Fascistas grotescos

Hoy, hemos amanecido con la noticia de la exculpación del inefable esperpento fascista que es Javier Ortega Smith. Este sujeto, objeto de la denuncia que finalmente el Tribunal Supremo ha decidido que no es delito, afirmó que las llamadas Treces Rosas «torturaban, asesinaban y violaban vilmente» (sic). Este estulto ultrarreaccionario «argumentaba» con ello, en oposición a la Ley de Memoria Histórica, que en la Guerra Civil Española ambos bandos cometieron crimenes, que las heridas no hay que reabrirlas, que quieren dividir a los españoles y bla, bla, bla. Nada nuevo, ya que toda esta retahíla de insultantes lugares comunes nos la vienen repitiendo desde la Transición para justificar el actual régimen de Monarquía constitucional y la continuidad económica que supuso aquel proceso. Sí, Vox son los más explícitos herederos de la dictadura, pero todo ese fraude que constituyó la llamada Transición democrática se edificó en torno a una supuesta reconciliación entre todos los españoles, vencedores y vencidos, para maquillar a nivel político lo que no era más que una continuación moral y económica del régimen anterior. El argumento de que «los rojos mataron muchísimo» no es nada nuevo, lo que ocurre es que Ortega Smith es tan inicuo como estólido.

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El inefable Pérez Reverte

Recuerdo una parodia de Joaquín Reyes, en la sección Celebrities de aquel gran programa de humor Muchachada Nui, dedicada al indescriptible juntador de palabras Arturo Pérez Reverte, donde de manera efectiva, más sutil de lo que puede parecer, ponía en su sitio al egocéntrico fulano. Disfrutadla, seguro que puede encontrarse fácilmente en Youtube o en la web de RTVE. Sin embargo, el cuestionable creador de best-sellers, como tantos otros personajes inefables de este bendito país, supera con creces a cualquier caricatura que nos esforcemos en realizar. Así, me entero hoy que en la promoción de su último libro situado en la Guerra Civil Española, y ahí debe estar la clave de sus mezquinos comentarios, se ha despachado a gusto contra la llamada Ley de Memoria Democrática, y no precisamente denunciando sus carencias para impartir de una vez por todas justicia histórica. Lo más grave e insultante, ha llegado a calificar de resentidos a las víctimas del fascismo. Creo que más iniquidad y mala baba, muy probablemente perfectamente estudiadas, no caben en las manifestaciones de este ser.

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¿Memoria democrática?

Recientemente, se ha aprobado por el gobierno español el anteproyecto de la llamada Ley de Memoria Democrática y pronto, al parecer, pasará al Congreso para debatirla y, supuestamente, aprobarla. A pesar de la inicua derecha (y ultraderecha, que viene a ser algo muy parecido) que padecemos en este inefable país, y de cierta parte de la población bastante botarate, quiero pensar que una mayoría ciudadana considera razonable una ley que, por fin, impartiera justicia histórica. La ley anterior de 2007, en tiempos de Zapatero, era más que insuficiente, ya que, aunque declaraba los tribunales franquistas ilegítimos, no anulaba las sentencias y, además, dividía a las víctimas en dos clases, antes y después de 1968. Aparentemente, el anteproyecto pretende reparar las insuficiencias de la ley previa, obliga al Estado a la exhumación de las fosas, pretender crear una Fiscalía específica para investigar los crímenes del franquismo y sí aspira a anular las sentencias franquistas, entre otras medidas. ¿Estamos por fin ante una Ley justa que anule el relato de punto y final iniciado en la Transición? Las voces críticas, sobre la ambiguedad de las medidas, no se han hecho esperar.

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Mitos de la Transición

Hoy, ha sido interrogado Rodolfo Martín Villa acerca de su papel como Ministro, equivalente a lo que hoy se conoce como Interior entre otras responsabilidades, durante la llamada Transición a la democracia. Por iniciativa de una juez argentina, la única que ha investigado los crímenes del franquismo, se le responsabiliza de varios homicidios y se le acusa de delitos de lesa humanidad. Conviene recordar quién era Martín Villa, que para algunos pasa por una especie de heroico protagonista de la Transición, y solo hace falta ver el apoyo recibido por parte de todos los inefables expresidentes vivos de la denominada democracia: Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. No solo estos personajes, también, algo que ha sorprendido a algunos, no tanto al que suscribe, los antiguos líderes sindicales Nicolás Redondo, Antonio Gutiérrez, José María Fidalgo y Candido Méndez. Todos ellos han alabado el papel de Martín Villa en el supuesto paso a la democracia de la nación española, le han rendido admiración, le han eximido de cualquier delito e, incluso, le han elevado a los altares, al igual que a la misma Transición, como una etapa de reconciliación entre españoles, que ha supuesto cuatro décadas de paz y libertad. Si hace unas semanas, el manifiesto de apoyo era hacia el corrupto Juan Carlos I, los defensores de ese mito democrático que se tambalea se esfuerzan en sostenerlo de un modo patético y yo diría que desesperado.

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Instituciones obsoletas

Ante la previsible caída (y constatada huída, en un ejercicio propio de la ‘ficción’ creada por mis admirados Azcona y  Berlanga) del monarca emérito, ese prohombre que ‘trajo’ la democracia a este inefable paìs, resulta repulsiva, a la par que inquietante, la defensa que algunos todavía hacen de su figura sin el menor asomo de vergüenza. «Es posible que cobrara comisiones, pero trajo mucho dinero a este país”, he escuchado hoy mismo por casualidad en cierto medio televisivo (que rima también con repulsivo). Claro que si el mismo tipo que está al frente Gobierno, ese que preside un partido que todavía se autodenomina socialista, apuntala a la monarquía afirmando que “se juzga a las personas y no a las instituciones”, pues qué podemos esperar. Solo sus socios gubernamentales, los que creo que todavía se llaman Unidas Podemos, mantienen una postura aparentemente crítica con el sistema, veremos por cuánto tiempo. Sin embargo, el hecho de que el rey Juan Carlos haya resultado un corrupto en lo económico, y no solo en lo moral como corresponde a todos los de su especie, no debería resultar tan sorprendente para todo el que tenga la conciencia y el cerebro bien oxigenados. Al fin y al cabo, los libertarios somos conscientes de que el Estado, cualquier forma de Estado, supone un saqueo constante. Sigue leyendo «Instituciones obsoletas»

Historias

Uno mantiene, a pesar de las evidencias en contra, la ilusión «libertaria» de que el conocimiento, si no completamente, al menos puede ayudar a un cambio de conciencia en aras de la emancipación social o, al menos, por no ser tan pomposos ni ambiciosos, de una mejora mínimamente razonable de las cosas. Sin embargo, como he apuntado, hay motivos para la desesperanza observando esa panda de borregos sin remedio que a veces somos los humanos. Y no lo digo por el tópico de que en este inefable país apenas se lee, que debe ser cierto para gran parte de la población, sino también por lo que leemos y cómo lo leemos. Por lógica, cuanto más conservadora es una persona, más la cuesta revisar sus creencias, por mucho que lea, y desgraciadamente es un mal que afecta a todas las variantes del espectro ideológico, no solo a la derecha. No obstante, por supuesto, en el facherío puede ser más evidente esta tendencia. Un ejemplo reciente es el libro, del nada sospechoso de progresismo Henry Kamen, La invención de España, subtitulado muy apropiadamente Leyendas e ilusiones que han construido la realidad española. Sigue leyendo «Historias»

De relatos y transacciones

Hoy, me he enterado de que el inicuo Hermann Tertsch ha sufrido otra condena por vulnerar el honor de otro miembro de la familia de Pablo Iglesias. Sabía que ya lo hizo cuando acusó de asesino al padre del actual vicepresidente, pero desconocía que también vomitó bilis sobre el abuelo. El actual eurodiputado por un partido de ultraderecha afirmó que Manuel Iglesias Ramírez participó en «sacas» durante la cruenta Guerra Civil Española, iniciada por un alzamiento de Franco y sus secuaces, e Sigue leyendo «De relatos y transacciones»

Agresiones

No hace falta un gran intelecto, ni una conciencia demasiado trabajada, para darse cuenta de la indescriptible sociedad mediática, manipuladora hasta el hastío, que vivimos y sufrimos a diario. Si a ello le unes esa tendencia irreflexiva y papanatas de gran parte del personal, bien aderezada por esa maquinaria de la inmediatez más descerebrada que son las redes sociales, la cosa llega hasta extremos grotescos. Sigue leyendo «Agresiones»

Derribos

En diversos lugares de Estados Unidos, como consecuencia de las protestas por el asesinato de George Floyd a manos de un policía, hay quien se ha lanzado al derribo de ciertas estatuas que se identifican con la ignominia histórica. Es ya un (irritante) lugar común la condena de esos actos y la consabida repetición de que no se puede juzgar la historia con la visión moral de la actualidad. Se olvida, o sencillamente se quiere ocultar, con estas argumentaciones, para mí muy conservadoras, que con esos actos, tan vandálicos como simbólicos, se quiere ver una conexión, precisamente, entre los hechos del pasado y los problemas del presente. ¿Son el racismo o la esclavitud repulsivas prácticas de la humanidad del pasado? No solo la respuesta es negativa, ya que perviven de una u otra manera en las instituciones actuales, bien alimentadas por algo en donde hay cabida para todos los colores de piel, que es la discriminación social, sino que se mantienen esos símbolos de ese pasado, que tanto irritan a muchas personas. Hay un obvio hilo conductor en la historia y no se puede obviar para analizar el malestar social rasgándose las vestiduras de forma teatral ante hechos violentos. Sigue leyendo «Derribos»

Parlamentos

Me siguen produciendo asombro, al menos a estas alturas de la película, los que consideran la democracia parlamentaria una forma superior de hacer política. Mucha gente, cargada de los prejuicios más elementales, piensa que al hacer esta afirmación uno debe estar a la fuerza a favor de alguna suerte de régimen dictatorial. Craso error, señores míos. No obstante, dejaremos para mejor ocasión, no solo la explicación de que existen otras formas de democracia directa ajenas a Sigue leyendo «Parlamentos»