Migrantes, refugiados y oprimidos

Aunque los inicuos medios generalistas, del llamado «primer mundo», no siempre lo reflejen, son habituales las muertes de personas al tratar de atravesar los muros hacia una supuesta sociedad mejor. Estamos ya acostumbrados a los numerosos males cotidianos del mundo en que vivimos: migraciones, campos de refugiados, explotación laboral… Sí, se pone el foco en uno u otro país deprimido cuando la cosa llega a un extremo, ayer Colombia o Marruecos, hoy Cuba, mañana ya veremos, pero no existen medidas radicales para paliar lo más mínimo dichas desgracias perfectamente evitables. El mundo está así estructurado, política y económicamente, y pocos profundizan, si hablamos de piezas dentro de este repulsivo puzle, la mayoría voces marginales. Atendiendo a la inmigración, las políticas de la muy civilizada Europa son cada vez más represivas; se insisten en los muros físicos que han construido regímenes abiertamente autoritarios, mientras se construyen continuamente muros invisibles mucho más efectivos por su perduración en el tiempo y por mantener intacto un statu quo que separa a los que tienen algo de los que no tienen nada.

Muy a menudo, en los análisis oficiales, por no decir siempre, los migrantes son tratados como entes desprovistos de personalidad, manejados por los gobiernos de turno y susceptibles de llevar a otro país los intereses del suyo de origen. Es tan sencillo y tan humano como comprender que las personas que deciden huir de una realidad terrible, por supuesto empujados por las circunstancias, lo hacen de una manera consciente como una apuesta por una vida mejor. De acuerdo, nos gustaría que la situación en los países de origen cambiara, pero es la realidad del mundo en que vivimos y creo que la libertad de movimientos es primordial, como solución humanitaria hoy, pero también como base para un mundo más libre y justo mañana. Máxime, si los migrantes o refugiados (que viene a ser lo mismo) escapan de regímenes opresores y de necesidades vitales (que viene a ser también algo muy relacionado), pero en cuya situación, seguramente en la mayor parte de los casos, el primer mundo tiene bastante responsabilidad. Solo hay que recordar el colonialismo y la continua esquilmación de recursos en África o Asia.

Europa o Norteamérica acaparan la mayor parte de la riqueza, mientras los trabajadores en diversas partes del mundo, que han contribuido a crear dicha riqueza, se ven sometidos a la represión de no poder cruzar las fronteras. Por otra parte, hay que señalar la hipocresía de, por un lado mantener esa represión, por otra permitir que cierta inmigración llegue en condiciones nefastas en cuanto a derechos laborales, para poder ser explotados mejor, y con la amenaza constante de la deportación. Nuestro sistema es tan inicuo que por ejemplo en España, a pesar de una derecha y ultraderecha que no esconden en absoluto sus repugnantes discursos, han sido gobiernos del PSOE los que más ha reprimido a nivel legislativo, los que crearon los Centros de Internamiento de Extranjero (que en la práctica no son muy distintos a cárceles) y los que más personas han expulsado durante sus mandatos. Es decir, lo de siempre, gobiernos supuestamente progresistas, para asegurar la paz social, mientras realizan políticas represivas propias de otros más conservadores. Libertad de movimientos para las personas y solidaridad con migrantes y refugiados, así como con los oprimidos de nuestros países y de culquier región del mundo, mientras se denuncia la opresión de ciertos regímenes y la esquilmación y explotación de recursos por parte del llamado «mundo civilizado». El mundo en que vivimos (y que combatimos, aunque formemos parte de él).

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