Tras las huellas del fascismo

Ahora que acaba de ganar las elecciones en Italia una admiradora confesa de Mussolini, y espero que una vez más no le echen la culpa a la abstención, conviene lanzar unas reflexiones sobre las huellas del fascismo en este inefable país. No, no voy a resucitar el estéril debate sobre si Vox es o no abiertamente fascista, me basta con tildarlos de peligrosos bodoques ultrarreaccionarios; claro que no reivindican abiertamente a Franco, cuyo condición fascista ya es muy cuestionable, ya que saben que eso resulta inconveniente y necesitan un discurso adaptado a los nuevos tiempos, pero en esa línea política inicua podemos situarles. Es un lugar común decir que el verdadero fascismo en España lo constituyó la fusión en 1934 de Falange, partido admirador de Mussolini, y las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, que podríamos emparentar más con los nazis alemanes. Como también es (o debería ser sabido), el genocida Franco tuvo la habilidad de aunar en su bando el fascismo con el carlismo junto a otras corrientes tradicionalistas; los fascistas más puros, que se pretendían revolucionarios, tuvieron que tragar en aquel engendro llamado Movimiento Nacional con la Iglesia y con los monárquicos. De ahí que la cruel dictadura franquista fuera definida como un régimen nacional-católico; Franco solo extendió el brazo hasta que el eje fascista fue derrotado y en el franquismo se nutrió algo de los rasgos fascistas más genuinos a través del llamado sindicato vertical.

Sigue leyendo «Tras las huellas del fascismo»

Sobre perdones y rancias tradiciones

A escasos días de la fiesta nacional del 12 de octubre, que tan cachondos pone a los reaccionarios de este insufrible país, el muy repulsivo José María Aznar ha hecho gala de su espíritu patriótico y ha reivindicado el legado del imperio hispánico frente a cualquier discurso crítico con el mismo. Como el ego de este fulano es inversamente proporcional a su escasa estatura moral, ha personalizado la cuestión sin rubor alguno afirmando que él no piensa pedir perdón «por defender la importancia de la nación española». También se despachó a gusto contra el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, precisamente por exigir disculpas a España por haber cometido toda suerte de tropelías en la conquista de las Américas. Vaya por delante que lo de estos estadistas progresistas, como el propio López Obrador, me parece una mera pose, ya que mucho habría que hablar de lo que tendrían que reconocer tantas naciones y poderosos sobre toda suerte de iniquidades a los pueblos, por no hablar de los que siguen sometidos en la actualidad.

Sigue leyendo «Sobre perdones y rancias tradiciones»

Yo tuve

Que nadie me pregunte por qué, pero de un tiempo a esta parte me veo empujado a ver no pocos vídeos de Youtube en forma, fundamentalmente, de debates y conferencias. De forma más concreta, algún día se descubrirá la razón, me interesa todo lo que tenga que ver con las distintas formas de liberalismo, que ya sabemos que en este indescriptible país adopta su forma más repulsiva e insolidaria. Como, por mi naturaleza inquieta y poco acomodaticia (para bien y para mal, ojo), tiendo a escuchar a todo aquel que poco o nada tiene que ver con mi propio imaginario, por lo que acabo dando con toda una pléyade de individuos que me llenan de estupor. Por su interés, y tratando de eludir la mera crítica personal (sé que caeré en ello), me gustaría mencionar a algunos de ellos. Es posible que la cosa empiece por un tal Fernando Díaz Villanueva, periodista o que hace las veces de tal, cuyo trabajo a modo de podcasts parece a veces, aunque poco o nada se comparta con él, interesante. Este tipo, que asegure ser ‘liberal’, puede ser el ejemplo del tremendo reduccionismo al que se ve sometido ese polisémico concepto político; dice serlo porque todo lo que le huela a a socialismo (que él identifica con estatismo) le produce aversión. Ah, además, afirma en ocasiones ser algo «ácrata», lo cual me produce ya bastantes ardores de estomago. El asunto empieza a ser sospechoso cuando al ver que este individuo realiza numerosas charlas identificando el comunismo, y líderes del mismo como el Che Guevara, con una praxis criminal; uno está de acuerdo en lo terrorífico que han sido los regímenes edificados en nombre de Marx, Engels y, especialmente, Lenin, pero la cuestión adopta formas grotescas cuando los muertos en nombre de esta ideología cada vez son más numerosos. La cifra anda, ahora mismo, por los 100 millones, algo a todas luces descabellado, pero repetido hasta la saciedad por los más deshonestos y/o intelectualmente perezosos. Para señalar los desmanes que han hecho los gobernantes, en el régimen que sea, no hace falta inventarse nada de forma claramente interesada y resulta primordial el rigor histórico. En ese aspecto, y cuidando algo más las formas, el tal Díaz Villanueva me parece que está a la altura moral, poco elevada, de un Jiménez Losantos.

Sigue leyendo «Yo tuve»

¿Liberales?

Lo del liberalismo, a poco que uno tenga algo de conciencia e inquietudes, es para volverse loco. Al menos, en España. Uno pensaba que dicha corriente histórica venía a ser un avance frente a sistemas abiertamente despóticos, pero claro, eso era antes de que la idea de progreso se tornara más que cuestionable. Ciero es que la historia contemporánea de este insufrible país empuja a que tengamos una derecha, hoy algo bifurcada, carca y casposa. No obstante, los partidos en España considerados a la diestra se definen, agarrénse ustedes los machos, todos como liberales. Es decir, los heredederos de los que siempre se han opuesto a ningún asomo de liberalismo, en una pirueta ideológica de lo más irritante y sonrojante, quieren saltarse la victoria de la reacción y la dictadura franquista para abrazar sin el menor asomo de vergüenza eso que llaman liberalismo. Hay quien dice que sobre las espaldas del anarquismo le han querido cargar un excesivo peso y, salvando las distancias, algo similar ocurre con la corriente que nos ocupa. Por cierto, en otro espacio nos dedicaremos a mostrar el abismo, sobre todo moral, que se abre entre dos sistemas aparentemente similares: el liberal y el anarquista.

Sigue leyendo «¿Liberales?»

¿Qué diablos es la derecha?

Que nadie me pregunté por qué estaba ahí, pero en mi casa, recientemente, ha aparecido un librito denominado ¿Qué era la derecha? ¿Qué es? Ahora hablo del autor, pero para que el pobre sufridor que lea esta líneas se haga una idea, se trataba de una colección donde los mismos interrogantes se aplicaban a diversos conceptos: ayuntamientos, capitalismo, nacionalismo, socialismo… Lo digo todo, si aclaro que dicha serie de cuentos, editados en los años 90, estaba dirigida por Rosa Regás y que el dedicado al ambiguo concepto político de izquierda estaba suscrito nada menos que por Felipe González. Para echarnos unas risas. El caso es que el ejemplar que ocupa estas líneas, dedicado a la derecha, fue escrito nada menos que por Aleix Vidal-Quadras. No, para los que conozcan este fulano, a día de hoy, no es un lapsus al escribir su nombre de pila. El hoy conocido como Alejo, al parecer, firmaba antaño con la forma catalana de su nombre. Tal vez, la explicación para semejantes variantes en la gracia personal estriba en las volubles y enajenantes identidades colectivas (y en sus obsesiones con la lengua). El caso es que no pude evitar echar un vistazo a lo que este tipo pudiera decir sobre la identidad de la derecha.

Sigue leyendo «¿Qué diablos es la derecha?»

Estatuas y reacción

Mientras la derecha y la ultraderecha de este indescriptible país, que vienen a ser algo muy parecido, se dedican a retirar del espacio publico estatuas, y toda suerte de símbolos, de personalidades de la izquierda, hace mucho tiempo que el nacionalismo español está muy crecido en el sentido contrario. La diferencia es que Largo Caballero o Indalecio Prieto, sin compartir yo su ideología, aunque pudiéramos haber compartido barricada de manera coyuntural en otra vida, fueron al menos dirigentes en un contexto democrático, y perdón una vez más por señalar lo obvio. Vaya por delante que yo no soy nada amigo de dedicar monumentos a figuras políticas, ni siquiera, por supuesto, a aquellos con los que más puedo simpatizar, más proclive quizá sería a personalidades de la cultura o de la ciencia, aunque siempre podrá resultar controvertido, ya que llamamos cultura a veces a cualquier cosa. Al margen de esto, siempre discutible, la historia contemporánea de este inenarrable país llamado España es la que es y la derecha, sencillamente, adolece de cierta tradición liberal y democrática, que debería ser propias de cualquier historia contemporánea que se precie, lo cual le empuja de una u otra manera, por acción u omisión, a aceptar el horror franquista. Si no, de manera más directa, se considera a Franco y sus secuaces como salvadores de la tradición cristiana frente a la conspiración masónica y comunista (juro que, todavía, escucho esta argumentación en boca de estos inefables personajes).

Sigue leyendo «Estatuas y reacción»

¿Fin de las ideologías o auge de la idiocia?

Creo que fue al poco de caer el Muro de Berlín, hace ya más de tres décadas, cuando el lúcido e inicuo politólogo Francis Fukuyama soltó aquello del «fin de las ideologías». Como el pensamiento de la humanidad parece ir en demasiados ocasiones en franco retroceso, aquello quedó como una aseveración y máxima firmes a tener en cuenta para los nuevos tiempos. Es decir, no es que se hablara del término de ideologías totalitarias, explícitamente autoritarias, no; se aseguró la estupidez de que las ideologías ya no tenían cabida en el mundo (pos)moderno. Y no es que quiera hacer ahora una defensa del concepto de ‘ideología’, tantas veces mistificador y tendente al fundamentalismo, sino señalar que, para bien y para mal, estamos rodeados de ideología. Esto es, creencias, ideas y sentimientos, dirigidos a la conducta humana y social, tantas veces cuestionables, pero inherentes a nuestra condición. Por ejemplo, qué son si no las religiones, condenadas a la extinción por simple lógica, pero replegadas en el fundamentalismo cuando se ven acorraladas, si no meras ideologías convertidas específicamente en dogmatismo. No debería hacer falta aclarar que la intención del perspicaz Fukuyama era fundamentar, aún más si cabe, al sistema capitalista en el imaginario colectivo. La idea del fin de las idelogías, perdón por el pleonasmo, fue una soberana estupidez, que dividía al mundo entre blanco y negro, como también el fin de la historia, ya que todo, absolutamente todo, lo creado por la mano del hombre está sujeto al cambio. Para bien y, tantas veces, para mal.

Sigue leyendo «¿Fin de las ideologías o auge de la idiocia?»

De relatos y transacciones

Hoy, me he enterado de que el inicuo Hermann Tertsch ha sufrido otra condena por vulnerar el honor de otro miembro de la familia de Pablo Iglesias. Sabía que ya lo hizo cuando acusó de asesino al padre del actual vicepresidente, pero desconocía que también vomitó bilis sobre el abuelo. El actual eurodiputado por un partido de ultraderecha afirmó que Manuel Iglesias Ramírez participó en «sacas» durante la cruenta Guerra Civil Española, iniciada por un alzamiento de Franco y sus secuaces, e Sigue leyendo «De relatos y transacciones»

Ciudadanos

Como será sabido para los que sigan este nada modesto blog, uno se pregunta una y otra vez cómo es posible que el vulgo se vea seducido reiteradamente por la dinámica del circo electoral de esta democracia representativa que sufrimos. Espero que se me entienda bien, no es que no comprenda que la mayoría ni siquiera conciba sobre el papel una sociedad sin poder político, sin una minoría que nos diga lo que hay que hacer. Lo que ya me cuesta un poco más es que se piense que algo va a cambiar, y me refiero a cambios verdaderamente sustanciales, simplemente porque los actores no sean los mismos. Uno de los casos más paradigmáticos, acerca de lo que quiero decir, es el del inefable partido llamado Ciudadanos (o en sus siglas C’s, que por cierto, por transgredir algo, lo hace de la norma lingüística añadiendo apóstrofos sin ton ni son). No estoy muy seguro de que la mayor parte del electorado, y en concreto los votantes del Ciudadanos, tengan un excesivo conocimiento político más allá de considerarse personas tibias en lo político (ya saben, de «centro», es decir, con tendencia a la derecha). Bueno, disculpen ustedes la condescendencia, y me muestro totalmente sincero, estoy seguro de la total ignorancia política de la mayor parte de la sociedad española. Sigue leyendo «Ciudadanos»

Circo electoral

Era una realidad, obvia para cualquier mente bien oxigenada, que los maquiavélicos planificadores de campañas electorales nos toman por idiotas a los ciudadanos; y me incluyo en el lote, aunque mi dogmática religión atea (doble oxímoron, ¡toma ya!), ácrata y nihilista, me impidia acudir periódicamente a las urnas. No obstante, lo que está ocurriendo en España, ante la cita electoral del próximo 28 de abril, cae en lo grotesto y resulta un insulto para los que pretendemos apartarnos de retrógrados y papanatas. Pongamos varios ejemplos de lo acontencido en los últimos días. Los bodoques de Vox, cuyo discurso ideológico no va más allá de la defensa de iniquidades como la bandera de España, los Toros, la caza o el uso de armas, exhibe a un gurú económico que habla de acabar con la discriminación fiscal de los ricos y que quiere privatizar los restos de los servicios sociales. Va a ser que la nueva fuerza política, que puede que tenga algún otro tic fascista, resulta de lo más previsible y neoliberal en su programa económico. El Partido Popular, consciente de que otros reaccionarios van a arrebatarle nicho de electorado, lanza un irrisorio vídeo en el que ridiculiza al pistolero Abascal evidenciando su ignorancia sobre casi todo lo importante. Que sea cierto que el ridículo Abascal responde con un «¡Viva España!» cuando se ve acorralado dialécticametnte, algo que ocurre las más de las veces, no justifica una campaña de los populares de vergüenza ajena. Lo que sí ha propuesto el lider de la fuerza reaccionaria es algo tan moralmente demandado como el uso de armas para defenderse de los criminales. Bien, estoy de acuerdo en actuar contra los delincuentes, pero es posible que haya que empezar por apuntar a la clase política. Sigue leyendo «Circo electoral»