Yo tuve

Que nadie me pregunte por qué, pero de un tiempo a esta parte me veo empujado a ver no pocos vídeos de Youtube en forma, fundamentalmente, de debates y conferencias. De forma más concreta, algún día se descubrirá la razón, me interesa todo lo que tenga que ver con las distintas formas de liberalismo, que ya sabemos que en este indescriptible país adopta su forma más repulsiva e insolidaria. Como, por mi naturaleza inquieta y poco acomodaticia (para bien y para mal, ojo), tiendo a escuchar a todo aquel que poco o nada tiene que ver con mi propio imaginario, por lo que acabo dando con toda una pléyade de individuos que me llenan de estupor. Por su interés, y tratando de eludir la mera crítica personal (sé que caeré en ello), me gustaría mencionar a algunos de ellos. Es posible que la cosa empiece por un tal Fernando Díaz Villanueva, periodista o que hace las veces de tal, cuyo trabajo a modo de podcasts parece a veces, aunque poco o nada se comparta con él, interesante. Este tipo, que asegure ser ‘liberal’, puede ser el ejemplo del tremendo reduccionismo al que se ve sometido ese polisémico concepto político; dice serlo porque todo lo que le huela a a socialismo (que él identifica con estatismo) le produce aversión. Ah, además, afirma en ocasiones ser algo «ácrata», lo cual me produce ya bastantes ardores de estomago. El asunto empieza a ser sospechoso cuando al ver que este individuo realiza numerosas charlas identificando el comunismo, y líderes del mismo como el Che Guevara, con una praxis criminal; uno está de acuerdo en lo terrorífico que han sido los regímenes edificados en nombre de Marx, Engels y, especialmente, Lenin, pero la cuestión adopta formas grotescas cuando los muertos en nombre de esta ideología cada vez son más numerosos. La cifra anda, ahora mismo, por los 100 millones, algo a todas luces descabellado, pero repetido hasta la saciedad por los más deshonestos y/o intelectualmente perezosos. Para señalar los desmanes que han hecho los gobernantes, en el régimen que sea, no hace falta inventarse nada de forma claramente interesada y resulta primordial el rigor histórico. En ese aspecto, y cuidando algo más las formas, el tal Díaz Villanueva me parece que está a la altura moral, poco elevada, de un Jiménez Losantos.

Esa identificación de liberalismo con Estado mínimo, protector de los propietarios, y libertad absoluta, para el mercado y la empresa capitalista, adopta su forma más bizarra con otros fulanos adláteres del mencionado. Es el caso del muy mediático (y cansino) Juan Manuel Rallo, del profesor Huerta de Soto y de otro «sabio» peculiar llamado Miguel Anxo Bastos; especialmente estos dos últimos, se consideran «libertarios», lo cual sume a mi mente en el delirio y a mi baqueteado cuerpo en un mar de espasmos. Para el que tenga ánimo y estómago, hay material de sobra de todos ellos en Yotube. Para el que no quiera perder su preciado tiempo, uno se pregunta en qué se diferencia esta, supuestamente, concepción nueva de la «libertad» económica del llamado liberalismo clásico o incluso del llamado neoliberalismo, prefijo por cierto que todos estos tipos niegan, de forma flagrante, para tratar de trazar una línea histórica evolutiva en dirección a lo que a ellos les interesa. Aunque, a estas alturas, y sobre todo en este inefable país, resulta harto complicado situar a la gente a uno u otro lado del espectro político, todos los mencionados vendrían a ser de derechas; esto es, porque considerar que izquierda es todo aquello que huela a estatismo (o socialismo). En fin. Hablando de «derechas», hablemos ahora de otro foro habitual de reaccionarios; es el caso del medio anteriormente conocido como Intereconomía, lugar de debate para toda suerte de dogmáticos y autoritarios de todo pelaje, falangistas, católicos fundamentalistas y «liberales», pero adornado en ocasiones de algún verso suelto de la llamada izquierda. Recordemos que, antes de su «éxito» parlamentario, fue aquí donde empezó un conspicuo, ladino y arribista Pablo Iglesias Turrión. Paradójicamente, otro que frecuenta el actual Toro.tv, y usual de los debates en Youtube, es un presunto filósofo llamado Pedro Insua, que dice ser de izquierdas, pero que considera a Podemos «lo peor que le ha pasado a España»; esto es, porque es un férreo defensor de la unidad de la nación y podemitas e independentistas son, por lo tanto, anatema.

En esa línea de defensa fervorosa del Estado-nación ferozmente centralizado, creo que por su propia concepción marxista de la historia, se encuentra el locuaz Santiago Armesilla. Este, abierto fan de Marx, Engels y de Lenin, que tiene su propio Canal de Yotube y que también pone a caer de un burro a Podemos, es discípulo del fallecido filósofo Gustavo Bueno, al igual que Insua. Bueno, que tiene una Fundación a su nombre y un Canal con amplio material, además de un tipo bien iluminado y bien maleducado, como puede verse en debates en Youtube, pasaba por ser uno de los pensadores más brillantes de este inenarrable país, que desarrolló su propia teoría filosófica a partir de Marx con el nada original nombre de «materialismo filosófico». Insua y Armesilla, contrarios a cualquier asomo de heterodoxia, y creo que de pensamiento propio, siguen a pies juntillas todo lo que afirmaba Bueno; efectivamente, la unidad innegociable de España, léase Estado-nación, basándose incluso en unas supuestas esencias históricas. Todo ello, sí, huele a cuestionablemente historicista y repulsivamente reaccionario, por lo que no es casualidad que la Fundación Bueno esté vinculada de una u otra forma a la formación Vox. Como lo oyen, supuestos izquierdistas, e incluso marxistas, de la mano de la ultraderecha de esta gloriosa nación española. Este laberinto mediático difícil de digerir resulta interminable, y menos interesante intelectualmente, cuando encontramos algún nexo de los anteriormente mencionados con algunos youtubers de cierto éxito, que afirman defender la «libertad», de nuevo criticando sobre todo a Podemos, lo cual empuja a pensar quién puede estar detrás. Es el caso un grotesco fulano con el reaccionario apodo de Un Tío Blanco Hetero, cuya puesta en escena pasa por ponerse una especie de condón, a modo de máscara, y un tono de voz insoportable; principalmente, su Canal parece haberse construido para criticar el feminismo, que identifica que la indefensión de los pobres machos. Otros ejemplos de defensores insolidarios del mercado, e incluso cercanos a esa concepción estrafalaria llamado anarcocapitalismo, son jóvenes como Wall Street Wolverine, de voz engolada más falsa que Judas, y de algo o alguien llamado Libertad y lo que surja (o nombre similar). Para terminar, otra paradoja; todo estos tipos son habituales críticos de la posmodernidad, que identifican con todo aquello que no tenga que ver con sus discursos dogmáticos. No caen en que ellos, a pesar de lo que preconizan, representan ciertos rasgos de esta época: un mundo mediáticamente etéreo, basado en el espectáculo y en la verborréa inacabable.

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