A vueltas sobre la manipulación en los medios

Creo que, a día de hoy, con la gran cantidad de mierda que está saliendo a flote, obviamente para quien quiera verla, hablar de mera manipulacion mediática es una suerte de eufemismo amable. Siendo siempre partidario de buscar información alternativa, nunca he sido partidario de abandonar sin más la lectura de los grandes diarios, aunque solo sea para conocer bien al enemigo; lo que sí es cierto es que hace muchos años que abandoné sin más la visión de la caja tonta, ya que el espectáculo informativo sobrepasa lo que mis pobres visceras pueden tolerar, algo al parecer exacerbado a día de hoy. Como creo ya haber expresado en alguna otra ocasión, en este nada modesto blog generador de exabruptos verborreicos, no me preocupa tanto lo que las personas lean o vean como la total ausencia de espíritu crítico al hacerlo. Al paso que vamos en esta lamentable y desmemoriada sociedad del espectáculo hipermediatizada, caminamos sin remedio a una total falta de reflexión, ausencia de un mínimo de verificación y negación del mínimo cuestionamiento crítico. ¿Me pongo demasiado apocalíptico? Nunca lo suficiente, dado el panorama de miserias mediáticas y estultiticia imperante.

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Nuevos contratos, viejas políticas

Recientemente, los titulares de los grandes medios de desinformación se han llenado de declaraciones de Yolanda Díaz, la gran esperanza actual de la izquierda parlamentaria, en las que aludía a la necesidad de un nuevo «contrato social». Como creo haber leído algo sobre el asunto en algún viejo manual de filosofía política, me parece recordar que eso del contrato alude a un supuesto pacto originario entre los hombres para ceder su libertad, fundar el Estado y a joderse todos sometiéndose a la autoridad política. Sí, creo que en otras teorías el contrato lo que funda es la sociedad civil, pero seamos serios, cada vez que alguien nos ha venido con esto, lo que se legitima con seguridad es una instancia coercitiva que, en nombre de unos pocos, arrebata el poder decisorio al conjunto de la sociedad. Como uno no recuerda haber hecho ningún pacto, ni contrato alguno, para ceder su potestad individual, ni pretendemos ahora realizar otro en similares condiciones, seguiremos empecinados en apostar por un acuerdo, precisamente, para desmantelar el Estado y ceder el poder a la sociedad civil. ¡Toma ya! Uno, que posee un encomiable espíritu ácrata, con algún que otro tic nihilista, considera que toda esta jerga retórica no es sino una artimaña para, una vez más, monopolizar la violencia en manos de unos pocos, de uno u otro pelaje, legitimar el privilegio y que las cosas continúen más o menos como estaban.

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Flujos migratorios

Días después de la cumbre de la OTAN en la capital del reino, todavía nos invade la vergüenza ajena ante el nivel de subordinación y genuflexiones de la politiquería de ese inefable país. Como es sabido, la fuerza atlántica, lejos de disolverse como organización terrorista armada, como ya debió hacer décadas atrás, estableció su línea de actuación para los próximos diez años. Entre sus objetivos, para orgullo de la derecha más extrema, y como no podía ser de otra manera, está el defender todavía más la integridad territorial de todos y cada uno de sus socios; de manera explícita esta vez, se alude a los flujos migratorios. Por supuesto, Pedro Sánchez, al frente de la autoproclamada coalición de gobierno más progresista de la historia, ha mostrado su entera satisfacción por haber servido de sede a los gerifaltes del imperio. Con una crisis encadenada tras otra, estando al borde del colapso económico debido al sistema capitalista y con una democracia representativa, que asegura el control de las élites políticas y económicas, la fuerza atlantista, como insigne representante de la civilización occidental, se repliega en su deseo de buscar con ardor enemigos entre los que se encuentran los desgraciados del mundo en busca de una vida mejor. Nadie esperaba más, al fin y al cabo ya estamos olvidando en nuestra descerebrada sociedad mediática los recientes asesinados en la frontera marroquí por parte de las sacrosantas fuerzas del orden.

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