Palestina e Israel

Desde que tengo uso de razón, en mi ya larga vida, el conflicto entre Israel y Palestina no ha avanzado lo más mínimo. A menudo, se acusa a los que defienden al pueblo palestino de maniqueos. Resulta curioso que se argumente eso, ya que recuerdo que todo un intelectual hispánico, en plena conferencia sobre otra cosa que nada tenía que ver, soltó que los que acudían a las manifestaciones en protesta por nuevos ataques del Estado israelí eran defensores de Al-Fath (mencionó esta organización, aunque Hamás ya tenía poder sobre la región). Esta aseveración no la pronunció un tipo vulgar en la barra de un bar, no, la dijo alguien respetado en el mundo de la sociología. Desgraciadamente, el tan rechazable maniqueísmo, que parece más bien estulticia, parece consustancial al ser humano, no importa de qué bando hablemos. No obstante, hay que echar pestes también de los que afirman cosas como «no es cuestión de buenos y malos» cuando los pueblos son masacrados por los poderosos. Por mucho que rechacemos algo como Hamás, promotores de la Yihad y seguramente deseosos de borrar a los judíos de la faz de la tierra, las víctimas se multiplican en el lado palestino. Y uno está siempre con los oprimidos, máxime cuando entre las víctimas hay no pocos civiles y muchos de ellos niños.

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Aquel 15M

Hace ya una década de aquel 15 de mayo, en el que una manifestación convocada por algo llamado Democracia Real Ya, desembocó en todo un movimiento de rebeldía contra el sistema. No soy nada amigo de elevar a los altares según qué eventos, aunque he de reconocer que aquello entusiasmó y todavía hoy ando en contacto con la madrileña Asamblea de Carabanchel, ya que lo que fueron ocupaciones y campamentos de protestas evolucionó, como no podía ser de otra manera, en la descentralización por barrios de las grandes ciudades. A menudo, y no solo por parte de los más reaccionarios, se considera que la inefable organización política Podemos fue la consecuencia electoralista de aquel movimiento, lo cual hace por supuesto que se nos lleven los demonios a los más ácratas. Pero, ¿qué supuso en realidad del 15M? Hay que decir, por supuesto, que los acontecimientos de aspiración transformadora no surgen de la nada. Por un lado, infinidad de movimientos sociales, a pesar del conformismo de gran parte de la población y de la ignorancia por parte de los medios, llevan trabajando durante años con el espíritu, claramente libertario, que inspiró al llamado 15M.

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El régimen marroquí y el pueblo saharahui

En noviembre del pasado año, el Estado marroquí rompió un alto el fuego con el Frente Polisario, de casi tres décadas, y desde entonces los conflictos se han sucedido sin que tengamos noticias en la mayoría de los medios. Para mayor vergüenza, el gobierno español, supuesta coalición de «progreso», y la comunidad internacional han mirado hacia otro lado mientras Marruecos ha violado continuamente los derechos humanos en una escalada represiva. Para quien no lo sepa, la ONU sigue considerando que España es la administradora del Sahara Occidental. Casi medio siglo ha pasado desde que a la agonizante dictadura franquista parecía sobrarle la colonia, en una mezquina e hipócrita estrategia, y la llamada Marcha Verde dos años después impuso la soberanía de Marruecos sobre el territorio. El papel de la administración franquista tuvo un doble juego, por un lado afirmó comprometerse con la autodeterminación saharahui, con la supuesta convocatoria de un referéndum, y por otro inició conversaciones secretas con Rabat para acordar la estrategia que culminó en la conquista marroquí de la región. La estrategia del Estado español, ya con el infame Juan Carlos I como sustituto de Franco, supuso no entrar en un conflicto con Marruecos.

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Batacazo electoral

Anda la izquierda parlamentaria llorando por las esquinas tras el batacazo de las recientes elecciones en Madrid en las que la inefable Díaz Ayuso, literalmente, arrasó en las urnas. Vaya por delante que al que suscribe también le sorprende notablemente, primero, que la gente vaya a votar masivamente para elegir a los que mandan, y segundo, que lo hagan a una derecha tan repulsiva como la de este indescriptible país. Esto último, seguramente, parte de algún prejuicio y es posible que de una visión algo maniquea de la realidad política. De acuerdo, puedo admitirlo. No obstante, a la que le falta sobremanera el menor atisbo de intención autocrítca es a esa izquierda parlamentaria que se encuentra despotricando lamentándose de que los ciudadanos no tengan una conciencia despojada de distorsiones para elegir como mandatarios a los que van a acabar con las injusticias. Sí, es ironía. Así, los medios se han llenado de declaraciones en las que se alude, de manera directa o indirecta, a lo tontos que son los obreros de reducidos salarios que votan a la derecha, a lo muy alienado que está el personal, a su conciencia distorsionada y/o a que el concepto de libertad de la gente consiste en tomarse una cervecita en una terraza. Sí, la derecha lleva un porrón de años mandando en la capital del reino, pero hay que recordar que hay en la actualidad una coalición de progreso en el gobierno central y que Podemos, en franco declive a pesar de seguir acariciando el poder, iba a suponer la renovación de la política y el fin del bipartidismo. Mucha retórica para que todo siga igual.

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