¿Liberales?

Lo del liberalismo, a poco que uno tenga algo de conciencia e inquietudes, es para volverse loco. Al menos, en España. Uno pensaba que dicha corriente histórica venía a ser un avance frente a sistemas abiertamente despóticos, pero claro, eso era antes de que la idea de progreso se tornara más que cuestionable. Ciero es que la historia contemporánea de este insufrible país empuja a que tengamos una derecha, hoy algo bifurcada, carca y casposa. No obstante, los partidos en España considerados a la diestra se definen, agarrénse ustedes los machos, todos como liberales. Es decir, los heredederos de los que siempre se han opuesto a ningún asomo de liberalismo, en una pirueta ideológica de lo más irritante y sonrojante, quieren saltarse la victoria de la reacción y la dictadura franquista para abrazar sin el menor asomo de vergüenza eso que llaman liberalismo. Hay quien dice que sobre las espaldas del anarquismo le han querido cargar un excesivo peso y, salvando las distancias, algo similar ocurre con la corriente que nos ocupa. Por cierto, en otro espacio nos dedicaremos a mostrar el abismo, sobre todo moral, que se abre entre dos sistemas aparentemente similares: el liberal y el anarquista.

Volvamos al liberalismo, la derecha y este inefable país. Al parecer, el truco estriba en primer lugar en poner un epíteto a la etiqueta de liberal. De esta manera, una fuerza tan repulsiva como Vox, claramente continuadora de ese momentos histórico en el que generales genocidas aplastan la libertad, dice ahora encuadrarse en el liberalismo conservador. Como los fachas liderados por el machito Santiago Abascal no son más que una escisión carcunda de la derecha oficial, que es el Partido Popular, eso ha abierto el camino a la formación encabezada por Pablo Casado para afirmar sin sonrojo que ya son liberales. Pero, claro, no cuela, por mucho que cambien los rostros y las sedes en un partido que sigue apestando a reacción y sacristía, por no hablar de la corrupción que les enfanga. Pronúnciese varias veces el vocablo mágico ‘liberalismo» y tendremos, ipso facto, una derecha liberal, ilustrada y algo racional. No, no parece funcionar así. Me olvidaba de la tercera pata del trifachito, que es Ciudadanos, o al menos lo que queda de este partido. Estos eran la gran esperanza para ese espacio indeterminado que denominan centro, escorado ora a la derecha, ora un poquita hacia la progresía. En estos momentos, el barco se hunde y patético resulta escuchar a ciertos elementos afirmar que ha sido por no tener la suficiente formación… ¡liberal!

El concepto de liberalismo no sé si es demasiado ambiguo o demasiado laxo o ambas cosas. Al menos, en este indescriptible país donde, me temo, el conocimiento político medio es más bien de nivel preescolar. No ayuda demasiado el hecho de que en otros lares, léase USA, un liberal es una persona más bien progresista que defiende ciertas medidas sociales en la economía a cargo del Estado. Es decir, todo lo contrario que en Europa, que es un concepto ideológico más bien diestro, asociado a mercados libres para hacer sus fechorías sin que el poder político intervenga demasiado. Claro que sabemos de sobra que esto es simple teoría. Gobierne quien gobierne, al margen de cierto maquillaje necesario para apaciguar de vez en cuanto a las masas, el sistema económico no sufre demasiadas alteraciones y sus crisis y desmanes los pagan los de siempre: desde la clase media para abajo. De esa manera, hay una serie de personaje mediáticos que dicen defender el liberalismo más puro, según afirman, las ideas de la libertad que defienden al individuo de la opresión y latrocinio del Estado. Para ello, usan el maniquéismo más atroz e identifican el socialismo y la izquierda exclusivamente con la vía estatal, lo que desemboca en su omnipotencia, por lo que claro, ellos se sitúan a la derecha. Y, vuelta a empezar. La realidad es que llevamos siglos desde que se implantaron las democracias liberales y el sistema del capitalismo, el mundo está como está y la noción de progreso puesta en entredicho. Aludir a que poco tiene que ver el régimen en que vivimos con el auténtico liberalismo viene a ser como los que dicen que nada tenía que ver el socialismo con lo que pasó en la URSS. Prometido, en un futuro seguiremos hablando de esa síntesis entre las dos grandes corrientes modernas que es el anarquismo.

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