Lenguaje racista

Alguien me llama la atención, por mi anterior columna, sobre el uso del término «denigrante«, que se señala como racista al querer decirse que lo negro es pernicioso. No era mi intención en absoluto, huelga decirlo, y lo cierto es que era algo ajeno totalmente al significado como creo que es obvio; simplemente, uno camina hacia un callejón sin salida a veces en el uso de sinónimos, ya que su léxico es más limitado de lo que le gusta admitir. Por cierto, ahora que caigo, lo mismo «pernicioso» tiene un origen en el mismo sentido (o vaya usted a saber), pero no voy a ir tan lejos de momento. Sea como fuere, lo que está claro es que el lenguaje refleja tantas veces los valores de una determinada cultura y hay quien considera que puede ser un instrumento de agresión y causar dolor al que se siente ofendido, de ahí la extrema precaución que adoptar algunos al respecto. Yo, lo admito, no suelo ir tan lejos. De hecho, no estoy muy seguro que la palabra en cuestión tenga un origen racista, de toda la vida luz y oscuridad han representado el bien y el mal; algo por supuesto totalmente cuestionable, aunque creo yo que por otros motivos que los de discriminar a la gente por algo tan superficial que el pigmento de su piel. A mí, particularmente, le voy la vuelta al asunto y reconozco que me encanta el negro; de hecho, la bandera por la que siento más respeto está tintada de ese color (o, quizá, ausencia de todos esos colores tan cuestionables).

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Posverdad

Allá donde mires, escuches o leas, aparecen por doquier de manera harto irritante ciertos términos puestos de moda, empleados gratuitamente y, reiteradamente, utilizados como armas arrojadiza contra el rival político. Es el caso de la palabra ‘populismo’, cuyo origen parece estar en el éxito de ciertas fuerzas políticas electoralistas de nuevo cuño, tanto a diestra como a siniestra. Los charlatantes que acusan al rival de ‘populista’ o, por ejemplo, de ‘demagogo’, de manera hipócrita obvian que la democracia representativa se basa, sencillamente, en esos subterfugios (palabra que incluyo muy a menudo para parecer más culto). La ‘demagogia’, señoras y señores es decir, la seducción de las masas, con mentiras obvias más que a menudo, y el ‘populismo’, es decir, el arrogarse la voluntad y los deseos del ‘pueblo’ (otra cabreante estrategia de la clase política ), lo emplea los aspirantes electoralistas al completo a ambos lados del espectro político. Ahora, nos llega, de manera exasperante, el vocablo ‘posverdad’. Perdonen ustedes las preguntas que lanzo a continuación, ¿Somos capaces de otorgar contenido al lenguaje? Consecuentemente, ¿podemos analizar la realidad de manera razonablemente objetiva para no ser manipulados? ¿Nos queda algo de pensamiento crítico o las neuronas humanas se disipan al ritmo de tanto «teléfono inteligente»? Como tememos las respuesta, analicemos el asunto con nuestra ausencia de modestia habitual. Sigue leyendo «Posverdad»