Campañas

Acaba de lanzarse una campaña, en plena crisis, para favorecer el turismo en este grandioso país llamado España. Si atendemos a que para ello se han unido el fabuloso Gobierno de coalición progresista con alguna institución europea, la patronal, grupos empresariales y algún otro lindo grupo que me dejo en el tintero, se explican los inefables protagonistas y el irrisorio tono del vídeo de promoción. En una sociedad donde gran parte del personal está más que alienado por los espectáculos deportivos, unos cuantos multimillonarios jugadores nos recuerdan lo bueno de que España es un mero país de servicios. Un fulano cuyo cuestionable mérito es conducir una máquina a gran velocidad, y cuyas millonarias cuentan están a salvo en lugares remotos, afirma que esta es la nación más segura del mundo. Un grupito de cocineros irritantemente mediáticos, tan populares como adinerados, recuerda que somos una potencia mundial en gastronomía, a pesar de que sepa de que no hace falta irse al Tercer Mundo, en España se pasa hambre. Sigue leyendo «Campañas»

¡Enajenados!

Una de los subterfugios habituales, de los optimistas antropológicos, y no digo que yo me aleje siempre de semejante condición, es pensar que hoy existe más enajenación que nunca. Esto es, creo, cuando el personal se siente extraño a sí mismo, sus actos ya no le pertenecen y los mismos pasan a convertirse en dueños de la persona, la misma acaba subordinándose a ellos e, incluso, los termina por idolatrar. Si lo queremos expresar de otro modo, podemos poner sobre la mesa factores de toda índole para excusar que la gente se comporte como auténticos gilipollas. De esa manera, el común de los mortales estaría dominado por determinadas fuerzas externas, que le empujan a situarse en una realidad ajena, desgraciadamente, bastante imbécil, que le empuja a realizar una estupidez tras otra. Autores sesudos aseguran que esta situación de produce con el desarrollo del capitalismo y de la sociedad de consumo, y no decimos de entrada que no sea así, aunque se nos antoja un poco abstruso el discurso. El principal problema que observo con este análisis es que, si consideramos que el ser humano tiende a realizar una conducta digamos «desviada«, no propia del ser humano, es porque debería existir un comportamiento «correcto». Mucho suponer. Ojalá sea así, de ahí mi inevitable y ocasional optimismo, aunque es inevitable pensar que, al margen de que exista la más mínima posibilidad para un comportamiento extendidamente racional en la especie humana, no hay duda de que también existen condiciones inherentes para que, al menos una mayoría, se comporte como una manada de borregos. Sigue leyendo «¡Enajenados!»