Okupación

Hay que reconocer que la intensa campaña de los medios contra la okupación, a la que se unen los intereses de la compañías de seguridad privada, ha dado sus frutos. Yo mismo, me he sorprendido recientemente usando la palabra okupa de manera torticera, y espero que no sea grave de cara a mi salud mental. El caso es que toda esta ofensiva mediática trata de hacer creer a la gente que, si se ausentan de sus hogares un tiempo, algún grupo de canallas se apropiará de la vivienda sin que se pueda hacer gran cosa para evitarlo. Los bulos se han sucedido desde hace tiempo, bien alimentados por la prensa y los políticos más reaccionarios, como esa estupidez de que un PSOE «radicalizado», junto a Unidas Podemos, legislan para sus «amigos okupas». No temo ser maniqueo cuando afirmo que estas estupideces, aunque podamos encontrar tambien ejemplos cercanos en una izquierda ‘oficial’ ni por asomo ‘radicalizada’, resultan más creíbles para cierto público con una ideología determinada. El movimiento okupa, no debería hacer falta aclararlo, siempre ha propugnado la ocupación de viviendas o locales deshabitados, y lo ha hecho con fines sociales, políticos y culturales.

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¡Viva la estulticia!

A estas alturas, supongo que mucha gente se habrá echado unas risas con el difundido vídeo de multitud de personajes esperpénticos clamando ¡Viva el rey! No puede ser de otro modo, especialmente, cuando ves a alguien como Toni Cantó, trepa descarado donde los haya, vociferar a los cuatro vientos, puño en alto, que las loas al monarca es «lo auténticamente progresista y revolucionario». Es muy posible que se trate de un trabajo humorístico encubierto, sobre todo cuando comprobamos que la iniciativa parte de una plataforma, o algo así, llamada Libres e iguales. Es decir, un grupito que afirma estar a favor de la igualdad de los seres humanos, concepto inequívocamente unido a la noción de libertad, tal y como han concretado de toda la vida los anarquistas, se muestra a favor de un sistema que demuestra, de forma más explícita que cualquier otro, que el privilegio existe y de qué manera. ¡Cosas de este indescriptible país llamado España! Otro gran momento hilarante, en forma de oxímoron, es cuando otro de estos ‘intelectuales’ surgidos de averno asegura que, porque cree en el republicanismo de verdad, grita ¡Viva el rey! No, no creo que el fulano se muestre sutilmente irónico y quiera significar algo tan cierto como que la forma del Estado, sea república o monarquía, esconde formas de opresión política. A pesar del involuntario tono jococo del asunto, yo, que he tenido la santa paciencia de ver y escuchar los 14 minutos (y un segundo) del inenarrable «trabajo» audiovisual, no he podido evitar que se me congele la risa entre los dientes.

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El inefable Pérez Reverte

Recuerdo una parodia de Joaquín Reyes, en la sección Celebrities de aquel gran programa de humor Muchachada Nui, dedicada al indescriptible juntador de palabras Arturo Pérez Reverte, donde de manera efectiva, más sutil de lo que puede parecer, ponía en su sitio al egocéntrico fulano. Disfrutadla, seguro que puede encontrarse fácilmente en Youtube o en la web de RTVE. Sin embargo, el cuestionable creador de best-sellers, como tantos otros personajes inefables de este bendito país, supera con creces a cualquier caricatura que nos esforcemos en realizar. Así, me entero hoy que en la promoción de su último libro situado en la Guerra Civil Española, y ahí debe estar la clave de sus mezquinos comentarios, se ha despachado a gusto contra la llamada Ley de Memoria Democrática, y no precisamente denunciando sus carencias para impartir de una vez por todas justicia histórica. Lo más grave e insultante, ha llegado a calificar de resentidos a las víctimas del fascismo. Creo que más iniquidad y mala baba, muy probablemente perfectamente estudiadas, no caben en las manifestaciones de este ser.

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¿Memoria democrática?

Recientemente, se ha aprobado por el gobierno español el anteproyecto de la llamada Ley de Memoria Democrática y pronto, al parecer, pasará al Congreso para debatirla y, supuestamente, aprobarla. A pesar de la inicua derecha (y ultraderecha, que viene a ser algo muy parecido) que padecemos en este inefable país, y de cierta parte de la población bastante botarate, quiero pensar que una mayoría ciudadana considera razonable una ley que, por fin, impartiera justicia histórica. La ley anterior de 2007, en tiempos de Zapatero, era más que insuficiente, ya que, aunque declaraba los tribunales franquistas ilegítimos, no anulaba las sentencias y, además, dividía a las víctimas en dos clases, antes y después de 1968. Aparentemente, el anteproyecto pretende reparar las insuficiencias de la ley previa, obliga al Estado a la exhumación de las fosas, pretender crear una Fiscalía específica para investigar los crímenes del franquismo y sí aspira a anular las sentencias franquistas, entre otras medidas. ¿Estamos por fin ante una Ley justa que anule el relato de punto y final iniciado en la Transición? Las voces críticas, sobre la ambiguedad de las medidas, no se han hecho esperar.

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