Florentino y el poder del palco

En el brillante texto previo de este magnífico blog, dedicado a la manipulación en los medios, ya mencioné de pasada al todopoderoso Florentino Pérez, con un desmedido poder en este inefable país. Ahora, una vez leído en toda su amplitud el libro El poder del palco, de Fonsi Loaiza, merece la pena realizar unas no menos lúcidas reflexiones al respecto. Y esto es, principalmente, porque la historia de este inicuo personaje va paralela a la de esa farsa llamada Transición a la democracia; Pérez aparece jovencito en el tardofranquismo como burócrata, arropado por el franquista Arespacochaga, intenta meterse en política ya muerto el genocida dictador, para terminar comprendiendo, una vez convertido en gran empresario, que donde más poder va a conseguir es como presidente de un inmenso club de fútbol como el Real Madrid. Conviene recordar que para lograr esa posición fue fundamental su extrecha relación con el repulsivo expresidente del gobierno José María Aznar, ya que la Fundación ACS, del propio Florentino, financió la Fundación FAES, ese ignominioso think tank de la insufrible derecha española; de las privatizaciones llevadas a cabo por Aznar o Esperanza Aguirre, Florentino sacó un suculento beneficio, por no hablar de su apoyo a la invasión de Irak, de la que sacó algún que otro contrato de reconstrucción del país. Connivencia criminal entre el poder político y el económico, nada nuevo por otra parte.

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Esperpento, cretinez y papanatismo

Vaya por delante aclarar que el que suscribe no está del todo seguro si gilipollas es él, al señalar que la corrupción es algo sistémico en este inefable país, o tal vez gran parte del material humano que le rodea. Uno es así de generoso en su análisis de la realidad. El caso es que esta guerra desatada entre facciones del Partido Popular, esa indescriptible derecha de este inenarrable país, además de ser un esperpento vergonzante, invita a unas pocas reflexiones a poco que profundicemos. Pablo Iglesias, que ahora tiene un podcast en el que pretende aportar sesuda información veraz y alternativa, instaba recientemente a que la izquierda parlamentaria se ponga las pilas y denuncie ante la fiscalía los presuntos casos de corrupción en el PP madrileño. Vamos a ver. En primer lugar, amiguito, ¿la izquierda parlamentaria no eras tú hasta anteayer? ¿Acaso los numerosos contratos, adjudicados a dedo por la Administración presidida por Ayuso, son algo que se sepa ahora? ¿Acaso no había ya indicios hace tiempo de que la Comunidad de Madrid había favorecido notablemente a familiares y amigos? ¿Por qué diablos no se puso, ni se termina de poner en la actualidad, todo ello en manos de la justicia? Sí, la justicia puede estar plagada de fachas y estar igualmente corrompida, y puede que luego haya multitud de cretinos que avalen a los corruptos en las urnas, pero al menos la contundencia en la denuncia moral y mediática puede y debe hacer un ruido estruendoso. A pesar del discurso epidérmico de algunos, y con gloriosas excepciones reales, no parece que sea así en este impronunciable país.

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Batacazo electoral

Anda la izquierda parlamentaria llorando por las esquinas tras el batacazo de las recientes elecciones en Madrid en las que la inefable Díaz Ayuso, literalmente, arrasó en las urnas. Vaya por delante que al que suscribe también le sorprende notablemente, primero, que la gente vaya a votar masivamente para elegir a los que mandan, y segundo, que lo hagan a una derecha tan repulsiva como la de este indescriptible país. Esto último, seguramente, parte de algún prejuicio y es posible que de una visión algo maniquea de la realidad política. De acuerdo, puedo admitirlo. No obstante, a la que le falta sobremanera el menor atisbo de intención autocrítca es a esa izquierda parlamentaria que se encuentra despotricando lamentándose de que los ciudadanos no tengan una conciencia despojada de distorsiones para elegir como mandatarios a los que van a acabar con las injusticias. Sí, es ironía. Así, los medios se han llenado de declaraciones en las que se alude, de manera directa o indirecta, a lo tontos que son los obreros de reducidos salarios que votan a la derecha, a lo muy alienado que está el personal, a su conciencia distorsionada y/o a que el concepto de libertad de la gente consiste en tomarse una cervecita en una terraza. Sí, la derecha lleva un porrón de años mandando en la capital del reino, pero hay que recordar que hay en la actualidad una coalición de progreso en el gobierno central y que Podemos, en franco declive a pesar de seguir acariciando el poder, iba a suponer la renovación de la política y el fin del bipartidismo. Mucha retórica para que todo siga igual.

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Democracia

No, no voy a insistir, ya que los ácratas nos ponemos en ocasiones muy pesados, sobre lo inútil y ridículo que es ir una y otra vez a votar para que las cosas sigan, más o menos, de la misma manera. Ahora que por el capricho y la conveniencia de la clase política, se pretende movilizar al personal una vez más para elegir a los que mandan, esta vez en la capital del reino; y ahora que, más que nunca, se hace una lectura de la filosofía política con nivel preescolar, merece la pena hacer unas reflexiones sobre la noción de democracia y su perversión a lo largo de la historia. Desgraciadamente, hace pocos meses desapareció, de forma temprana, el gran David Graeber; afortunadamente, nos ha dejado un puñado de libros, que ensanchan nuestra mente y oxigenan nuestra conciencia, de una serie de campos todos entrelazados en el quehacer humano: antropología, economía, política, moral, activismo… El bueno de Graeber nos insistía, por un lado, refiriéndose a lugar en que había nacido y que se suele tomar como ejemplo en la época moderna, que en ningún punto sobre la Declaración de Independencia ni en la Constitución se dice nada sobre que Estados Unidos sea una democracia.

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Votar o (mejor) no votar

Ayer, día de una destacada efeméride dentro de esta aborregada sociedad de consumo, se celebraron también elecciones en tierras catalanas. El caso es que echando un vistazo al resultado, y al colorido gráfico resultante, a uno le vienen a la cabeza una serie de reflexiones de lo más dispares e hilarantes. Lo primero es destacar algo en lo que no van a insistir demasiado los medios y es el histórico resultado de la abstención, auténtico vencedor de las elecciones, que ha estado cerca del 50%. Un espíritu ácrata, y decididamente tocahuevos, como el de un servidor no puede menos que congratularse. Lo siguiente sería constatar también lo profundamente veleta que es esa parte de la población que todavía acude estoicamente a las urnas cuando observamos que el partido ganador hacer cuatro años, el inefable Ciudadanos, está ahora a la cola con la irrisoria cifra de seis escaños. Hablamos de uno de una de las fuerzas que, hace no tanto, era la auténtica alternativa al gobierno de España cuando la población estaba hastiada de los partidos tradicionales y… bla, bla, bla. Claro que la otra alternativa de nuevo cuño, escorada a la izquierda, era Podemos y ahí van, pillando cacho en el gobierno central de milagro, pero sobreviviendo lastimosamente en otros ámbitos. Tampoco es para sorprenderse mucho con lo ocurrido con Ciudadanos, ya que lo mismo ocurrió hace años en su mismo espacio político, ese horror llamado «centro» un poquito hacia un lado, u otro o más bien hacia la nada, con aquella cosa llamada UPyD también beneficiada efímeramente por el auge de los nacionalismos periféricos.

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¡Viva la estulticia!

A estas alturas, supongo que mucha gente se habrá echado unas risas con el difundido vídeo de multitud de personajes esperpénticos clamando ¡Viva el rey! No puede ser de otro modo, especialmente, cuando ves a alguien como Toni Cantó, trepa descarado donde los haya, vociferar a los cuatro vientos, puño en alto, que las loas al monarca es «lo auténticamente progresista y revolucionario». Es muy posible que se trate de un trabajo humorístico encubierto, sobre todo cuando comprobamos que la iniciativa parte de una plataforma, o algo así, llamada Libres e iguales. Es decir, un grupito que afirma estar a favor de la igualdad de los seres humanos, concepto inequívocamente unido a la noción de libertad, tal y como han concretado de toda la vida los anarquistas, se muestra a favor de un sistema que demuestra, de forma más explícita que cualquier otro, que el privilegio existe y de qué manera. ¡Cosas de este indescriptible país llamado España! Otro gran momento hilarante, en forma de oxímoron, es cuando otro de estos ‘intelectuales’ surgidos de averno asegura que, porque cree en el republicanismo de verdad, grita ¡Viva el rey! No, no creo que el fulano se muestre sutilmente irónico y quiera significar algo tan cierto como que la forma del Estado, sea república o monarquía, esconde formas de opresión política. A pesar del involuntario tono jococo del asunto, yo, que he tenido la santa paciencia de ver y escuchar los 14 minutos (y un segundo) del inenarrable «trabajo» audiovisual, no he podido evitar que se me congele la risa entre los dientes.

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Podemos (o no)

Creo que este partido llamado Podemos, creado si no me equivoco a principios de 2014, y que contaba con un gran apoyo de una sociedad civil con ganas de cambio, resulta sintomático del sistema político que tenemos y sufrimos. Recordemos aquel movimiento ciudadano, con un afán transformador, y con cierta naturaleza horizontal y autogestionaria, que se inició en mayo de 2011, pero que, justo es decirlo, desembocó en cierta medida en la construcción de un partido representativo como Podemos. La táctica de esta organización, al menos en un principio, y de cara a captar el mayor número de votantes, era de cierta ambigüedad ideológica. Es decir, como se insiste en la terminología política cuando se oculta o desconoce la orientación, de carácter transversal, de tal manera que no resultaba solo atractiva al imaginario izquierdista, sino a todos aquellos hartos de la “vieja política”. Recuerdo que así fue descrito de manera muy crítica por Alberto Garzón, hoy todavía coordinador de Izquierda Unida, en la actualidad coalición unida electoralmente a Podemos con el nombre de Unidas Podemos. Las cosas de la política y de este país, escaso de memoria histórica y de conocimientos políticos. Y, ojo, estas cosas las digo a priori, de modo crítico sí, pero con cierto distanciamiento objetivo. Espero que no se me tilde de reaccionario ni de hacerle el juego a la derecha (¡ay, los pobres lugares comunes!), por criticar a Podemos, que ya cansa esa visión simplista de la política íntimamente unida a una maniobra electoralista. Sigue leyendo «Podemos (o no)»

Monumentos

Hoy, está prevista una marcha de la CNT en el Valle de los Caídos, obviamente, para protestar por la existencia de un monumento y mausoleo que exalta el fascismo, algo inédito en cualquier otra nación. No tendría que hacer falta recordar, pero seguro que sí, dado el páis en el que vivimos, que el sindicato confederal fue una vez mayoritario en tierras hispanas. Un movimiento anarquista, y aunque la definición no termine de ser del agrado de un feroz individualista como el que suscribe, que podía considerarse de masas, y que la Guerra Civil junto al definitivo triunfo fascista aniquiló a sangre y fuego. Se ha dicho mucho del éxito del anarquismo en España a partir del último tercio del siglo XIX. Normalmente, se han dicho excesivas imbecilidades, tratando para justificar el hecho de que una mayoría de la clase trabajadora no optara por soluciones autoritarias para resolver los problemas sociales y buscara la emancipación lejos de cualquier tutela. Bien entrado el siglo XXI, sabemos que los autoritarismos poco o nada resuelven, y mucho menos la emancipación de nadie. Sigue leyendo «Monumentos»

Abstenerse

No, a pesar del título, no voy a hacer campaña por la abstención ante la cita electoral de mañana día 28 de abril. No voy a hacerlo, especialmente hoy, que creo que es ilegal hacer propaganda política y lo mismo me sancionan de lo lindo. A pesar de los ironías, de diverso tipo, que empleo en este blog, no tengo totalmente claro lo que hacer mañana. Como lo oyen, no sé si salir al campo o quedarme en casa ensimismado en mis quehaceres. Ahora en serio, ya veré lo que hago, pero me gustaría lanzar, una vez más, unas cuantas reflexiones. La primera, es muy simple, es pensar si acudir a las urnas no supone legitimar, una vez más, el poder político gobierne quien gobierne. Ya saben, la dominación sustentada en la voluntad del pueblo, que no deja de ser por ello dominación política y económica. Otra reflexión es la intolerable corrupción que impregna a todos aquellos que han acariciado el poder. Tanto, que parece una cuestión de poder estatal, no de partido, aunque estos suelan imitar al Estado en sus atribuciones; es decir, un problema inherente a la estructura política jerarquizada, perdonen ustedes la seriedad reflexiva. Pienso también en que este sistema democrático, sustentado en un Estado de derecho y en una separación de poderes, visto lo visto durante tantos años, si no es más que una farsa retórica sin demasiada coherencia en la práctica. También reflexiono sobre si el poder verdadero, presumiento que algunos de los partidos que se presentan sean más o menos sinceros, no lo tienen unas élites financieras internacionales que poco o nada respetan la soberanía de las naciones. Sigue leyendo «Abstenerse»

Tentaciones electorales

Ahora que apenas nadie me lee, he de confesar que, si bien en la actualidad soy un dogmático abstencionista como una catedral, hubo otros tiempos en que mi ingenuidad herética no conocía límites. Así, acudía eufórico a las urnas, cada tanto, a introducir un papelito en una urna para entregar mi pobre potestad individual a aquellos que iban a transformar la sociedad. Todavía hoy, mi fe ácrata y nihilista se tambalea en ocasiones, me vienen sudores fríos, tentaciones diversas, y mi mente se ensucia pensando en volver a introducir la papeleta en la ranura. ¡Efectivamente, menuda papeleta la mía! Por supuesto, aunque las tentaciones están a veces originadas en lo más oscuro de mi ser, las más de las veces provienen de elementos externos y voces ajenas más bien estentóreas. No solo el conjunto de la infecciosa sociedad en que vivimos está diseñada para que caigas en la tentación electoral, además hay que sufrir los pertinaces y elevadamente complejos argumentos de nuestros semejantes. Sigue leyendo «Tentaciones electorales»