Las iglesias y el poder

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que apartar a la religión iba a suponer el camino definitivo de la humanidad hacia la emancipación. Hoy, bien entrado el siglo XXI, en plena posmodernidad, la cosa no está nada clara y las instituciones religiosas sobreviven tratando de mantener su parcelas de poder, bien adaptándose de manera hipócrita a los nuevos tiempos, bien replegadas en el fundamentalismo, bien una mezcla de ambas cosas (lo más habitual). Pongamos varios ejemplos. Es sabido que la Iglesia Católica basa sus dos milenios de existencia en la unidad jerárquica más férrea con influencia dispar en el poder social y político de las naciones según van pasando los tiempos. Sin embargo, como también es lógico y conocido, según el contexto patrio en el que se ecuentre el poder religioso, se manifiesta tirando hacia un lado o hacia otro. Es decir, aunque sumo pontífice solo hay uno y verdadero, el increíblemente progre Francisco, luego la cosa no está del todo clara según la jerarquía confesional en los diversos lares, que también tienen derecho a conservar sus cuotas de poder. Así, refirámonos a dos de las iglesias más poderosas del planeta, las cuales coinciden mílagrosamente con dos de las mayores potencias económicas como Estados-nación: Estados Unidos y Alemania.

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Me cago en tó

Resulta un debate interminable este de la libertad de expresión y la cosa se complica cuando se tocan (supuestas) ideas sagradas. Así como lo oyen, parece que dentro de las creencias, hay unas que están por encima de otras, de tal manera que podemos realizar una escala de disparates y colocar en lo más alto aquello que más haya prevalecido en el imaginario popular. De esa manera, y como habrán ustedes ya adivinado, la creencia en Dios resulta el summum de las creencias y al parecer es intocable, ni siquiera dialécticamente. El actor Willy Toledo, con toda intención, soltó un exabrupto en las redes sociales: «Yo me cago en Dios y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María». Lo de la intención es debido a que, a continuación, escribió «Este país es una vergüenza insoportable. Me puede el asco», por lo que seguro que no fue ningún capricho espontáneo. No obstante, aunque lo fuera, la cuestión es la misma. El caso, como es sabido, es que el actor fue denunciado por cierta (retrógrada) asociación por aquella manifestación y, ante las diversas citaciones de la justicia, se ha negado a comparecer hasta haber pasado por ello ya alguna noche en el calabozo. Sigue leyendo «Me cago en tó»