La mezquindad del capitalismo

La pandemia, que como su nombre indica afecta a países pobres y ricos, muestra en toda su evidencia la mezquindad del sistema económico en que vivimos. Los precios de las vacunas se disparan, en esa entelequia que llaman «mercado libre», y por supuesto, las regiones más desfavorecidas se quedan fuera del reparto. Las multinacionales farmacéuticas priman sus beneficios por delante de las innumerables vidas que se está llevando el maldito virus con el intolerable retraso en la aplicación de las vacunas. Y, de entrada, ni siquiera es cierto que estas grandes empresas hayan invertido su dinero y su esfuerzo en encontrar las soluciones a la pandemia, ya que todo el mundo sabe que beben, como los que más, del llamado capital público proveniente de los Estados y de la llamada Unión Europea. Capitalismo subvencionado, poder político y poder económico bien entrelazados. Uno de los aspectos de la situación es dejar en evidencia la falsedad de las premisas ideológicas e ideales del liberalismo (o neoliberalismo, no sé muy bien la diferencia): la mano invisible, que dijo el clásico, de un mercado «libre»; iniciativa privada, que es iniciativa de los que más medios tienen; creación de riqueza de los poderosos, para que caigan las migajas a los desposeídos; supuesta desregulación, que es más bien apuntalamiento por parte de los Estados al capitalismo; esa mistificación en la práctica social que denominan meritocracia

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Vacunas

Despedimos este asqueroso año 2020 en plena crisis, sanitaria y de todo tipo, y con la incertidumbre de no saber muy bien en qué manos estamos. El gobierno de progreso ha decidido iniciar la vacunación masiva contra el maldito virus y, como en tantas otras cuestiones, y al margen de la decisión personal que finalmente adoptemos, nos asaltan multitud de dudas sobre el (también, maldito) poder, tanto económico como político, que vienen a estar entrelazados. Vaya por delante que me distancio de forma abisal, de los inefables antivacunas, tantas veces amantes de teorías estrambóticas y conspiranoicas. Sabemos muy bien cuáles son los intereses de las empresas farmacéuticas, tantas veces colocando el beneficio por encima de la salud de las personas, pero una cosa es eso y otra ya perder el norte sobre lo que es o no científico (es decir, demostrable como válido, en este caso para sanar o prevenir). Las vacunas han permitido avances innegables en la lucha contra las enfermedades, aunque ello se haya producido en una modernidad marcada todavía por graves desigualdades sociales y con gran parte del planeta sin acceso a bienes esenciales, entre los que se encuentra una buena sanidad.

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¿Fin de las ideologías o auge de la idiocia?

Creo que fue al poco de caer el Muro de Berlín, hace ya más de tres décadas, cuando el lúcido e inicuo politólogo Francis Fukuyama soltó aquello del «fin de las ideologías». Como el pensamiento de la humanidad parece ir en demasiados ocasiones en franco retroceso, aquello quedó como una aseveración y máxima firmes a tener en cuenta para los nuevos tiempos. Es decir, no es que se hablara del término de ideologías totalitarias, explícitamente autoritarias, no; se aseguró la estupidez de que las ideologías ya no tenían cabida en el mundo (pos)moderno. Y no es que quiera hacer ahora una defensa del concepto de ‘ideología’, tantas veces mistificador y tendente al fundamentalismo, sino señalar que, para bien y para mal, estamos rodeados de ideología. Esto es, creencias, ideas y sentimientos, dirigidos a la conducta humana y social, tantas veces cuestionables, pero inherentes a nuestra condición. Por ejemplo, qué son si no las religiones, condenadas a la extinción por simple lógica, pero replegadas en el fundamentalismo cuando se ven acorraladas, si no meras ideologías convertidas específicamente en dogmatismo. No debería hacer falta aclarar que la intención del perspicaz Fukuyama era fundamentar, aún más si cabe, al sistema capitalista en el imaginario colectivo. La idea del fin de las idelogías, perdón por el pleonasmo, fue una soberana estupidez, que dividía al mundo entre blanco y negro, como también el fin de la historia, ya que todo, absolutamente todo, lo creado por la mano del hombre está sujeto al cambio. Para bien y, tantas veces, para mal.

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Colapso o no

Hay quien, bastante antes del inicio de esta crisis sanitaria en la que nos vemos inmersos, ya anunciaba que el capitalismo se encaminaba, más tarde o más temprano, pero de forma impepinable, hacia el colapso. La base de esta argumento estriba, principalmente, en el agotamiento de las materias primas energéticas, así como en los desastres concomitantes al cambio climático, pero también por otros factores aparentemente con menor entidad. Entre estos, precisamente, ya se anunció la posibilidad de epidemias o pandemias. ¿Nos encontramos, en este momento, en la antesala del colapso económico y, por ende, civilizatorio? Ni idea, tal vez tenemos cierta querencia por el advenimiento del apocalipsis, pero no está de más despertar nuestras adormecidas neuronas y activar algo la conciencia. Con estas semanas de parálisis industrial, se ha reducido la contaminación y el uso de combustibles fósiles, pero resulta obvio que es simplemente producto de una coyuntura si lo que conocemos como civilización continúa por el mismo camino. Sigue leyendo «Colapso o no»

Crisis

«El sistema no está en crisis, la crisis es el sistema», pasarán los años y no acabaremos de comprender cuánta verdad entraña esta frase vista por doquier en muros y vociferada en manifestaciones. Ante la pandemia que sufrimos, se nos repite hasta la saciedad que se avecina una nueva crisis económica, de proporciones semejantes a aquel crack del 29 del ya lejano siglo XXI, una cantinela habitual por otra parte. ¿Nueva crisis? Que yo recuerde, desde que tengo uso de razón, es decir más o menos desde la Transición para acá, las crisis se han sucedido de una manera u otra. Excepto algunos pocos años boyantes, y simplemente repito lo que aseguraban los voceros del sistema, que en realidad fueron la antesala para el horror que se avecinaba en los lustros siguientes. Y así, una y otra vez. Claro, nos dicen, ahora es diferente, ya que hay una auténtica y muy alarmante crisis sanitaria en forma de una pandemia cuyo origen sigue siendo ignoto. Y esta falta de información veraz en un mundo globalizado, en gran medida hipertecnificado y ultracomunicado. Por supuesto, todo esto es muy cuestionable si está puesto verdaderamente al servicio de la humanidad. He sido muy blandito, ex profeso, con lo de «cuestionable», no recuerdo ahora cuál es la figura retórica que he empleado. Lo irritable es que cuando se insiste en el desastre que se nos viene encima, como tantas veces que se habla de economía, la cosa no adquiere su verdadera médida en términos sociales y humanos. Sigue leyendo «Crisis»

Solidarios

Hace no demasiados días, ya con maldito Estado de Alarma en vigor, crucé una plaza de mi barrio y, con sorpresa, vi a una persona conocida, al lado de una boca de Metro, aparentemente, esperando algo. Digo con sorpresa, ya que a esas alturas el país estaba prácticamente paralizado y la gente empujada al confinamiento. Excepto esa persona, una mujer de cierta edad, y yo, obligado por las circunstancias, no había nadie más en la plaza a una hora ya tardía del día. La soledad de aquel lugar, ya oscurecido por la Sigue leyendo «Solidarios»

Apocalipsis ahora 2

Muestra El Roto, en un chiste reciente, que el mejor desinfectante es una buena información. Efectivamente, frente a los medios generalistas, uno trata de buscar alternativas para tratar de encontrar datos veraces y explicaciones racionales a esta especie de apocalipsis bacteriológico que estamos sufriendo. De momento, lo que parece cierto es que la paralísis social, y en gran medida económica, ha supuesto que el aire sea más puro, las aguas más cristalinas e incluso que especies no humanas se animen a visitar nuestras ciudades. Una de las lecciones a tener en cuenta para, una vez superada la crisis, transformar el sistema y no seguir precipitándonos poco a poco hacia el abismo en esa locura productivista, acumulativa y consumista del llamado primer mundo. Por supuesto, no me refiero solo a una de las palabras de moda, la manida sostenibilidad, que no por mucho mencionarse a nivel político y empresarial se le otorga un sentido veraz y profundo. Me refiero, por supuesto, a un modelo que sea respetuoso con el medio ambiente, pero que erradique la dominación política y las diferencias sociales, ambas comunmente aceptadas si nos encontramos en un supuesto contexto democrático. Sigue leyendo «Apocalipsis ahora 2»

De pandemias, guerras y revoluciones

Hoy, cuando apenas llevamos dos semanas del estado de alarma decretado por el Estado español, parece casi imposible hablar de otra cosa que no sea la invasión vírica. No hablaré más del origen de la epidemia o pandemia, ya que la información sigue sin ser clara al respecto, lo cual tal vez sea significativo. No es, tal vez, el momento idóneo para señalar que nuestra hoy depauperada sanidad pública, con seguridad, hace 15 o 20 años hubiera podido afrontar el problema de una forma más satisfactoria. Dejaré caer que, como síntoma inequívoco de la mezquindad y miserias de nuestro régimen político y económico, tal vez esta crisis sirva para en un futuro buscar salidas al horror neoliberal que padecemos. La sanidad no solo debe ser pública y universal, también gestionada por los propios trabajadores y profesionales, algo que se ha demostrado humano y eficaz, no por tecnócratas que priman el beneficio crematístico de inversores y promotores. No, no es ahora seguramente el momento más adecuado para insistir en esto, sino para arrimar el hombro para luchar contra el enémigo (casi) invisible. Sigue leyendo «De pandemias, guerras y revoluciones»