¿Salvar al rey?

Me mandan un pequeño extracto de uno de los documentales de moda, «Salvar al rey», en el que se confirma lo que era un secreto a voces: la implicación del emérito Juan Carlos en el intento de golpe de Estado del 23-F en 1981. Se contempla a unos exagentes del CSID afirmando que el antiguo monarca era nada menos que el motor del golpe y, una vez visto el fracaso de la intentona golpista, los servicios de Inteligencia en un ejercicio magistral acreditan como el gran salvador de la democracia al rey puesto por el dictador, ese mismo que juró los principios del movimiento fascista. Al parecer, HBO ha decidio estrenar este trabajo audiovisual en un momento donde, de manera vergonzante, España está todavía rindiendo tributo a la recién fenecida Isabel II de Inglaterra. No he visto el documental, de dos horas y media de duración, pero los que sí lo han hecho aseguran que no aporta mucho a lo ya sabido, mientras que cierto tono sensacionalista no ayuda demasiado al rigor informativo. A estas alturas de la película, a poco que uno no sea un papanatas lamentable (y en este inefable país hay unos cuantos), resulta más que conocido que el fulano llamado Juan Carlos I de España es un individuo rastrero de la peor especie, a pesar de ser presentado como el gran héroe de esa farsa llamada «transacción democrática» y haber caído de pie una y otra vez, al menos, hasta hace bien poco.

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Del 23-F y demás relatos fantásticos

Hoy, hace justo cuatro décadas del intento de golpe de Estado en este indescriptible país. Desde temprana edad, nos adoctrinaron para la construcción de un relato, el de la llamada Transición, según el cual el gran héroe de evitar la involución fue el hoy delincuente huido Juan Carlos de Borbón. Ya entrados los 90, cuando los inefables documentales perpetrados por Victoria Prego, adecuadamente extendidos a nivel mediático, uno empezó a entrar en razón. El fallido intento golpista de febrero de 1981 vendría a ser la continuidad en la novela rosa que nos han vendido sobre la llegada de la democracia, que tendría su colofón con la victoria del Psoe en 1982. Un partido supuestamente progresista, que apaciguaría a las masas ante el cúmulo de medidas catastróficamente ‘modernizadoras» que se avecinaban. Desde aquello de Tejero, el 23-F es casi un día litúrgico en este bendito país (y el símil religioso no es gratuito), una consolidación reiterada año tras año de una institución anacrónica como es la monarquía. En los años posteriores a la muerte del genocida dictador, la monarquía no gozaba de una gran popularidad, pero desde el momento en que el campechano (supuestamente) decidió no secundar a los militares golpistas, el destino de este inenarrable país quedó unido a su figura.

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Vergonzantes juancarlistas

Esta semana, el medidor de vergüenza ajena en España ha subido considerablemente con la publicación de un manifiesto por parte de viejas glorias políticas en defensa del llamado rey emérito. El grupito de firmantes, con Alfonso Guerra a la cabeza, lo forma toda suerte, a diestra y siniestra, de exministros, expresidentes regionales, exdiplomáticos y otras gentes de mal vivir. Aseguran que los cuarenta años largos de «democracia» en este indescriptible país es «la etapa histórica más fructifera que ha conocido España», y creo que añaden «en la época contemporánea», tal vez debido a dejar a un lado por reaccionario respeto otros gloriosos tiempos. Como no podía ser de otra manera, dicho manifiesto vergonzante viene a ser una apología de la Transición y del llamado régimen de 1918 con loas a la modernidad del país y a los avances en materia política, económica y social, todo ello sustentado, dicen, en la libertad, la justicia y la solidaridad. Sigue leyendo «Vergonzantes juancarlistas»

Corinna y el rey

Las monarquías, no solo constituyen a poco que uno tenga bien oxigenado el cerebro instituciones casposas y obsoletas, además, en su versión «democrática» son algo digno de análisis desde puntos de vista, al menos, cercanamente libertarios. Es decir, resulta indisociable las condición de monarca, o jefe de Estado, que viene a ser lo mismo, del continuo robo a los súbditos, abiertamente papanatas o no. Claro, se me dirá que en una república no hay súbditos, sino Sigue leyendo «Corinna y el rey»

Reyes

Resulta muy saludable la obra que nos ocupa hoy, no solo para ejercitar eso tan maltratado en este inenarrable país que es la memoria histórica, también para comprender la absoluta falsedad en la que estamos instalados con el discurso oficial de la llamada Transición democrática. Hablo de El rey, un película dirigida por Alberto San Juan y Valentín Álvarez, que antes fue un montaje teatral a cargo del madrileño Teatro del Barrio. Un monarca, ya anciano y recién destronado, es asediado por fantasmas del pasado, que le recuerdan las diversas etapas de su vida hasta acabar en la triste realidad del siglo XXI. Como los artífices de esta obra han querido dejar las cosas diáfanas ese rey se llama Juan Carlos I y los seres que le visitan tienen nombres como Don Juan, Alfonso de Borbón, Francisco Franco, Rodolfo Martín Villa, Adolfo Suárez o Felipe González. Las preguntas sobre lo que hoy somos, a pesar de los que permanentemente pretenden afirmar lo contrario, obligan a mirar hacia atrás: el pestilente hilo conductor que une la dictadura franquista con la Transición y con la Monarquía. Sigue leyendo «Reyes»