Batacazo electoral

Anda la izquierda parlamentaria llorando por las esquinas tras el batacazo de las recientes elecciones en Madrid en las que la inefable Díaz Ayuso, literalmente, arrasó en las urnas. Vaya por delante que al que suscribe también le sorprende notablemente, primero, que la gente vaya a votar masivamente para elegir a los que mandan, y segundo, que lo hagan a una derecha tan repulsiva como la de este indescriptible país. Esto último, seguramente, parte de algún prejuicio y es posible que de una visión algo maniquea de la realidad política. De acuerdo, puedo admitirlo. No obstante, a la que le falta sobremanera el menor atisbo de intención autocrítca es a esa izquierda parlamentaria que se encuentra despotricando lamentándose de que los ciudadanos no tengan una conciencia despojada de distorsiones para elegir como mandatarios a los que van a acabar con las injusticias. Sí, es ironía. Así, los medios se han llenado de declaraciones en las que se alude, de manera directa o indirecta, a lo tontos que son los obreros de reducidos salarios que votan a la derecha, a lo muy alienado que está el personal, a su conciencia distorsionada y/o a que el concepto de libertad de la gente consiste en tomarse una cervecita en una terraza. Sí, la derecha lleva un porrón de años mandando en la capital del reino, pero hay que recordar que hay en la actualidad una coalición de progreso en el gobierno central y que Podemos, en franco declive a pesar de seguir acariciando el poder, iba a suponer la renovación de la política y el fin del bipartidismo. Mucha retórica para que todo siga igual.

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Votar o (mejor) no votar

Ayer, día de una destacada efeméride dentro de esta aborregada sociedad de consumo, se celebraron también elecciones en tierras catalanas. El caso es que echando un vistazo al resultado, y al colorido gráfico resultante, a uno le vienen a la cabeza una serie de reflexiones de lo más dispares e hilarantes. Lo primero es destacar algo en lo que no van a insistir demasiado los medios y es el histórico resultado de la abstención, auténtico vencedor de las elecciones, que ha estado cerca del 50%. Un espíritu ácrata, y decididamente tocahuevos, como el de un servidor no puede menos que congratularse. Lo siguiente sería constatar también lo profundamente veleta que es esa parte de la población que todavía acude estoicamente a las urnas cuando observamos que el partido ganador hacer cuatro años, el inefable Ciudadanos, está ahora a la cola con la irrisoria cifra de seis escaños. Hablamos de uno de una de las fuerzas que, hace no tanto, era la auténtica alternativa al gobierno de España cuando la población estaba hastiada de los partidos tradicionales y… bla, bla, bla. Claro que la otra alternativa de nuevo cuño, escorada a la izquierda, era Podemos y ahí van, pillando cacho en el gobierno central de milagro, pero sobreviviendo lastimosamente en otros ámbitos. Tampoco es para sorprenderse mucho con lo ocurrido con Ciudadanos, ya que lo mismo ocurrió hace años en su mismo espacio político, ese horror llamado «centro» un poquito hacia un lado, u otro o más bien hacia la nada, con aquella cosa llamada UPyD también beneficiada efímeramente por el auge de los nacionalismos periféricos.

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Abstenerse

No, a pesar del título, no voy a hacer campaña por la abstención ante la cita electoral de mañana día 28 de abril. No voy a hacerlo, especialmente hoy, que creo que es ilegal hacer propaganda política y lo mismo me sancionan de lo lindo. A pesar de los ironías, de diverso tipo, que empleo en este blog, no tengo totalmente claro lo que hacer mañana. Como lo oyen, no sé si salir al campo o quedarme en casa ensimismado en mis quehaceres. Ahora en serio, ya veré lo que hago, pero me gustaría lanzar, una vez más, unas cuantas reflexiones. La primera, es muy simple, es pensar si acudir a las urnas no supone legitimar, una vez más, el poder político gobierne quien gobierne. Ya saben, la dominación sustentada en la voluntad del pueblo, que no deja de ser por ello dominación política y económica. Otra reflexión es la intolerable corrupción que impregna a todos aquellos que han acariciado el poder. Tanto, que parece una cuestión de poder estatal, no de partido, aunque estos suelan imitar al Estado en sus atribuciones; es decir, un problema inherente a la estructura política jerarquizada, perdonen ustedes la seriedad reflexiva. Pienso también en que este sistema democrático, sustentado en un Estado de derecho y en una separación de poderes, visto lo visto durante tantos años, si no es más que una farsa retórica sin demasiada coherencia en la práctica. También reflexiono sobre si el poder verdadero, presumiento que algunos de los partidos que se presentan sean más o menos sinceros, no lo tienen unas élites financieras internacionales que poco o nada respetan la soberanía de las naciones. Sigue leyendo «Abstenerse»

Tentaciones electorales

Ahora que apenas nadie me lee, he de confesar que, si bien en la actualidad soy un dogmático abstencionista como una catedral, hubo otros tiempos en que mi ingenuidad herética no conocía límites. Así, acudía eufórico a las urnas, cada tanto, a introducir un papelito en una urna para entregar mi pobre potestad individual a aquellos que iban a transformar la sociedad. Todavía hoy, mi fe ácrata y nihilista se tambalea en ocasiones, me vienen sudores fríos, tentaciones diversas, y mi mente se ensucia pensando en volver a introducir la papeleta en la ranura. ¡Efectivamente, menuda papeleta la mía! Por supuesto, aunque las tentaciones están a veces originadas en lo más oscuro de mi ser, las más de las veces provienen de elementos externos y voces ajenas más bien estentóreas. No solo el conjunto de la infecciosa sociedad en que vivimos está diseñada para que caigas en la tentación electoral, además hay que sufrir los pertinaces y elevadamente complejos argumentos de nuestros semejantes. Sigue leyendo «Tentaciones electorales»

Circo electoral

Era una realidad, obvia para cualquier mente bien oxigenada, que los maquiavélicos planificadores de campañas electorales nos toman por idiotas a los ciudadanos; y me incluyo en el lote, aunque mi dogmática religión atea (doble oxímoron, ¡toma ya!), ácrata y nihilista, me impidia acudir periódicamente a las urnas. No obstante, lo que está ocurriendo en España, ante la cita electoral del próximo 28 de abril, cae en lo grotesto y resulta un insulto para los que pretendemos apartarnos de retrógrados y papanatas. Pongamos varios ejemplos de lo acontencido en los últimos días. Los bodoques de Vox, cuyo discurso ideológico no va más allá de la defensa de iniquidades como la bandera de España, los Toros, la caza o el uso de armas, exhibe a un gurú económico que habla de acabar con la discriminación fiscal de los ricos y que quiere privatizar los restos de los servicios sociales. Va a ser que la nueva fuerza política, que puede que tenga algún otro tic fascista, resulta de lo más previsible y neoliberal en su programa económico. El Partido Popular, consciente de que otros reaccionarios van a arrebatarle nicho de electorado, lanza un irrisorio vídeo en el que ridiculiza al pistolero Abascal evidenciando su ignorancia sobre casi todo lo importante. Que sea cierto que el ridículo Abascal responde con un «¡Viva España!» cuando se ve acorralado dialécticametnte, algo que ocurre las más de las veces, no justifica una campaña de los populares de vergüenza ajena. Lo que sí ha propuesto el lider de la fuerza reaccionaria es algo tan moralmente demandado como el uso de armas para defenderse de los criminales. Bien, estoy de acuerdo en actuar contra los delincuentes, pero es posible que haya que empezar por apuntar a la clase política. Sigue leyendo «Circo electoral»

Creencias

Hay quien me acusa, no sin cierta razón, de utilizar un tono visceral en los escritos plasmados en este blog. Qué le vamos a hacer, coherentemente, la actualidad política le revuelve a uno las tripas, se produce cierta actividad de regurgitación y las consecuencias son obvias. También se me espeta, con cierto tono admonitorio, que soy excesivamente destructivo, que yo creo que viene a significar que me excedo con la crítica (lo cual, dicho sea de paso, para mí es todo un elogio). Cierto es que el que suscribe se pasa en su enjuiciamento de la realidad y, muy probablemente, uno quiera compensar, reconozco que con una dosis de soberbia y ambición nada desdeñables, la más que lamentable ausencia de pensamiento crítico de gran parte del personal. Y es que la especie humana, junto a la consecución de algunas cosas memorables, todo hay que decirlo, tiene una irritante tendencia hacia el borreguismo y, consecuentemente, a la creencia en cualquier majadería. Sobre la actitud borreguil, poco hay que opinar, desgraciadamente está demostrado que si la mayoría del rebaño realiza cierta actividad, por poco sentido que tenga, un gran porcentaje va a realizar lo mismo (por no sé qué narices de miedo al rechazo social, creo que dice la disciplina esa de la psicología social). No desesperemos, tal vez a los miembros de algún grupo les dé por respetar su propia individualidad, pensar por sí mismos, y el resto del rebaño, aunque sea por mímesis, le dé por hacerlo también. Sigue leyendo «Creencias»

Creyentes

Yo de (muy) joven fui un fervoroso creyente político. No en el sentido estrictamente religioso, pero viene a ser una cosa muy parecida para el asunto que nos ocupa. En mi caso concreto, muy escorado a la izquierda en mis años mozos, la creencia consistía en confiar en el sistema electoral para cambiar las cosas (a mejor, se entiende). Tengo que decir, dejando a un lado todo asomo de modestia, que ello no me hizo caer en ninguna suerte de papanatismo ni abrazar dogma alguno (cosas muy equiparables). A pesar de eso, como a todo creyente de cualquier pelaje y nivel, me otorgaba una dosis nada desdeñable de tranquilidad existencial, que ahora ni tengo ni busco. La cuestión es que, con los años, mi ateísmo político se ha ido incrementando sin que, y aquí es donde empiezo a hablar un idioma desconocido para gran parte del personal, me haya convertido en una especie de pasota ni en un sinvergüenza (al menos, no para una determinada visión de las cosas alejada de la reacción). En lugar de este último y despectivo apelativo, iba a emplear el de «cínico» en su acepción más vulgar, pero tengamos un respeto por esta escuela de filósofos, nada carentes de vergüenza en el peor sentido, y sí excéntricos y escépticos sobre las convenciones sociales. Sigue leyendo «Creyentes»