Florentino y el poder del palco

En el brillante texto previo de este magnífico blog, dedicado a la manipulación en los medios, ya mencioné de pasada al todopoderoso Florentino Pérez, con un desmedido poder en este inefable país. Ahora, una vez leído en toda su amplitud el libro El poder del palco, de Fonsi Loaiza, merece la pena realizar unas no menos lúcidas reflexiones al respecto. Y esto es, principalmente, porque la historia de este inicuo personaje va paralela a la de esa farsa llamada Transición a la democracia; Pérez aparece jovencito en el tardofranquismo como burócrata, arropado por el franquista Arespacochaga, intenta meterse en política ya muerto el genocida dictador, para terminar comprendiendo, una vez convertido en gran empresario, que donde más poder va a conseguir es como presidente de un inmenso club de fútbol como el Real Madrid. Conviene recordar que para lograr esa posición fue fundamental su extrecha relación con el repulsivo expresidente del gobierno José María Aznar, ya que la Fundación ACS, del propio Florentino, financió la Fundación FAES, ese ignominioso think tank de la insufrible derecha española; de las privatizaciones llevadas a cabo por Aznar o Esperanza Aguirre, Florentino sacó un suculento beneficio, por no hablar de su apoyo a la invasión de Irak, de la que sacó algún que otro contrato de reconstrucción del país. Connivencia criminal entre el poder político y el económico, nada nuevo por otra parte.

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A vueltas sobre la manipulación en los medios

Creo que, a día de hoy, con la gran cantidad de mierda que está saliendo a flote, obviamente para quien quiera verla, hablar de mera manipulacion mediática es una suerte de eufemismo amable. Siendo siempre partidario de buscar información alternativa, nunca he sido partidario de abandonar sin más la lectura de los grandes diarios, aunque solo sea para conocer bien al enemigo; lo que sí es cierto es que hace muchos años que abandoné sin más la visión de la caja tonta, ya que el espectáculo informativo sobrepasa lo que mis pobres visceras pueden tolerar, algo al parecer exacerbado a día de hoy. Como creo ya haber expresado en alguna otra ocasión, en este nada modesto blog generador de exabruptos verborreicos, no me preocupa tanto lo que las personas lean o vean como la total ausencia de espíritu crítico al hacerlo. Al paso que vamos en esta lamentable y desmemoriada sociedad del espectáculo hipermediatizada, caminamos sin remedio a una total falta de reflexión, ausencia de un mínimo de verificación y negación del mínimo cuestionamiento crítico. ¿Me pongo demasiado apocalíptico? Nunca lo suficiente, dado el panorama de miserias mediáticas y estultiticia imperante.

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¿Libertad?

Lo más espeluznante de estas sociedades posmodernas, que sufrimos, para bien o para mal, resulta en la pobre o nula consciencia acerca del concepto de libertad que podemos observar en el común de los mortales. Así, bajo la apariencia de una sociedad libre (liberal, dicen), basada en el consumo más atroz y en el sálvese quien pueda, es difícil comprender que tan pocos seres humanos sean conscientes de lo frágiles y determinados que somos. El libre albedrío, a poco que hagamos el esfuerzo de indagar, aparece como una fantasía reduccionista fruto de una tradición religiosa que deberíamos relegar a los museos de historia. Necio es el que no comprenda que la libertad humana es algo, tan complejo, como apasionante, y que la vida social está sujeta a excesivos condicionantes, máxime en una sociedad que, a pesar de los que aseguren lo contrario, sigue estando jerarquizada y sujeta a demasiados intereses de unos pocos. El que no ponga en cuestión sus actos y creencias, el que elija la vía de alienación del tipo que fuere y adopte la solución fácil del consuelo y la creencia, resulta en alguien más bien papanatas, intelectualmente pobre e indubitablemente determinado.

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Medios de desinformación

Antes de entrar en harina sobre el tema de la entrada de hoy, quisiera hacer una pequeña reflexión sobre el uso político tan generalizado del concepto «izquierda»; ojo, los primeros que lo hacen son líderes tan peculiares como Pablo Iglesias, antiguo vicepresidente del Gobierno, hoy estrella de un espacio radiofónico (léase, podcast, según la jerga tecnológica actual). Bien, no termino de tener claro qué diablos es hoy la izquierda, así sin matiz alguno, pero para el caso que me ocupa voy a fingir que yo mismo pertenezco a ese universo. La cuestión es que, ante la agresión militar del ejecutivo ruso al país de Ucrania, hay quien señala que parece que dicha «izquierda» emplea gran parte de su tiempo en hablar de la OTAN sin condenar enérgicamente al sátrapa ruso; creo que lo que se quiere decir, y no es una acusación nueva en absoluto, es que parece que si Estados Unidos no aparece claramente como culpable de un conflicto los progres no se movilizan lo suficiente para echar mano del maniqueísmo más atroz. Habría que aclarar, y de nuevo concreto en la guerra actual en suelo ucraniano, la feroz campaña de desinformación que están llevando a cabo los medios generalistas, censurando opiniones que contradigan una versión oficial basada en la locura genocida del déspota Putin. Se comprende entonces que tantas personas insistamos en la responsabidad de la OTAN y Occidente en las guerras al aumentar sus bases militares durante años en Europa Central y Oriental; hay que recordar la tensión producida durante años por dicho afán expansionista y, precisamente, en los límites de la Federación Rusa.

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Engendros mediáticos

Hay, al menos, una cosa positiva en el auge de ese partido de auténticos botarates reaccionarios que es Vox. Esto es, al menos para mentes mínimante lúcidas, que se está evidenciando el auténtico circo político y la permanente manipulación mediática en la que estamos inmersos. Pondré uno de los ejemplos más recientes. Hace escasos días, se anuncia la candidatura de un tipo llamado Fernando Paz en las listas de Vox  en la provincia de Albacete (sin chistes, por favor). Vaya por delante que, algo, conozco al tal Paz, habitual contertulio del inefable canal televisivo de Intereconomía. Uno tiene la cuestionable costumbre de, en lugar de alimentarse de lo mismo, escuchar y leer a aquellos que, poco o nada, tienen con sus muy peculiares imaginario, valores y visión del mundo. Bastante antes de que Vox estuviera en boca de casi todos, Fernando Paz junto a otros elementos de este ultrareaccionario canal ya propagaban el «ideario» de la fuerza política. Claro está, ideario por llamarlo de algún modo, ya que se trata del facherío de toda la vida de Dios, algo revestido de constitucionalismo y con sus buenas dosis de victimismo (ya que el propio Partido Popular les retiró las ayudas en su momento, recordemos que Vox no es más que una escisión de la derecha oficial). Vamos con Paz y el momento manipulación mediática, en versión progres versus ultraderecha. Sigue leyendo «Engendros mediáticos»

Carnavales

Hace ya décadas, allá por los años 50 del siglo XX, que el genial Billy Wilder, con su Ace in the hole (creo que en España, no muy conocida, la llamaron El gran carnaval), advirtió sobre la explotación mediática de una tragedia, y estupidez social en general que se formaba en torno a ello: la de una persona atrapada en un pozo. No muchos años después, Debord y los situacionistas crearon una obra clave sobre el capitalismo y la insaciable necedad consumista: La sociedad del espectáculo. Según la tesis de la misma, no hay ya una realidad que vivamos directamente, sino meras representaciones; las imágenes se nos colocan delante para impedir un contacto directo con la realidad. Si hay tantas veces que se ha insistido en que el tener hace ya tiempo sustituyó al ser, ahora hemos dado paso simplemente al parecer. No es casualidad que uno de los estupidos neologismos de moda sea ese del postureo. También este postureo, consciente o inconscientemente, pretende tener componentes solidarios. Sigue leyendo «Carnavales»

Posverdad

Allá donde mires, escuches o leas, aparecen por doquier de manera harto irritante ciertos términos puestos de moda, empleados gratuitamente y, reiteradamente, utilizados como armas arrojadiza contra el rival político. Es el caso de la palabra ‘populismo’, cuyo origen parece estar en el éxito de ciertas fuerzas políticas electoralistas de nuevo cuño, tanto a diestra como a siniestra. Los charlatantes que acusan al rival de ‘populista’ o, por ejemplo, de ‘demagogo’, de manera hipócrita obvian que la democracia representativa se basa, sencillamente, en esos subterfugios (palabra que incluyo muy a menudo para parecer más culto). La ‘demagogia’, señoras y señores es decir, la seducción de las masas, con mentiras obvias más que a menudo, y el ‘populismo’, es decir, el arrogarse la voluntad y los deseos del ‘pueblo’ (otra cabreante estrategia de la clase política ), lo emplea los aspirantes electoralistas al completo a ambos lados del espectro político. Ahora, nos llega, de manera exasperante, el vocablo ‘posverdad’. Perdonen ustedes las preguntas que lanzo a continuación, ¿Somos capaces de otorgar contenido al lenguaje? Consecuentemente, ¿podemos analizar la realidad de manera razonablemente objetiva para no ser manipulados? ¿Nos queda algo de pensamiento crítico o las neuronas humanas se disipan al ritmo de tanto «teléfono inteligente»? Como tememos las respuesta, analicemos el asunto con nuestra ausencia de modestia habitual. Sigue leyendo «Posverdad»