Crímenes mediáticos o medios criminales

No hace tanto, ya hablaba de la insostenible cantidad de bulos mediáticos, en circulación, y el increíble número de idiotas dispuestos a creerse cualquier cosa, que confirme su mezquina y pequeña concepción del mundo. Por ello, no soy muy dado, a diferencia de gran parte del personal, a estar permanentemente conectado en forma de toda suerte de dispositivos electrónicos, que emiten un aviso agudo ante una noticia inmediata de dudosa veracidad. No, advierto para los que viajan de un extremo a otro sin conexión interneuronal, tampoco me niego a estar comunicado ni caigo en el solipsismo; simplemente, se trata de tener siempre presente eso (no) tan complicado de verificar lo que nos cuentan. El caso es que, hace unas semanas, una noticia me llamó poderosamente la atención e hizo sonar todas las alarmas de la indignación. Para no caer en excesivas subjetividades, reproduciremos el titular aparecido en el inefable y ultrarreaccionario medio digital La Gaceta de la Iberosfera: «Un grupo de magrebíes viola a una joven por vestir una camiseta de VOX en Tarragona». Antes de nada, explicaremos que dicho diario fue antaño La Gaceta de los Negocios, para acabar siendo comprado por el Grupo Intereconomía y, más recientemente, acabar pasando a manos de Fundación Disenso. Lo diremos todo cuando aclaremos que el patronato de dicha Fundación está presidido por el ínclito Santiago Abascal y de él forman parte personas maravillosas como Fernando Sánchez Dragó o Amando de Miguel. Es decir, un medio al servicio de la ultrarreaccionaria Vox en el que se mezclan disparatadas noticias sobre la iniquidad de la izquierda, Bildu y el socialismo bolivariano con supuestos crímenes por parte de inmigrantes (preferiblemente, magrebíes) y supuestas agresiones a miembros del partido.

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El inverecundo Felipe González y el neoliberalismo

Recientemente, el inicuo expresidente de este bendito país, Felipe González, hizo las siguientes declaraciones: «El neoliberalismo ha sido una deformación que ha generado mucha desigualdad en la redistribución del ingreso». ¿Se puede ser más caradura? A propósito de esto, conviene recordar lo que es la historia reciente de este indescriptible país, por un lado, así como por otro la del propio liberalismo (no especialmente fácil de trazar). Sobre esta última, resulta especialmente irritante que los «liberales» patrios rechacen el uso del prefijo ‘neo’ ya que, claro, pretenden trazar una historia del liberalismo desde los clásicos, como Locke y Adam Smith, pasando por Hayek y llegando hasta lo que ellos digan. Como se supone que los que sostienen este discurso no son abiertamente idiotas, hay que deducir que hablamos de simples canallas, con poca o ninguna vergüenza, que sencillamente quieren justificar un capitalismo sin barreras, que sume a gran parte de la población en la indigencia. No daremos nombres, de momento, aunque uno de ellos es un prestigioso literato de dudosa ética personal. Sobre la historia del liberalismo, en el polo opuesto, hay quien se ha esforzado en señalar que el origen de esta filosofía se encuentra principalmente, no en el individualismo y en el lucro personal, sino en la búsqueda de la tolerancia, la pluralidad e, incluso, lo que haría torcer el gesto a ciertos liberales, en la virtud y el sentido comunitario.

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Banderas e identidades colectivas

Uno posee una profunda aversión por las banderas, los himnos y toda suerte de símbolos de identidad colectiva; soy consciente de que exagero, pero es más fuerte que yo, y creo que nunca mejor dicho. Esto es extensible, ya que uno es coherente hasta la extenuación en sus manías, a la cuestión ácrata. Es más, hace muchos años, cuando el que suscribe era joven e ingenuo (sigo siendo ambas cosas, por supuesto), participó en la creación de una publicación libertaria y no se me ocurrió otra cosa que proponer el bonito nombre Sin bandera. El caso es que la revista duró unos cuantos números, con esa misma denominación de cabecera, pero el asunto no estuvo exento de polémica, ya que hay quién afirmó con rotundidad que, por supuesto, los anarquistas también tienen bandera. Leo un artículo reciente, en la imprescindible publicación libertaria actual Todo por hacer, en el que se sostiene que es un pensamiento erróneo muy extendido creer que los ácratas no entienden de banderas ni estandartes, ya que sencillamente son símbolos que representan a una comunidad de personas organizadas con unos intereses comunes, pero no necesariamente a Estados-nación ni a ningún tipo de idea autoritaria o grupo basado en alienantes identidades colectivas. Para exponer su argumentación, el texto abunda en dispares ejemplos más o menos libertarios y no solo en la bandera negra o rojinegra: la Comuna de París, la Makhnovia en Ucrania, Rojava en el Kurdistán, comunidades zapatistas en México o las mismísimas colectividades españolas de 1936.

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Sobre perdones y rancias tradiciones

A escasos días de la fiesta nacional del 12 de octubre, que tan cachondos pone a los reaccionarios de este insufrible país, el muy repulsivo José María Aznar ha hecho gala de su espíritu patriótico y ha reivindicado el legado del imperio hispánico frente a cualquier discurso crítico con el mismo. Como el ego de este fulano es inversamente proporcional a su escasa estatura moral, ha personalizado la cuestión sin rubor alguno afirmando que él no piensa pedir perdón «por defender la importancia de la nación española». También se despachó a gusto contra el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, precisamente por exigir disculpas a España por haber cometido toda suerte de tropelías en la conquista de las Américas. Vaya por delante que lo de estos estadistas progresistas, como el propio López Obrador, me parece una mera pose, ya que mucho habría que hablar de lo que tendrían que reconocer tantas naciones y poderosos sobre toda suerte de iniquidades a los pueblos, por no hablar de los que siguen sometidos en la actualidad.

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