Los ilusionantes gobiernos de izquierda en Latinoamérica

La izquierda (parlamentaria, se entiende) está exultante, con la victoria de Gustavo Petro en Colombia, un país donde se está repitiendo que ha gobernado la derecha toda la vida de Dios. Incluso, el triunfo de Petro ha servido de severo paliátivo al disgusto de las también recientes elecciones andaluzas, donde el Partido Popular ha barrido a la izquierda con el único pírrico consuelo para la progresía de no entrar en el gobierno los abiertamente ultraderechistas de Vox. Pero, centrémonos en el panorama latinoamericano, donde el panorama izquierdista es alentador como demuestran los éxitos de Boric en Chile y de un tal Castro en Honduras o los gobiernos consolidados de López Obrador en México o de Alberto Fernández en Argentina, entre otros. Entre esos otros, por cierto, hay que señalar a Maduro en Venezuela o Daniel Órtega en Nicaragua, de tendencia algo más autoritaria de lo habitual. De entrada, habría que definir con detalle qué diablos queremos decir en esta ocasión y en estos tiemops con «gobiernos de izquierda», y como se traduce en sus políticas de supuesto cambio social, pero bueno. Vamos a congratularnos de que en tantos países hermanos no haya administraciones abiertamente reaccionarias e incluso pueda acabar desbancándose a engendros como Bolsonaro en Brasil.

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Nicaragua

Hace unos días, en Nicaragua, algo denominado Movimiento de Comunicadores Patrióticos, al parecer formado por periodistas que trabajan para el Estado nicaragüense, condenaron lo que denominan «terrorismo mediático del que hacen alarde las trasnacionales de la información». Señalaban también a los que denominan agentes dentro del propio país que vienen a trabajar en pro de los intereses del imperio estadounidense. Uno se echa a temblar cada vez que escucha la palabra «patria» y derivados, a uno u otro lado del espectro político y en cualquier régimen estatal de cualquier parte del mundo, normalmente para reprimir al hereje. Efectivamente, este grupo de plumillas patrióticos alabó igualmente la represión estatal contra todos aquellos agentes del imperio que habrían incurrido en delitos fomentando «el odio, el terror y el caos». No se trata de una acusación en abstracto, ya que es una realidad que el régimen presidido por Daniel Ortega lleva años efectuando acusaciones de todo tipo a personalidades y medios críticos estando varios periodistas encarcelados.

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Venezuela

El mundo político en el que vivimos, perdonen la expresión, es una puta mierda. Y ya saben, lamentablemente, «todo es política». Como en tantos otros conflictos de lucha por el poder, tal vez en este caso de manera más evidente, la situación en Venezuela es repugnante. Por unos y por otros, poderosos anclados en el poder o poderosos aspirantes a estarlo. Sobre la llamada revolución bolivariana, también denominada régimen chavista según otras fuentes, hace muchos años que soy, por decirlo en palabras fáciles de asimilar, profundamente crítico. Es cierto que, al menos en sus primeros años, el carismático Chávez llevó a cabo ciertos logros sociales. Obvio resulta recordar que todo sistema, por muy autoritario que sea, tiene sus cosas buenas y, auque sea para apaciguar a las masas, cierta política social. Lo que no parece ético es, como ha hecho hasta la extenuación cierta izquierda europea, es magnificar los logros de un régimen con un apoyo incondicional y venderlo como la revolución definitiva que nos traerá el paraíso socialista. Sí, suena a caricatura, pero no está muy alejado de la realidad que hemos vivido con la Venezuela chavista durante años. Ahora, hasta Pablo Iglesias ha tenido que desmarcarse del apoyo a los logros chavistas. Sigue leyendo «Venezuela»