Qatar, Messi y el terrorismo islámico

El semanario francés Charlie Hebdo, una vez más, nos ha abierto el camino de la lucidez a través del siempre agradecible humor satírico; con doble mérito, dado el tema, si ellos mismos fueron víctimas de los fanáticos violentos religiosos. A propósito de la llegada al poder en Afganistán de los repulsivos talibanes, la publicación gala nos obsequia con una imagen, acompañada de la leyenda «Talibanes. Es peor de lo que pensaba», en la que puede verse a mujeres afganas con burka y, en la espalda, con el número y nombre del astro futbolístico Lionel Messi. Los profanos en enajenantes cuestiones balompédicas, como es mi caso, requieren tal vez una explicación y, por supuesto, os la voy a dar. El fenómeno argentino ha fichado recientemente por el club galo Paris Saint Germain (en adelante, PSG), cuyo dueño es desde 2011 el multimillonario qatarí Nasser Al-Khelïfi, cuya fortuna creo que adquiere proporciones tan astronómicas como la del propio Messi. Lo que nos expone lúcidamente Charlie Hebdo es un argumento que se sostiene desde hace muchos años y es que Qatar, mediante dinero y armas, financia el terrorismo islámico a veces concretado en forma de regímenes.

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Murtaja

Es muy posible que ustedes, que leen estas líneas, conozcan ya la historia de Murtaja Qureiris. Este joven saudí, hoy ya en edad adulta, cuando tenía diez años, en plena primavera árabe en 2011, participó en una manifestación junto a otros niños. Megáfono en mano, pidió derechos humanos y democracia en el repulsivo régimen de Arabia Saudita. Tres años después, en 2014, el joven fue detenido con la acusación de arrojar un cóctel molotov a una comisaría de policía, algo negado por el chaval. Hay que decir que su hermano, otro joven activista, murió en 2012 a manos de la policía. Murtaja se enfrenta a varios cargos, entre los que se encuentran los supuestos gritos en contra del gobierno en el funeral de su hermano. Hoy, tras años de prisión preventiva, el joven se enfrenta a la pena de muerte, acusado de pertenecer a un grupo terrorista extremista. Si las acusaciones de «terrorismo» a activistas sociales se producen en ocasiones en Estados que se llaman democráticos, podemos imaginarnos lo que puede ser enfrentarse a eso en un régimen teocrático como el saudí, donde el monarca concentra el poder absoluto. Valga como ejemplo que la Fiscalía quiere, después de asesinar a Murtaja, imponer un castigo ejemplar con lo que ellos denominan «crucifixión». Eso es, el desmembramiento del cuerpo del ejecutado. Sigue leyendo «Murtaja»