Medios de desinformación

Antes de entrar en harina sobre el tema de la entrada de hoy, quisiera hacer una pequeña reflexión sobre el uso político tan generalizado del concepto «izquierda»; ojo, los primeros que lo hacen son líderes tan peculiares como Pablo Iglesias, antiguo vicepresidente del Gobierno, hoy estrella de un espacio radiofónico (léase, podcast, según la jerga tecnológica actual). Bien, no termino de tener claro qué diablos es hoy la izquierda, así sin matiz alguno, pero para el caso que me ocupa voy a fingir que yo mismo pertenezco a ese universo. La cuestión es que, ante la agresión militar del ejecutivo ruso al país de Ucrania, hay quien señala que parece que dicha «izquierda» emplea gran parte de su tiempo en hablar de la OTAN sin condenar enérgicamente al sátrapa ruso; creo que lo que se quiere decir, y no es una acusación nueva en absoluto, es que parece que si Estados Unidos no aparece claramente como culpable de un conflicto los progres no se movilizan lo suficiente para echar mano del maniqueísmo más atroz. Habría que aclarar, y de nuevo concreto en la guerra actual en suelo ucraniano, la feroz campaña de desinformación que están llevando a cabo los medios generalistas, censurando opiniones que contradigan una versión oficial basada en la locura genocida del déspota Putin. Se comprende entonces que tantas personas insistamos en la responsabidad de la OTAN y Occidente en las guerras al aumentar sus bases militares durante años en Europa Central y Oriental; hay que recordar la tensión producida durante años por dicho afán expansionista y, precisamente, en los límites de la Federación Rusa.

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De nacionalismos e imperialismos

En cierta ocasión, un amigo al que le tenía en cierta estima intelectual me soltó que el ser humano tenía una «tendencia dicotómica» (sic). Esto fue una respuesta ante mi sorpresa por su alabanza de la todavía inexplicablemente mitificada figura del Che Guevara, pero también por su defensa de la Revolución cubana, para mí, un fracaso a todos los niveles. Es decir, lo que se me quería aclarar es que había que posicionarse entre unos y otros, siendo los otros el capitalismo y el imperialismo yanki. En otras palabras, al parecer, hay que elegir siempre entre la peste y el cólera, sin que podamos insistir en que lo que queremos es estar razonablemente sanos y, sobre todo, no seguir propagando enfermedad alguna. En fin. Dicho sea esto como lúcida reflexión mía, por la tendencia del ser humano, no sé si tanto a la dicotomía como al papanatismo más lastimoso (bien alimentado por el maniqueísmo y la insistencia en el mito sin atender demasiado a la realidad). Ejemplos los podemos observar, por doquier, en nuestras sociedades «avanzadas» del siglo XXI, y eso cuando hace ya más de dos siglos en los que se pretendió que la razón crítica nos condujera, si no al paraíso terrenal, al menos a algo medianamente decente. Hoy, intereses de los poderes políticos y económicos han empujado de nuevo a jóvenes a matarse unos a otros por llevar una bandera diferente; desconozco si una mayoría de ellos creerá que su causa es la verdadera, dentro de la esa supuesta «tendencia dicotómica», o simplemente se ven condicionados por muchos factores para llevar a cabo hechos que atentan contra la moral más elemental.

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Nicaragua

Hace unos días, en Nicaragua, algo denominado Movimiento de Comunicadores Patrióticos, al parecer formado por periodistas que trabajan para el Estado nicaragüense, condenaron lo que denominan «terrorismo mediático del que hacen alarde las trasnacionales de la información». Señalaban también a los que denominan agentes dentro del propio país que vienen a trabajar en pro de los intereses del imperio estadounidense. Uno se echa a temblar cada vez que escucha la palabra «patria» y derivados, a uno u otro lado del espectro político y en cualquier régimen estatal de cualquier parte del mundo, normalmente para reprimir al hereje. Efectivamente, este grupo de plumillas patrióticos alabó igualmente la represión estatal contra todos aquellos agentes del imperio que habrían incurrido en delitos fomentando «el odio, el terror y el caos». No se trata de una acusación en abstracto, ya que es una realidad que el régimen presidido por Daniel Ortega lleva años efectuando acusaciones de todo tipo a personalidades y medios críticos estando varios periodistas encarcelados.

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Qatar, Messi y el terrorismo islámico

El semanario francés Charlie Hebdo, una vez más, nos ha abierto el camino de la lucidez a través del siempre agradecible humor satírico; con doble mérito, dado el tema, si ellos mismos fueron víctimas de los fanáticos violentos religiosos. A propósito de la llegada al poder en Afganistán de los repulsivos talibanes, la publicación gala nos obsequia con una imagen, acompañada de la leyenda «Talibanes. Es peor de lo que pensaba», en la que puede verse a mujeres afganas con burka y, en la espalda, con el número y nombre del astro futbolístico Lionel Messi. Los profanos en enajenantes cuestiones balompédicas, como es mi caso, requieren tal vez una explicación y, por supuesto, os la voy a dar. El fenómeno argentino ha fichado recientemente por el club galo Paris Saint Germain (en adelante, PSG), cuyo dueño es desde 2011 el multimillonario qatarí Nasser Al-Khelïfi, cuya fortuna creo que adquiere proporciones tan astronómicas como la del propio Messi. Lo que nos expone lúcidamente Charlie Hebdo es un argumento que se sostiene desde hace muchos años y es que Qatar, mediante dinero y armas, financia el terrorismo islámico a veces concretado en forma de regímenes.

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Afganistán y las guerras

En los años 80, década en la que el que suscribe era un tierno adolestente, proliferaron las películas grotescamente anticomunistas. Entre ellas, estaba la trilogía de un excombatiente en la Guerra de Vietnam llamado Rambo, que si bien no empezó mal, de modo aparantemente antimilitarista, la cosa acabó en una esperpento de proporciones cósmicas. Así, agotada ya la venganza sobre el mal rojo en el sudeste asiático, el último film versaba sobre la invasión soviética de Afganistán. Lo habéis adivinado, el borrico de Rambo se aliaba nada menos que con los rebeldes muyahidines afganos, precedentes de lo que luego serían los talibanes, para contrarrestar al ejército comunista. Y esto lo hacía, lo más gracioso, a escasos meses de que cayera la URSS y Rusia se convirtiera en un aliado de los Estados Unidos. Afganistán, después de la retirada soviética, se vio inmersa en una cruenta guerra civil durante años. Se dice que el final de Rambo 3, donde el personaje vuelve a su patria, iba a ser otro; decidía quedarse a combatir con los muyahidines. Lo que no sabemos es qué hubiera sido de este fulano invencible de escasas luces, después del final del comunismo y de verse al lado de grupos islámicos, que a la postre serían los responsables del atentado contra las Torres Gemelas, de Nueva York, en 2001. La realidad, cruel y grotesta, supera a la ficción.

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Estados Unidos

Ante los hechos recientes en la gran potencia democrática, un nuevo asesinato policial con tintes racistas, se evidencia de nuevo la sociedad en la que vivimos. La gente decente, gran parte de la humanidad, se lanza a la calle a protestar por lo que consideran un sistema plagado de abusos policiales y un país, por muy democrático que se quiera presentar, construido en base al genocidio y la discriminación racial. Pueden parecer palabras gruesas, pero estoy seguro de que esto es, con los matices que Sigue leyendo «Estados Unidos»