La memoria de Xosé Tarrío

En el madrileño barrio de Lavapiés, existe una plaza con el nombre de Xosé Tarrío; esta vez, el nombre no lo ha elegido el Ayuntamiento de turno, sino la propia gente en oposición, como no puede ser de otra manera, a los que mandan y deciden el diseño urbano. Para los que lo desconozcan, Tarrío, ya fallecido, fue un activista anticarcelario de ideas libertarias; su origen fue muy humilde y conflictivo, en un barrio deprimido de La Coruña. Los graves problemas familiares y sociales le llevaro a pasar gran parte de su infancia y adolescencia en internados y reformatorios, de los que escapaba con frecuencia. En 1987, debido a un pequeño robo que llevó a cabo por su adicción a la droga, ingresó en prisión para cumplir una pena de dos años, cuatro meses y un día; su condición rebelde llevó a que esa condena se extendiera a nada menos que 71 años de condena, además de pedírsele un centenar más de años y ser catalogado como preso especial FIES. Recuerdo haberme impresionado hace años con la lectura del libro de Tarrío, Huye, hombre, huye, donde describe la condición de este régimen como una cárcel aún más terrible dentro de la cárcel; no pocos colectivos y personalidades han denunciado esta situación, como un castigo y tortura añadidos a los presos, y ha pedido su eliminación.

Sigue leyendo «La memoria de Xosé Tarrío»

Antimilitarismo

«Sin ejércitos, no habría guerras», aseveración que puede parecer pueril en principio, pero que en realidad se trata de una perogrullada como un castillo. Es decir, hablamos de una organización armada, ferozmente jerarquizada, que sirve a los intereses de un nación, que es lo mismo que decir de un Estado, que viene a ser el poder político, que a su vez lo forma principalmente una oligarquía sujeta a determinados intereses, que no suelen coincidir en lo más mínimo con la sociedad de la que forman parte. Es decir, incluso a estas alturas, puede haber tarambanas que se crean esa mistificación inicua llamada «patriotismo», pero la realidad que no quieren ver ante sus ojos es que, si los conducen a la guerra, obedecen a los intereses de una clase dirigente. Así de sencillo. Alguien puede identificar un ejército, meramente, con la defensa armada de un pueblo o de una comunidad, pero seamos serios y usemos la semántica de forma mínimamente decente.

Sigue leyendo «Antimilitarismo»

Sobre la violencia y lo libertario

Una amiga me advierte hoy sobre un artículo en el muy progresista diario El País con el peculiar titulo «La tentación libertaria en la sociedad digital». Por un momento, pienso que se trata de una nueva apropiación, por parte de esos ultraliberales, parte de la derecha más insolidaria, del término «libertario». No haría falta aclarar, para cualquiera con un poco de conocimiento, que en este bendito país «libertario» es y debe ser sinónimo de «anarquista». El caso es que los tiros no iban por donde yo pensaba. El texto de marras viene firmado por un tipo que fue ministro en algún gobierno de Felipe González con algún pomposo título en derecho administrativo (o algo así). Son varios los reproches que le haría, en fondo y forma, pero lo más cabreante es el uso abiertamente despectivo que se hace de un concepto, que quiere verse como una intolerable libertad absoluta. Debería darle vergüenza al firmante, en un país en el que el movimiento libertario fue una vez mayoría y pudo cambiar las cosas para siempre. Sobre otros aspectos del texto, vayamos por partes. El artículo viene a ser una justificación de por qué el rapero Pablo Hasél ha sido condenado y ha terminado por ingresar en prisión. No es casualidad que comience recordando las numerosas manifestaciones, «con frecuencia, violentas», que ha desencadenado la sentencia, tal vez con un deseo de vincular anarquismo con violencia. Todo un clásico.

Sigue leyendo «Sobre la violencia y lo libertario»

Capitalismo

Leyendo a unos y otros, no cabe más que preguntarse qué opinar sobre ese sistema que tanto detestamos, pero que tanto nos envuelve, que denominamos capitalismo. Los liberales, los más puros me refiero, tan utópicos ellos, a pesar de su ya larga existencia, aseguran que lo que necesitamos es más libre mercado, eso sí, algunos usan un subterfugio atractivo: frente al Estado, dejar a la sociedad civil que gestione económicamente y que haga sus propios acuerdos. Insisto, esto lo dicen los defensores del capitalismo y de un Estado mínimo, no tanto acabar con el Estado, que eso es ya abiertamente una entelequia, que según ellos asegure la igualdad jurídica de todos los agentes. Para empezar, convendría concretar un poco más qué es eso del capitalismo, concepto que sí es cierto que usamos demasiado a menudo como algo abstracto, como un «mal abstracto y absoluto», casi me atrevo a decir. De un modo todavía demasiado genérico, podemos identificar capitalismo con la privatización de los medios de producción privados; yendo un poco más allá, este sistema económico va impepinablemente unido a la búsqueda de beneficios, dejando la ética a un lado las más de las veces, por lo que entramos ahí en una dinámica infernal. Para la relación del capital con otros factores, como es el trabajo o las materias primas, tendríamos que acudir ya a lecturas más sesudas y, a menudo, abstrusas.

Sigue leyendo «Capitalismo»

Patriotas molestos

Hace unos días, y esto es una anécdota rigurosamente cierta, me encontraba tomando algo en una terraza con mi padre y fue inevitable que un locuaz peluquero, conocido de mi progenitor, se acercara para darnos la chapa. Si menciono la profesión del susodicho, no es porque sea determinante en la historia, sino porque su lugar de trabajo se encuentra a escasos metros de la terraza en cuestión. El caso es que yo ya conocía, de alguna otra ocasión, que el tipo era más que políticamente reaccionario y todos sabemos lo que eso significa en este país sin que haga falta entrar en más detalles. Como era prácticamente imposible desembarazarse de aquel retrógrado, orondo y parlanchín rapabarbas, me preguntaba cuánto tardaría en salir alguna temática en la conversación que nos obligara a vernos las caras. Efectivamente, no recuerdo a cuento de qué, ya que el verbo del amigo era tan fluido y abundante como desprovisto de talento retórico, dijo algo así como que él «era un patriota». Aquello disparó todas las alarmas, pero lo que ya me hizo intervenir sin reservas fue cuando aseguró que le daba mucho asco la gente que no respetaba la bandera. Sigue leyendo «Patriotas molestos»

Instituciones obsoletas

Ante la previsible caída (y constatada huída, en un ejercicio propio de la ‘ficción’ creada por mis admirados Azcona y  Berlanga) del monarca emérito, ese prohombre que ‘trajo’ la democracia a este inefable paìs, resulta repulsiva, a la par que inquietante, la defensa que algunos todavía hacen de su figura sin el menor asomo de vergüenza. «Es posible que cobrara comisiones, pero trajo mucho dinero a este país”, he escuchado hoy mismo por casualidad en cierto medio televisivo (que rima también con repulsivo). Claro que si el mismo tipo que está al frente Gobierno, ese que preside un partido que todavía se autodenomina socialista, apuntala a la monarquía afirmando que “se juzga a las personas y no a las instituciones”, pues qué podemos esperar. Solo sus socios gubernamentales, los que creo que todavía se llaman Unidas Podemos, mantienen una postura aparentemente crítica con el sistema, veremos por cuánto tiempo. Sin embargo, el hecho de que el rey Juan Carlos haya resultado un corrupto en lo económico, y no solo en lo moral como corresponde a todos los de su especie, no debería resultar tan sorprendente para todo el que tenga la conciencia y el cerebro bien oxigenados. Al fin y al cabo, los libertarios somos conscientes de que el Estado, cualquier forma de Estado, supone un saqueo constante. Sigue leyendo «Instituciones obsoletas»

Colapso o no

Hay quien, bastante antes del inicio de esta crisis sanitaria en la que nos vemos inmersos, ya anunciaba que el capitalismo se encaminaba, más tarde o más temprano, pero de forma impepinable, hacia el colapso. La base de esta argumento estriba, principalmente, en el agotamiento de las materias primas energéticas, así como en los desastres concomitantes al cambio climático, pero también por otros factores aparentemente con menor entidad. Entre estos, precisamente, ya se anunció la posibilidad de epidemias o pandemias. ¿Nos encontramos, en este momento, en la antesala del colapso económico y, por ende, civilizatorio? Ni idea, tal vez tenemos cierta querencia por el advenimiento del apocalipsis, pero no está de más despertar nuestras adormecidas neuronas y activar algo la conciencia. Con estas semanas de parálisis industrial, se ha reducido la contaminación y el uso de combustibles fósiles, pero resulta obvio que es simplemente producto de una coyuntura si lo que conocemos como civilización continúa por el mismo camino. Sigue leyendo «Colapso o no»

Vetos y autoritarismo

Procuro no tener por costumbre entrar al trapo en cuestiones que inundan los medios en este país y que, además de servir para mantener entretenido al personal en discusiones estériles, encubren problemas más acuciantes. No obstante, como a veces subyacen temas auténticamente importantes, merece la pena lanzar unas cuantas reflexiones o exabruptos sobre el veto que los partidos de derecha, conservadores o abiertamente reaccionarios, quieren implementar frente a la educación del Estado. El Sigue leyendo «Vetos y autoritarismo»

Abstenerse

No, a pesar del título, no voy a hacer campaña por la abstención ante la cita electoral de mañana día 28 de abril. No voy a hacerlo, especialmente hoy, que creo que es ilegal hacer propaganda política y lo mismo me sancionan de lo lindo. A pesar de los ironías, de diverso tipo, que empleo en este blog, no tengo totalmente claro lo que hacer mañana. Como lo oyen, no sé si salir al campo o quedarme en casa ensimismado en mis quehaceres. Ahora en serio, ya veré lo que hago, pero me gustaría lanzar, una vez más, unas cuantas reflexiones. La primera, es muy simple, es pensar si acudir a las urnas no supone legitimar, una vez más, el poder político gobierne quien gobierne. Ya saben, la dominación sustentada en la voluntad del pueblo, que no deja de ser por ello dominación política y económica. Otra reflexión es la intolerable corrupción que impregna a todos aquellos que han acariciado el poder. Tanto, que parece una cuestión de poder estatal, no de partido, aunque estos suelan imitar al Estado en sus atribuciones; es decir, un problema inherente a la estructura política jerarquizada, perdonen ustedes la seriedad reflexiva. Pienso también en que este sistema democrático, sustentado en un Estado de derecho y en una separación de poderes, visto lo visto durante tantos años, si no es más que una farsa retórica sin demasiada coherencia en la práctica. También reflexiono sobre si el poder verdadero, presumiento que algunos de los partidos que se presentan sean más o menos sinceros, no lo tienen unas élites financieras internacionales que poco o nada respetan la soberanía de las naciones. Sigue leyendo «Abstenerse»