Antimilitarismo

«Sin ejércitos, no habría guerras», aseveración que puede parecer pueril en principio, pero que en realidad se trata de una perogrullada como un castillo. Es decir, hablamos de una organización armada, ferozmente jerarquizada, que sirve a los intereses de un nación, que es lo mismo que decir de un Estado, que viene a ser el poder político, que a su vez lo forma principalmente una oligarquía sujeta a determinados intereses, que no suelen coincidir en lo más mínimo con la sociedad de la que forman parte. Es decir, incluso a estas alturas, puede haber tarambanas que se crean esa mistificación inicua llamada «patriotismo», pero la realidad que no quieren ver ante sus ojos es que, si los conducen a la guerra, obedecen a los intereses de una clase dirigente. Así de sencillo. Alguien puede identificar un ejército, meramente, con la defensa armada de un pueblo o de una comunidad, pero seamos serios y usemos la semántica de forma mínimamente decente.

Sigue leyendo «Antimilitarismo»

Estatuas y reacción

Mientras la derecha y la ultraderecha de este indescriptible país, que vienen a ser algo muy parecido, se dedican a retirar del espacio publico estatuas, y toda suerte de símbolos, de personalidades de la izquierda, hace mucho tiempo que el nacionalismo español está muy crecido en el sentido contrario. La diferencia es que Largo Caballero o Indalecio Prieto, sin compartir yo su ideología, aunque pudiéramos haber compartido barricada de manera coyuntural en otra vida, fueron al menos dirigentes en un contexto democrático, y perdón una vez más por señalar lo obvio. Vaya por delante que yo no soy nada amigo de dedicar monumentos a figuras políticas, ni siquiera, por supuesto, a aquellos con los que más puedo simpatizar, más proclive quizá sería a personalidades de la cultura o de la ciencia, aunque siempre podrá resultar controvertido, ya que llamamos cultura a veces a cualquier cosa. Al margen de esto, siempre discutible, la historia contemporánea de este inenarrable país llamado España es la que es y la derecha, sencillamente, adolece de cierta tradición liberal y democrática, que debería ser propias de cualquier historia contemporánea que se precie, lo cual le empuja de una u otra manera, por acción u omisión, a aceptar el horror franquista. Si no, de manera más directa, se considera a Franco y sus secuaces como salvadores de la tradición cristiana frente a la conspiración masónica y comunista (juro que, todavía, escucho esta argumentación en boca de estos inefables personajes).

Sigue leyendo «Estatuas y reacción»

¡Viva la estulticia!

A estas alturas, supongo que mucha gente se habrá echado unas risas con el difundido vídeo de multitud de personajes esperpénticos clamando ¡Viva el rey! No puede ser de otro modo, especialmente, cuando ves a alguien como Toni Cantó, trepa descarado donde los haya, vociferar a los cuatro vientos, puño en alto, que las loas al monarca es «lo auténticamente progresista y revolucionario». Es muy posible que se trate de un trabajo humorístico encubierto, sobre todo cuando comprobamos que la iniciativa parte de una plataforma, o algo así, llamada Libres e iguales. Es decir, un grupito que afirma estar a favor de la igualdad de los seres humanos, concepto inequívocamente unido a la noción de libertad, tal y como han concretado de toda la vida los anarquistas, se muestra a favor de un sistema que demuestra, de forma más explícita que cualquier otro, que el privilegio existe y de qué manera. ¡Cosas de este indescriptible país llamado España! Otro gran momento hilarante, en forma de oxímoron, es cuando otro de estos ‘intelectuales’ surgidos de averno asegura que, porque cree en el republicanismo de verdad, grita ¡Viva el rey! No, no creo que el fulano se muestre sutilmente irónico y quiera significar algo tan cierto como que la forma del Estado, sea república o monarquía, esconde formas de opresión política. A pesar del involuntario tono jococo del asunto, yo, que he tenido la santa paciencia de ver y escuchar los 14 minutos (y un segundo) del inenarrable «trabajo» audiovisual, no he podido evitar que se me congele la risa entre los dientes.

Sigue leyendo «¡Viva la estulticia!»

Patriotas molestos

Hace unos días, y esto es una anécdota rigurosamente cierta, me encontraba tomando algo en una terraza con mi padre y fue inevitable que un locuaz peluquero, conocido de mi progenitor, se acercara para darnos la chapa. Si menciono la profesión del susodicho, no es porque sea determinante en la historia, sino porque su lugar de trabajo se encuentra a escasos metros de la terraza en cuestión. El caso es que yo ya conocía, de alguna otra ocasión, que el tipo era más que políticamente reaccionario y todos sabemos lo que eso significa en este país sin que haga falta entrar en más detalles. Como era prácticamente imposible desembarazarse de aquel retrógrado, orondo y parlanchín rapabarbas, me preguntaba cuánto tardaría en salir alguna temática en la conversación que nos obligara a vernos las caras. Efectivamente, no recuerdo a cuento de qué, ya que el verbo del amigo era tan fluido y abundante como desprovisto de talento retórico, dijo algo así como que él «era un patriota». Aquello disparó todas las alarmas, pero lo que ya me hizo intervenir sin reservas fue cuando aseguró que le daba mucho asco la gente que no respetaba la bandera. Sigue leyendo «Patriotas molestos»

Orgullo facha

Hoy es el Día de la Hispanidad, la fiesta nacional de este país llamado España. Particularmente, me considero feroz y reivindicativamente apátrida, al menos en un plano espiritual, ya que la realidad material es que nos obligan a todos los seres humanos a tener una nacionalidad legal. Al parecer, hay muchas personas que, enajenadas o no, no solo no observan esa situación como una obvia imposición geográfica por parte de una burocracia, al servicio de una clase dominante, sino que además se muestran harto orgullosos de pertenecer a un determinado país en el que tuvieron la suerte de nacer. Estoy de acuerdo con el gran El Roto: en este mundo en el que vivimos, da vergüenza pertenecer a cualquier lugar. Por otra parte, en esta estúpida guerra de banderas que sufrimos últimamente, se ha extendido la diferenciación entre nacionalismo, que vendría a ser egoísta y excluyente, y patriotismo, que al parecer es un concepto que conlleva solidaridad e integración. Para reirse y no parar, vamos. Un amigo mío asegura que uno de los grandes problemas de este país es el profundo analfabetismo político y solo eso puede explicar que, ante el muy evidente enfrentamiento entre formas de entender la nación, que en origen no tiene otro nombre que nacionalismo, alguien se esfuerce ahora en extender las bondades del patriotismo. Nada de profundización política, por favor, no sea que a alguien se le ocurra empezar a reflexionar. Sigue leyendo «Orgullo facha»