Murales feministas

Es increíble la cantidad de idiotas que reaccionan ante el avance que están llevando a cabo las mujeres. Esto es así que se acuñó el irritante término feminazis, y tiene bemoles que el facherío, o los que les hacen el juego, acuse a los demás de algo así para designar a un supuesto modelo de feminista «radical». Este tipo de mujer, que solo está en la cabeza de estos botarates reaccionarios, viene a considerar que todos los hombres son violadores en potencia. No es algo nuevo, desde hace muchos años se viene identificando cierto activismo con alguna suerte de extremismo fanático, que suelen usar como sinónimo de ese radicalismo que quieren estigmatizar. Una vez más, reivindicamos la condición de radical, ya que hay injusticias que sencillamente hay que extirpar de raíz. El caso del mural de Ciudad Lineal, finalmente vandalizado por unos malnacidos en la significativa fecha del 8 de marzo, resulta paradigmático. Los rostros de 15 mujeres venían a representar las luchas históricas por la igualdad, tal y como lo expresaban los creadores del mural; el concepto de «igualdad» tiene muchas connotaciones y lecturas, pero cualquiera que tenga bien oxigenado el cerebro comprende a qué nos referimos en este caso.

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Montajes policiales

Los montajes policiales contra el movimiento anarquista han estado, y siguen estando, a la orden del día. El militante ácrata Ruymán Rodríguez tenía esta semana un juicio, finalmente aplazado, acusado de haber atentado contra la autoridad. Ruymán denunció a tres agentes de la Guardia Civil, por torturas y detención ilegal, y estos a su vez afirmaron que el activista canario les propinó una patada. Rodríguez es un conocido luchador por el derecho a la vivienda, en la Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC); tanto esta organización, como el Sindicato de Inquilinas de la isla, califican el caso como un montaje y una persecución política. Para entenderlo, hay que tener en cuenta el proyecto autogestionado de La Esperanza, en el que una serie de bloques de viviendas deshabitados en el municipio canario de Santa María de Guía fueron socializados por la FAGC con más de 200 personas realojadas. El sistema tenía que poner remedio a este mal ejemplo de la autogestión y, como no conciben un activismo verdaderamente antiautoritario, fueron a por Ruymán pensando que iban a acabar con el lider del proyecto.

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¿Liberales?

Lo del liberalismo, a poco que uno tenga algo de conciencia e inquietudes, es para volverse loco. Al menos, en España. Uno pensaba que dicha corriente histórica venía a ser un avance frente a sistemas abiertamente despóticos, pero claro, eso era antes de que la idea de progreso se tornara más que cuestionable. Ciero es que la historia contemporánea de este insufrible país empuja a que tengamos una derecha, hoy algo bifurcada, carca y casposa. No obstante, los partidos en España considerados a la diestra se definen, agarrénse ustedes los machos, todos como liberales. Es decir, los heredederos de los que siempre se han opuesto a ningún asomo de liberalismo, en una pirueta ideológica de lo más irritante y sonrojante, quieren saltarse la victoria de la reacción y la dictadura franquista para abrazar sin el menor asomo de vergüenza eso que llaman liberalismo. Hay quien dice que sobre las espaldas del anarquismo le han querido cargar un excesivo peso y, salvando las distancias, algo similar ocurre con la corriente que nos ocupa. Por cierto, en otro espacio nos dedicaremos a mostrar el abismo, sobre todo moral, que se abre entre dos sistemas aparentemente similares: el liberal y el anarquista.

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Violencia para dar y tomar

Las manifestaciones de las últimas semanas en defensa de la libertad de expresión siguen trayendo cola y de qué manera. Por cierto, en más de una ocasión se ha visto publicado que dichas protestas era en defensa de Pablo Hasél y llegué a leer a un fulano en su legítimo derecho de expresión, lo cual no está reñido con la más flagrante estolidez, iba más allá y aseguraba que se producían «en defensa de su líder». Como el nivel es bastante preescolar, tendremos que aclarar una vez más que muchas personas pensamos que, incluso los botarates o los borricos (o ambas condiciones, que a menudo coinciden), tienen derecho a decir lo que piensan. Es más, me congratula saber que numerosos colectivos han defendido los derechos y libertades del inefable rapero, pero al mismo tiempo han criticado sus posicionamientos machistas y abiertamente autoritarios. Yo añadiré que, lo mismo que defiendo su libre expresión, no simpatizo en lo más mínimo con la ideología de Hasél y que algunas de sus frases, en letras de canciones o en tuits, me causan repulsión. Por otra parte, es indiferente para el caso si el tipo tiene o no talento literario-musical, algo que comprende cualquiera con un mínimo de intelecto, que claramente no es el caso de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

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Sobre la violencia y lo libertario

Una amiga me advierte hoy sobre un artículo en el muy progresista diario El País con el peculiar titulo «La tentación libertaria en la sociedad digital». Por un momento, pienso que se trata de una nueva apropiación, por parte de esos ultraliberales, parte de la derecha más insolidaria, del término «libertario». No haría falta aclarar, para cualquiera con un poco de conocimiento, que en este bendito país «libertario» es y debe ser sinónimo de «anarquista». El caso es que los tiros no iban por donde yo pensaba. El texto de marras viene firmado por un tipo que fue ministro en algún gobierno de Felipe González con algún pomposo título en derecho administrativo (o algo así). Son varios los reproches que le haría, en fondo y forma, pero lo más cabreante es el uso abiertamente despectivo que se hace de un concepto, que quiere verse como una intolerable libertad absoluta. Debería darle vergüenza al firmante, en un país en el que el movimiento libertario fue una vez mayoría y pudo cambiar las cosas para siempre. Sobre otros aspectos del texto, vayamos por partes. El artículo viene a ser una justificación de por qué el rapero Pablo Hasél ha sido condenado y ha terminado por ingresar en prisión. No es casualidad que comience recordando las numerosas manifestaciones, «con frecuencia, violentas», que ha desencadenado la sentencia, tal vez con un deseo de vincular anarquismo con violencia. Todo un clásico.

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