El inverecundo Felipe González y el neoliberalismo

Recientemente, el inicuo expresidente de este bendito país, Felipe González, hizo las siguientes declaraciones: «El neoliberalismo ha sido una deformación que ha generado mucha desigualdad en la redistribución del ingreso». ¿Se puede ser más caradura? A propósito de esto, conviene recordar lo que es la historia reciente de este indescriptible país, por un lado, así como por otro la del propio liberalismo (no especialmente fácil de trazar). Sobre esta última, resulta especialmente irritante que los «liberales» patrios rechacen el uso del prefijo ‘neo’ ya que, claro, pretenden trazar una historia del liberalismo desde los clásicos, como Locke y Adam Smith, pasando por Hayek y llegando hasta lo que ellos digan. Como se supone que los que sostienen este discurso no son abiertamente idiotas, hay que deducir que hablamos de simples canallas, con poca o ninguna vergüenza, que sencillamente quieren justificar un capitalismo sin barreras, que sume a gran parte de la población en la indigencia. No daremos nombres, de momento, aunque uno de ellos es un prestigioso literato de dudosa ética personal. Sobre la historia del liberalismo, en el polo opuesto, hay quien se ha esforzado en señalar que el origen de esta filosofía se encuentra principalmente, no en el individualismo y en el lucro personal, sino en la búsqueda de la tolerancia, la pluralidad e, incluso, lo que haría torcer el gesto a ciertos liberales, en la virtud y el sentido comunitario.

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Reconversiones

Recomiendo fervorosamente la visión de «El año del descubrimiento», sorprendente documental dirigido por Luis López Carrasco, que nos recuerda los efectos de la reconversión industrial, en este caso, en la región de Cartagena a principios de los 90. La falta de memoria histórica en este indescriptible país es notable y, si hay quien no se acuerda de lo que ocurrió con la victoria fascista hace más de 80 años, como para pedirles que rememoren lo que hicieron los llamados gobiernos socialistas encabezados por ese añorado estadista que fue Felipe González. Precisamente, la tremebunda crisis sanitaria que estamos sufriendo en la actualidad, con la escasez de material para afrontar la pandemia, ha evidenciado la debilidad de la industria en este inenarrable país. Hagamos un poco de memoria. Fue después de la conocida hilarantemente como Transición democrática, tras la vistoria del PSOE en 1982, cuando se empezó a gestar el desmantelamiento del tejido industrial de este bendito país. Si en los años 60, gracias en gran medida a la falta de libertades y al control de los trabajadores y sus salarios, se vivía en la dictadura cierto desarrollo económico e industrial, la cosa iba a empezar a cambiar tras la muerte del dictador en 1975.

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Felipistas

No, no me refiero con el título de esta columna a los seguidores del borbón actual en el trono, al que se presume más que deseoso de hacer un nuevo lavado de rostro a la obsoleta y corrupta institución. Hablo del antiguo presidente del gobierno, en este inefable país, durante nada menos que cuatro legislaturas. Este fulano estaba al frente un partido que se decía de izquierdas, pero como cantaba el gran Javier Krahe, ni socialista, ni obrero, ni (aun) español. Como todavía me sorprende la tendencia a la idolatría del género humano, que a mí me gusta más denominar papanatismo, mucha gente, progre e incluso ilustrada, afirmaba sentir poco menos que fervor por el que sería señalado por muchos como el señor X en la guerra sucia contra ETA. Hace no tanto, todavía se le nombraba como ejemplo de gobernante alternativo a la inicua derecha política. Conteníamos la carcajada, o el sollozo, al escuchar esto último, al mismo tiempo que nos preguntábamos si lo de este indescriptible país es solo falta de memoría o algún deterioro cognitivo aún más grave. Hoy, puede escucharse a parte de esos apasionados seguidores lamentarse de la figura actual de expresidente y de sus declaraciones en perfecta consonancia con la derecha más rancia. No, no es algo achacable a la senectud, ya que el conocido antaño como Isidoro se encuentra, estoy seguro, en perfectas condiciones mentales. Perversas condiciones, por supuesto, pero sin deterioro biológico alguno.

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Falsarios

Uno se pregunta cómo, ante las constantes mentiras de la clase política, la ciudadanía es seducida una y otra vez por la manipulación electoral. Dichos embustes, dirigidos principalmente a sus propios feligreses en función de las simpatías de cada uno, se producen por supuesto a ambos lados del espectro político. Así, cuando cada uno de estos personajes van siendo oficialmente pillados en sus corrupciones y corruptelas, a nivel tanto moral como material, niegan la mayor a pesar de existir numerosas y palpables pruebas documentales. En otro momento, nos ocuparemos de los embustes manipuladores de nuestros políticos actuales, pero me gustaría ocuparme ahora de dos de los «mayores estadistas» de la historia reciente de este inefable país. Empiezo por lo fácil, que es atender a los vómitos cargados de falsedad expresados recientemente por el repulsivo José María Aznar. Este personaje aseguró no conocer a Francisco Correa, uno de los principales delincuentes condenados en una de las mayores tramas criminales de este país, la Gürtel. Nos tenemos que tragar dicha mentira, expresada sin pudor, a pesar de ser uno de los principales testigos de la boda de la hija del nausabundo Aznar, además de la persona que corrió con gran parte de los gastos, y ser el organizador de los mitines del Partido Popular. Sigue leyendo «Falsarios»