España, ante la cita electoral del próximo 28 de abril, cae en lo grotesto y resulta un insulto para los que pretendemos apartarnos de retrógrados y papanatas. Pongamos varios ejemplos de lo acontencido en los últimos días. Los bodoques de Vox, cuyo discurso ideológico no va más allá de la defensa de iniquidades como la bandera de España, los Toros, la caza o el uso de armas, exhibe a un gurú económico que habla de acabar con la discriminación fiscal de los ricos y que quiere privatizar los restos de los servicios sociales. Va a ser que la nueva fuerza política, que puede que tenga algún otro tic fascista, resulta de lo más previsible y neoliberal en su programa económico. El Partido Popular, consciente de que otros reaccionarios van a arrebatarle nicho de electorado, lanza un irrisorio vídeo en el que ridiculiza al pistolero Abascal evidenciando su ignorancia sobre casi todo lo importante. Que sea cierto que el ridículo Abascal responde con un «¡Viva España!» cuando se ve acorralado dialécticametnte, algo que ocurre las más de las veces, no justifica una campaña de los populares de vergüenza ajena. Lo que sí ha propuesto el lider de la fuerza reaccionaria es algo tan moralmente demandado como el uso de armas para defenderse de los criminales. Bien, estoy de acuerdo en actuar contra los delincuentes, pero es posible que haya que empezar por apuntar a la clase política. Sigue leyendo «Circo electoral»

Orgullo facha

Hoy es el Día de la Hispanidad, la fiesta nacional de este país llamado España. Particularmente, me considero feroz y reivindicativamente apátrida, al menos en un plano espiritual, ya que la realidad material es que nos obligan a todos los seres humanos a tener una nacionalidad legal. Al parecer, hay muchas personas que, enajenadas o no, no solo no observan esa situación como una obvia imposición geográfica por parte de una burocracia, al servicio de una clase dominante, sino que además se muestran harto orgullosos de pertenecer a un determinado país en el que tuvieron la suerte de nacer. Estoy de acuerdo con el gran El Roto: en este mundo en el que vivimos, da vergüenza pertenecer a cualquier lugar. Por otra parte, en esta estúpida guerra de banderas que sufrimos últimamente, se ha extendido la diferenciación entre nacionalismo, que vendría a ser egoísta y excluyente, y patriotismo, que al parecer es un concepto que conlleva solidaridad e integración. Para reirse y no parar, vamos. Un amigo mío asegura que uno de los grandes problemas de este país es el profundo analfabetismo político y solo eso puede explicar que, ante el muy evidente enfrentamiento entre formas de entender la nación, que en origen no tiene otro nombre que nacionalismo, alguien se esfuerce ahora en extender las bondades del patriotismo. Nada de profundización política, por favor, no sea que a alguien se le ocurra empezar a reflexionar. Sigue leyendo «Orgullo facha»