Rojos y fachas

Desde que era (casi) un tierno infante, cargué estoicamente con la etiqueta de «rojo» por parte de mi entorno más reaccionario. No es que me disgustase semejante apelativo político, ya que si te denominan así en este inefable país, seguro que es un buen comienzo. Por otra parte, si tenemos que hacer una división entre rojos y fachas, que a nadie le quepa duda alguna de en qué lado de la trinchera se encuentra uno. No, no es una actitud en absoluto beligerante, ni guerracivilista, ni esas sandeces que suelen soltar los poco dotados de recorrido intectual; y, si lo es, solo en un sentido estrictamente moral. De hecho, los que se vuelven locos por la estética belicista, con poco o ningún sentido de la ética, armados hasta las trancas de símbolos, banderas y uniformes, erectores de estatuas infames, ya sabe un lector mínimamente avispado en qué lado se encuentran. Sin embargo, y creo que ya lo he contado en demasiadas ocasiones, uno siempre ha sido más rojinegro que rojo; a ello obligaba un amor incondicionado, y solidario, por la libertad individual. Es posible que ya afrontada la mediana edad, sea más negro que rojinegro, pero eso es cuestión de que uno se esfuerza en seguir el orden inverso habitual: cuando más viejo, más empecinadamente radical. Algunos, no podemos evitar ser inconmensurablemente lúcidos e inhabitualmente irreductibles. Pero, volvamos con toda esa pléyade reaccionaria que no tardaba demasiado en etiquetarle a uno de «rojo».

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Guerras civiles (y sociales)

Recientemente, ha habido varios episodios, en este indescriptible país llamado España, que bien merecen ser comentados, aunque no dejen de ser más de lo mismo. Uno de ellos lo protagonizó el líder de la muy repulsiva diestra hispana, el inefable Pablo Casado, que soltó en el Congreso nada menos que «la Guerra civil fue el enfrentamiento entre quienes quería la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia». Las irritantes y disparatadas ocurrencias de unos conservadores que poco o nada tienen de auténticos liberales. Por supuesto, la obvia estrategia de Casado pasa por, una vez más, apelar a esa supuesta reconciliación entre españoles que supuso la muy fraudulenta Transición a una democracia, que al parecer sirve para que dialoguemos pacíficamente sin que asome la sombra de la España cainita. Por supuesto, mejor aludir a un enfrentamiento abstracto entre dos Españas, que a la lucha de clases pura y dura dentro de un país atrasado, cuyo colofón fue el golpe de Estado de los generales facciosos en nombre de una forma de fascismo, pero también de la tradición más casposa y de la defensa de las clases privilegiadas. La derrota de la dignidad y la victoria fascista tuvo como consecuencia cuatro décadas de dictadura férrea, que pasó por varias etapas, desde el totalitarismo con brazo en alto hasta, sin abandonar en absoluto los tintes autoritarios, una liberalización económica que supuso la falsa prosperidad económica en nombre del capitalismo.

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Batacazo electoral

Anda la izquierda parlamentaria llorando por las esquinas tras el batacazo de las recientes elecciones en Madrid en las que la inefable Díaz Ayuso, literalmente, arrasó en las urnas. Vaya por delante que al que suscribe también le sorprende notablemente, primero, que la gente vaya a votar masivamente para elegir a los que mandan, y segundo, que lo hagan a una derecha tan repulsiva como la de este indescriptible país. Esto último, seguramente, parte de algún prejuicio y es posible que de una visión algo maniquea de la realidad política. De acuerdo, puedo admitirlo. No obstante, a la que le falta sobremanera el menor atisbo de intención autocrítca es a esa izquierda parlamentaria que se encuentra despotricando lamentándose de que los ciudadanos no tengan una conciencia despojada de distorsiones para elegir como mandatarios a los que van a acabar con las injusticias. Sí, es ironía. Así, los medios se han llenado de declaraciones en las que se alude, de manera directa o indirecta, a lo tontos que son los obreros de reducidos salarios que votan a la derecha, a lo muy alienado que está el personal, a su conciencia distorsionada y/o a que el concepto de libertad de la gente consiste en tomarse una cervecita en una terraza. Sí, la derecha lleva un porrón de años mandando en la capital del reino, pero hay que recordar que hay en la actualidad una coalición de progreso en el gobierno central y que Podemos, en franco declive a pesar de seguir acariciando el poder, iba a suponer la renovación de la política y el fin del bipartidismo. Mucha retórica para que todo siga igual.

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Pucherazos históricos

Ayer, en un momento tonto, me dio por hacer algo que afortunadamente apenas frecuento, que es echar un vistazo a lo que echan por las ondas televisivas. El caso es que hay un canal indescriptible denominado ElToro.TV, que creo que son los mismos de la Intereconomía de antes, y aparece un rostro de cierta familiariedad, que no era el otro que el del inefable Vidal-Quadras. Ex-pepero y fundador de Vox, lo cual creo que lo dice todo. El fulano no paraba de soltar inquina hacia la izquierda parlamentaria, especialmente hacia el PSOE, por eso del rollo histórico, y llegó a afirmar, creo que pretendiendo hacer un paralelismo con la actualidad, que en el 36 hubo un pucherazo y por eso ganó las elecciones el Frente Popular. Lo más gracioso del asunto es que este tipo, que pasaba hace unos años por ser una derecha civilizada, aseguraba ante la mirada de aprobación del peligroso tarugo Ortega-Smith, que «esta gente es capaz de cualquier cosa hoy, como ya hicieron en el pasado». Lo dice la misma persona que ya ha justificado en el pasado el golpe criminal de Franco, y sus secuaces, por considerar que la izquierda estaba radicalizada y la propiedad privada de los privilegiados corría serio peligro.

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Murales feministas

Es increíble la cantidad de idiotas que reaccionan ante el avance que están llevando a cabo las mujeres. Esto es así que se acuñó el irritante término feminazis, y tiene bemoles que el facherío, o los que les hacen el juego, acuse a los demás de algo así para designar a un supuesto modelo de feminista «radical». Este tipo de mujer, que solo está en la cabeza de estos botarates reaccionarios, viene a considerar que todos los hombres son violadores en potencia. No es algo nuevo, desde hace muchos años se viene identificando cierto activismo con alguna suerte de extremismo fanático, que suelen usar como sinónimo de ese radicalismo que quieren estigmatizar. Una vez más, reivindicamos la condición de radical, ya que hay injusticias que sencillamente hay que extirpar de raíz. El caso del mural de Ciudad Lineal, finalmente vandalizado por unos malnacidos en la significativa fecha del 8 de marzo, resulta paradigmático. Los rostros de 15 mujeres venían a representar las luchas históricas por la igualdad, tal y como lo expresaban los creadores del mural; el concepto de «igualdad» tiene muchas connotaciones y lecturas, pero cualquiera que tenga bien oxigenado el cerebro comprende a qué nos referimos en este caso.

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¿Liberales?

Lo del liberalismo, a poco que uno tenga algo de conciencia e inquietudes, es para volverse loco. Al menos, en España. Uno pensaba que dicha corriente histórica venía a ser un avance frente a sistemas abiertamente despóticos, pero claro, eso era antes de que la idea de progreso se tornara más que cuestionable. Ciero es que la historia contemporánea de este insufrible país empuja a que tengamos una derecha, hoy algo bifurcada, carca y casposa. No obstante, los partidos en España considerados a la diestra se definen, agarrénse ustedes los machos, todos como liberales. Es decir, los heredederos de los que siempre se han opuesto a ningún asomo de liberalismo, en una pirueta ideológica de lo más irritante y sonrojante, quieren saltarse la victoria de la reacción y la dictadura franquista para abrazar sin el menor asomo de vergüenza eso que llaman liberalismo. Hay quien dice que sobre las espaldas del anarquismo le han querido cargar un excesivo peso y, salvando las distancias, algo similar ocurre con la corriente que nos ocupa. Por cierto, en otro espacio nos dedicaremos a mostrar el abismo, sobre todo moral, que se abre entre dos sistemas aparentemente similares: el liberal y el anarquista.

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Caceloradas

Como es sabido, desde prácticamente el inicio de la crisis sanitaria, a las 8 de la tarde mucha gente le da por salir a balcones y ventanas para aplaudir fuertemente durante breves minutos. El gesto, especialmente, es un homenaje a los esforzados trabajadores de la sanidad, aunque hay quien lo ha querido ver como un símbolo de fraternal unión vecinal. Sinceramente, y aunque a uno le impiden el rubor y otras factores realizar según que cosas, resulta lógico y comprensible que, uno aunque no lo parezca tiene su corazoncito, con la que está cayendo, las personas se aferren a actos que insuflen algo de ánimo. No creo que haya en ello ninguna connotación más, ni de filiación sistémica, ni de apoyo puntual a clase dirigente alguna, ni de bandera política o ideológica. No todos, pero sí todo tipo de personas baten palmas al caer la tarde. Al menos, esto ha sido durante dos semanas de manera más activa, ya que después de dos meses largos el hartazgo empieza a hacer mella en el personal. Sigue leyendo «Caceloradas»

Perroflautas

Como el lenguaje es importante, continúo con el análisis de ciertos términos provenientes en su mayoría de círculos casposos y reaccionarios. Es el caso de ‘perroflauta’, palabra popularizada en los últimos años, estoy casi seguro que a partir del 15M, y que no sé si hasta nuestra docta Rae la ha admitido a estas alturas o, tal vez, está a punto de hacerlo. Mi relación con el vocablo de marras es curiosa, ya que la primera vez que la escuché fue en boca, o mejor dicho en escritura, de nada menos que un picoleto. Como lo oís. En un contexto estrictamente personal, con aquel con el que había tenido una relación más estrecha años antes, se refirió de esa manera peyorativa en un correo a los que poblaban las manifestaciones desencadenadas por el 15M. Mi estupor y perplejidad fueron considerables y no sería hasta tiempo después cuando comprendí el verdadero alcance, nada gratuito, de la expresión. Acabé entendiendo, antes de que las circunstancias lo confirmaran de forma inevitable, que el despectivo apelativo tenía, sin duda, un origen policial bien aderezado con intenciones repulsivamente clasistas. Pero, atendamos a la evoluición y diversas acepciones del vocablo que nos ocupa. Sigue leyendo «Perroflautas»

Sectarismo

Uno tiene la peculiar costumbre de leer y escuchar toda suerte de medios y foros de todo pelaje, lo cual me lleva a menuda a la perplejidad y, no pocas veces, al enervamiento. Así, en el mundo más escorado hacia la derecha es habitual que se aluda, con un tono que une de forma extraña lo pomposo con lo lastimero, al «sectarismo de izquierda«. Siendo consciente de que no merecería la pena gastar ni un ápice de tiempo o espacio en analizar el asunto, algo me lleva a escribir estas líneas. Primero, qué diablos quiere decirse con la palabra de marras. Cuando uno, pobre ingenuo, acude a la Rae descubre que el término no solo proviene de «secta», como cabría esperar, sino que adquiere un significado propio: Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología. Ahora lo entiendo, obtuso de mí, se quiere decir que la izquierda es a menudo fanática e intransigente. ¡Hum, resulta cuanto menos peculiar que se asegure eso en este país llamado España! Es decir, que en países donde se hayan dado dictaduras comunistas, si aceptamos que eso es ser de izquierdas, se afirme que la «izquierda» es sectaria, bueno, supongo que podríamos entenderlo. Sigue leyendo «Sectarismo»

Dictadura ‘progre’

Dice que no es bueno generalizar, pero tal vez me quedo corto si afirmo que vivimos en una sociedad repugnantemente entreguista, consumista hasta el vómito, sin atisbo de memoria histórica y con la profundidad intelectual de una ameba. Soy así de diáfano y despiadado en mis ex​presiones porque solo eso puede ex​plicar el caldo del cultivo para el auge, no solo de un partido político ultrareaccionario, también de ciertos discursos repulsivos e insultantemente distorsionadores. Uno de ellos es, una baza que Vox​ juega Sigue leyendo «Dictadura ‘progre’»