Batacazo electoral

Anda la izquierda parlamentaria llorando por las esquinas tras el batacazo de las recientes elecciones en Madrid en las que la inefable Díaz Ayuso, literalmente, arrasó en las urnas. Vaya por delante que al que suscribe también le sorprende notablemente, primero, que la gente vaya a votar masivamente para elegir a los que mandan, y segundo, que lo hagan a una derecha tan repulsiva como la de este indescriptible país. Esto último, seguramente, parte de algún prejuicio y es posible que de una visión algo maniquea de la realidad política. De acuerdo, puedo admitirlo. No obstante, a la que le falta sobremanera el menor atisbo de intención autocrítca es a esa izquierda parlamentaria que se encuentra despotricando lamentándose de que los ciudadanos no tengan una conciencia despojada de distorsiones para elegir como mandatarios a los que van a acabar con las injusticias. Sí, es ironía. Así, los medios se han llenado de declaraciones en las que se alude, de manera directa o indirecta, a lo tontos que son los obreros de reducidos salarios que votan a la derecha, a lo muy alienado que está el personal, a su conciencia distorsionada y/o a que el concepto de libertad de la gente consiste en tomarse una cervecita en una terraza. Sí, la derecha lleva un porrón de años mandando en la capital del reino, pero hay que recordar que hay en la actualidad una coalición de progreso en el gobierno central y que Podemos, en franco declive a pesar de seguir acariciando el poder, iba a suponer la renovación de la política y el fin del bipartidismo. Mucha retórica para que todo siga igual.

Por supuesto, todas son las excusas posibles abundando en los lugares comunes, y muchos seguirán pensando que poco se puede hacer en los gobiernos ante el auténtico poder económico formando por empresas multinaciones, grupos financieros, imperios comerciales, etcétera, etcétera. Claro, existe todo un aparato mediático al servicio de los que verdaderamente sirven a todo ese capitalismo criminal y ello explica que las masas estén engañadas y sigan apoyando a los que les oprimen y explotan. Lo siento, pero creo que el mundo, por supuesto plagado de injusticias en un sistema con demasiados poderes en juego, alocado y embrutecedor, es algo más complejo. No podemos tragarnos que los Estados, gobierne quien gobierne, no tienen su propia dinámica de poder, en la que los ciudadanos quedan marginados más allá de cada tanto ir a elegir a los que mandan. Por otra parte, de una manera u otra los gobernantes, con unos collares u otros, no sé si puede decirse que están subordinados al poder económico globalizado o, más bien, entrelazados con él. Sea como fuere, tratando de eludir esas visiones esquemáticas, uno saca unas cuantas e interesantes conclusiones de las pasadas elecciones.

En primer lugar, que la participación ha sido mayor que nunca y, a pesar de ello, de la pertinaz insistencia por parte de la izquierda para que se frene a una derecha cercana al «fascismo«, esta ha arrasado. Parece que, esta vez, las lamentaciones van por otros derroteros y no se ha señalado a esos abstencionistas que pasan de todo. Sí, es ironía. Por otra parte, y sin entrar en el color de los partidos políticos de momento, hay que señalar lo muy volubles que son las masas que acuden, no sé si entusiastas, a las urnas. No digo yo que sea por simple estupidez o por alguna suerte de enajenación, pero las masas son muy volubles. Así, los proyectos políticos de renovación del panorama político, leáse Ciudadanos o Podemos, han desaparecido o están en franco retroceso, mientras que la opción que tuvo mayores votos hace no tanto se convierte en la tercera fuerza. El partido ganador, que en las elecciones generales fracasó hace un par de años, no alcanzó la mayoría absoluta de milagro. Obsérvese que hablo de supuestos proyectos políticos, y no de los que encabezan las listas electorales, ya que se supone el personal debería apoyar un determinado programa con el que se encuentre acorde. Mucho suponer en una infantalizada sociedad mediática del espectáculo. Y, por supuesto, no es que uno sea un ingenuo que se crea en programa alguno, mistificacion clara que luego incumple todo hijo de vecino. Otra conclusión es que, en esta democracia representativa que hace no tanto estaba en crisis, cualquier botarate puede acabar encabezando un gobierno. Sí, hablo en esta ocasión de Ayuso y de lo que está detrás, los inicuos Miguel Ángel Rodríguez y Esperanza Aguirre. Pero, no solo de esta repulsiva derecha, y un ejemplo es lo que tenemos en el gobierno central. Sí, hay motivos para sorprenderse una vez más del género humano, que desconozo si abunda en la estolidez o en la alienación, pero a mí me indigna más que el mundo, gobiernen unos u otros, siga plagado de saqueos y explotaciones.

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