Nuevos contratos, viejas políticas

Recientemente, los titulares de los grandes medios de desinformación se han llenado de declaraciones de Yolanda Díaz, la gran esperanza actual de la izquierda parlamentaria, en las que aludía a la necesidad de un nuevo «contrato social». Como creo haber leído algo sobre el asunto en algún viejo manual de filosofía política, me parece recordar que eso del contrato alude a un supuesto pacto originario entre los hombres para ceder su libertad, fundar el Estado y a joderse todos sometiéndose a la autoridad política. Sí, creo que en otras teorías el contrato lo que funda es la sociedad civil, pero seamos serios, cada vez que alguien nos ha venido con esto, lo que se legitima con seguridad es una instancia coercitiva que, en nombre de unos pocos, arrebata el poder decisorio al conjunto de la sociedad. Como uno no recuerda haber hecho ningún pacto, ni contrato alguno, para ceder su potestad individual, ni pretendemos ahora realizar otro en similares condiciones, seguiremos empecinados en apostar por un acuerdo, precisamente, para desmantelar el Estado y ceder el poder a la sociedad civil. ¡Toma ya! Uno, que posee un encomiable espíritu ácrata, con algún que otro tic nihilista, considera que toda esta jerga retórica no es sino una artimaña para, una vez más, monopolizar la violencia en manos de unos pocos, de uno u otro pelaje, legitimar el privilegio y que las cosas continúen más o menos como estaban.

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Los ilusionantes gobiernos de izquierda en Latinoamérica

La izquierda (parlamentaria, se entiende) está exultante, con la victoria de Gustavo Petro en Colombia, un país donde se está repitiendo que ha gobernado la derecha toda la vida de Dios. Incluso, el triunfo de Petro ha servido de severo paliátivo al disgusto de las también recientes elecciones andaluzas, donde el Partido Popular ha barrido a la izquierda con el único pírrico consuelo para la progresía de no entrar en el gobierno los abiertamente ultraderechistas de Vox. Pero, centrémonos en el panorama latinoamericano, donde el panorama izquierdista es alentador como demuestran los éxitos de Boric en Chile y de un tal Castro en Honduras o los gobiernos consolidados de López Obrador en México o de Alberto Fernández en Argentina, entre otros. Entre esos otros, por cierto, hay que señalar a Maduro en Venezuela o Daniel Órtega en Nicaragua, de tendencia algo más autoritaria de lo habitual. De entrada, habría que definir con detalle qué diablos queremos decir en esta ocasión y en estos tiemops con «gobiernos de izquierda», y como se traduce en sus políticas de supuesto cambio social, pero bueno. Vamos a congratularnos de que en tantos países hermanos no haya administraciones abiertamente reaccionarias e incluso pueda acabar desbancándose a engendros como Bolsonaro en Brasil.

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Batacazo electoral

Anda la izquierda parlamentaria llorando por las esquinas tras el batacazo de las recientes elecciones en Madrid en las que la inefable Díaz Ayuso, literalmente, arrasó en las urnas. Vaya por delante que al que suscribe también le sorprende notablemente, primero, que la gente vaya a votar masivamente para elegir a los que mandan, y segundo, que lo hagan a una derecha tan repulsiva como la de este indescriptible país. Esto último, seguramente, parte de algún prejuicio y es posible que de una visión algo maniquea de la realidad política. De acuerdo, puedo admitirlo. No obstante, a la que le falta sobremanera el menor atisbo de intención autocrítca es a esa izquierda parlamentaria que se encuentra despotricando lamentándose de que los ciudadanos no tengan una conciencia despojada de distorsiones para elegir como mandatarios a los que van a acabar con las injusticias. Sí, es ironía. Así, los medios se han llenado de declaraciones en las que se alude, de manera directa o indirecta, a lo tontos que son los obreros de reducidos salarios que votan a la derecha, a lo muy alienado que está el personal, a su conciencia distorsionada y/o a que el concepto de libertad de la gente consiste en tomarse una cervecita en una terraza. Sí, la derecha lleva un porrón de años mandando en la capital del reino, pero hay que recordar que hay en la actualidad una coalición de progreso en el gobierno central y que Podemos, en franco declive a pesar de seguir acariciando el poder, iba a suponer la renovación de la política y el fin del bipartidismo. Mucha retórica para que todo siga igual.

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Pucherazos históricos

Ayer, en un momento tonto, me dio por hacer algo que afortunadamente apenas frecuento, que es echar un vistazo a lo que echan por las ondas televisivas. El caso es que hay un canal indescriptible denominado ElToro.TV, que creo que son los mismos de la Intereconomía de antes, y aparece un rostro de cierta familiariedad, que no era el otro que el del inefable Vidal-Quadras. Ex-pepero y fundador de Vox, lo cual creo que lo dice todo. El fulano no paraba de soltar inquina hacia la izquierda parlamentaria, especialmente hacia el PSOE, por eso del rollo histórico, y llegó a afirmar, creo que pretendiendo hacer un paralelismo con la actualidad, que en el 36 hubo un pucherazo y por eso ganó las elecciones el Frente Popular. Lo más gracioso del asunto es que este tipo, que pasaba hace unos años por ser una derecha civilizada, aseguraba ante la mirada de aprobación del peligroso tarugo Ortega-Smith, que «esta gente es capaz de cualquier cosa hoy, como ya hicieron en el pasado». Lo dice la misma persona que ya ha justificado en el pasado el golpe criminal de Franco, y sus secuaces, por considerar que la izquierda estaba radicalizada y la propiedad privada de los privilegiados corría serio peligro.

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Murales feministas

Es increíble la cantidad de idiotas que reaccionan ante el avance que están llevando a cabo las mujeres. Esto es así que se acuñó el irritante término feminazis, y tiene bemoles que el facherío, o los que les hacen el juego, acuse a los demás de algo así para designar a un supuesto modelo de feminista «radical». Este tipo de mujer, que solo está en la cabeza de estos botarates reaccionarios, viene a considerar que todos los hombres son violadores en potencia. No es algo nuevo, desde hace muchos años se viene identificando cierto activismo con alguna suerte de extremismo fanático, que suelen usar como sinónimo de ese radicalismo que quieren estigmatizar. Una vez más, reivindicamos la condición de radical, ya que hay injusticias que sencillamente hay que extirpar de raíz. El caso del mural de Ciudad Lineal, finalmente vandalizado por unos malnacidos en la significativa fecha del 8 de marzo, resulta paradigmático. Los rostros de 15 mujeres venían a representar las luchas históricas por la igualdad, tal y como lo expresaban los creadores del mural; el concepto de «igualdad» tiene muchas connotaciones y lecturas, pero cualquiera que tenga bien oxigenado el cerebro comprende a qué nos referimos en este caso.

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Perroflautas

Como el lenguaje es importante, continúo con el análisis de ciertos términos provenientes en su mayoría de círculos casposos y reaccionarios. Es el caso de ‘perroflauta’, palabra popularizada en los últimos años, estoy casi seguro que a partir del 15M, y que no sé si hasta nuestra docta Rae la ha admitido a estas alturas o, tal vez, está a punto de hacerlo. Mi relación con el vocablo de marras es curiosa, ya que la primera vez que la escuché fue en boca, o mejor dicho en escritura, de nada menos que un picoleto. Como lo oís. En un contexto estrictamente personal, con aquel con el que había tenido una relación más estrecha años antes, se refirió de esa manera peyorativa en un correo a los que poblaban las manifestaciones desencadenadas por el 15M. Mi estupor y perplejidad fueron considerables y no sería hasta tiempo después cuando comprendí el verdadero alcance, nada gratuito, de la expresión. Acabé entendiendo, antes de que las circunstancias lo confirmaran de forma inevitable, que el despectivo apelativo tenía, sin duda, un origen policial bien aderezado con intenciones repulsivamente clasistas. Pero, atendamos a la evoluición y diversas acepciones del vocablo que nos ocupa. Sigue leyendo «Perroflautas»

Sectarismo

Uno tiene la peculiar costumbre de leer y escuchar toda suerte de medios y foros de todo pelaje, lo cual me lleva a menuda a la perplejidad y, no pocas veces, al enervamiento. Así, en el mundo más escorado hacia la derecha es habitual que se aluda, con un tono que une de forma extraña lo pomposo con lo lastimero, al «sectarismo de izquierda«. Siendo consciente de que no merecería la pena gastar ni un ápice de tiempo o espacio en analizar el asunto, algo me lleva a escribir estas líneas. Primero, qué diablos quiere decirse con la palabra de marras. Cuando uno, pobre ingenuo, acude a la Rae descubre que el término no solo proviene de «secta», como cabría esperar, sino que adquiere un significado propio: Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología. Ahora lo entiendo, obtuso de mí, se quiere decir que la izquierda es a menudo fanática e intransigente. ¡Hum, resulta cuanto menos peculiar que se asegure eso en este país llamado España! Es decir, que en países donde se hayan dado dictaduras comunistas, si aceptamos que eso es ser de izquierdas, se afirme que la «izquierda» es sectaria, bueno, supongo que podríamos entenderlo. Sigue leyendo «Sectarismo»

Dictadura ‘progre’

Dice que no es bueno generalizar, pero tal vez me quedo corto si afirmo que vivimos en una sociedad repugnantemente entreguista, consumista hasta el vómito, sin atisbo de memoria histórica y con la profundidad intelectual de una ameba. Soy así de diáfano y despiadado en mis ex​presiones porque solo eso puede ex​plicar el caldo del cultivo para el auge, no solo de un partido político ultrareaccionario, también de ciertos discursos repulsivos e insultantemente distorsionadores. Uno de ellos es, una baza que Vox​ juega Sigue leyendo «Dictadura ‘progre’»

Tentaciones electorales

Ahora que apenas nadie me lee, he de confesar que, si bien en la actualidad soy un dogmático abstencionista como una catedral, hubo otros tiempos en que mi ingenuidad herética no conocía límites. Así, acudía eufórico a las urnas, cada tanto, a introducir un papelito en una urna para entregar mi pobre potestad individual a aquellos que iban a transformar la sociedad. Todavía hoy, mi fe ácrata y nihilista se tambalea en ocasiones, me vienen sudores fríos, tentaciones diversas, y mi mente se ensucia pensando en volver a introducir la papeleta en la ranura. ¡Efectivamente, menuda papeleta la mía! Por supuesto, aunque las tentaciones están a veces originadas en lo más oscuro de mi ser, las más de las veces provienen de elementos externos y voces ajenas más bien estentóreas. No solo el conjunto de la infecciosa sociedad en que vivimos está diseñada para que caigas en la tentación electoral, además hay que sufrir los pertinaces y elevadamente complejos argumentos de nuestros semejantes. Sigue leyendo «Tentaciones electorales»

Ni de izquierdas, ni de derechas

Cuando alguien asegura no ser de izquierdas ni de derechas, ya lo dijo el clásico,  ya sabemos que es de derechas. Hay que recordar que esa denominación de un lado u otro del espectro polìtico tiene su origen en la Asamblea Constituyente después de la Revolución francesa; a la derecha del presidente, se aposentaron los partidarios del Antiguo Régimen y, a su izquierda, los del nuevo. En la actualidad, con una gran cantidad de personas que se consideran «de centro», sea lo que sea lo que significa eso, esas categorías simplistas parecen en franca decadencia. Diré en primer lugar que, efectivamente, calificarse de manera tibia como centrista esconde, según mi nada modesta opinión, una actitud ambigua más bien conservadora. Ya nos advierte la Biblia acerca de esto: «Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». Y me remito a la experiencia personal, ya que uno tiende mucho a la regurgitación política. Es cierto que se ha abusado de manera maniquea y simplista de ambos términos, aunque si echamos un vistazo al lenguaje la cosa es aún peor: lo diestro alude a algo correcto y positivo, mientras que lo siniestro evoca lo perverso y diabólico. Eso sí, si lo correcto es la mediocridad imperante, hace que uno simpatice aún más con la izquierda, qué quieren que les diga. Sigue leyendo «Ni de izquierdas, ni de derechas»