Violencia

Ayer, no vienen al caso las razones, estaba sentado en un bar y no pude evitar fijarme en una emisión de televisión bastante indescriptible. No me hagan ustedes mucho caso, pero creo que era un presunto programa de actualidad, por lo que pude ver, con un permanente afán alarmista y con opinadores vociferantes en el plató, de una cadena llamada Cuatro. No entiendo mucho de la caja tonta, disculpen ustedes, si mis propias opiniones caen en una inevitable subjetividad. El caso es que no pude más que alzar las cejas cuando la pantalla mostraba actos violentos en Barcelona, mientras un letrero advertía de la importancia informativa, en riguroso tiempo real, del primer discurso oficial de la Princesa de Asturias. Creo que dicha conferencia era a propósito de unos premios que llevan su nombre. De nuevo, no me hagan ustedes mucho caso, ya que no entiendo mucho tampoco de eso, y la verdad me es bastante ajena a nivel ético y vital. A lo que voy es que la estampa televisiva era, a mi modo de ver las cosas, una muestra más del esperpento continuo que es este país. Sigue leyendo «Violencia»

Caridad

Viene al caso recordar la icónica secuencia, más producto de la película de Mario Camus que de la novela de Miguel Delibes, en la que aquella marquesa de la sociedad franquista repartía limosna entre los humildes, que a la fuerza debían mostrarse serviles y sumisos. Creo que es una imagen que espeluzna o debería hacerlo al más pintado y que forma parte, o debería hacerlo, ya del imaginario popular. Desgraciadamente, hoy más que nunca, nuestra memora es frágil y nuestra conciencia social, aún más estremecedor, casi inexistente. No puedo evitar acordarme igualmente de otra película, dirigida y escrita, respectivamente, por dos de los grandes cineastas de este inefable país: Luis García Berlanga y Rafael Azcona. Hablo de Plácido, impagable historia en la que una firma comercial patrocina en plena Nochebuena la posibilidad de que una familia adinerada «siente un pobre en su mesa». El film, rodado en pleno desarrollismo franquista, se inspira en una campaña real en la que el régimen pretendía difundir la caridad cristiana entre los más acomodados. Como demuestran Berlanga y Azcona, de forma absolutamente magistral y terriblemente sarcástica, aquello no era más que una manera más de lavar las conciencias burguesas dentro de una sociedad franquista, que tal vez no es muy diferente a lo que hoy vivimos. Sigue leyendo «Caridad»