Colapso o no

Hay quien, bastante antes del inicio de esta crisis sanitaria en la que nos vemos inmersos, ya anunciaba que el capitalismo se encaminaba, más tarde o más temprano, pero de forma impepinable, hacia el colapso. La base de esta argumento estriba, principalmente, en el agotamiento de las materias primas energéticas, así como en los desastres concomitantes al cambio climático, pero también por otros factores aparentemente con menor entidad. Entre estos, precisamente, ya se anunció la posibilidad de epidemias o pandemias. ¿Nos encontramos, en este momento, en la antesala del colapso económico y, por ende, civilizatorio? Ni idea, tal vez tenemos cierta querencia por el advenimiento del apocalipsis, pero no está de más despertar nuestras adormecidas neuronas y activar algo la conciencia. Con estas semanas de parálisis industrial, se ha reducido la contaminación y el uso de combustibles fósiles, pero resulta obvio que es simplemente producto de una coyuntura si lo que conocemos como civilización continúa por el mismo camino.

Mucho más ingenuo puede ser pensar que estas crisis conlleve sin más la posibilidad de una nueva estructura social libertaria, que acabe con el mundo jerarquizado, que cuestione una tecnología alientante y que fulmine mentalidades y actitudes totalmente consumistas y mercantilizads. Aun así, no desfalleceremos en busca de ese horizonte. La crisis sanitaria, que nos ha confinado y que ha dado alas al Estado para tomar medidas abiertamente totalitarias, está ya dando paso a un escenario de lo que se presupone una terrible crisis económica y social. Situados en la antesala, poco menos que, del apocalipis, resulta urgente empezar a construir un mundo nuevo. Por supuesto, no es posible confiar en Estados, ni en las élites empresariales, ni en pieza alguna del sistema, ya que la intención pasa por volver a la situación anterior al escenario provocado por el coronavirus. Esto, como ya ocurrió en la inacabable crisis de hace pocos años, conllevaría necesariamente retrocesos sociales considerables, por no hablar de la legitimidad de los gobiernos para tomar medidas todavía más represivas. Por ese peligro, es el momento de aprender de verdad de las experiencias y adquirir conciencia sobre la necesidad de tomar medidas radicales, una palabra que no por denostada, nos cansaremos de otorgar su debido significado.

Medidas radicales, es decir, que profundicen en los problemas que aquejan a la humanidad, con y sin pandemia, y otorguen un respeto debido al medio ambiente donde incluimos al mundo animal. Desconozco, como empecé este texto, si el capitalismo se conducía de verdad hacia el colapso, ya que demasiadas veces ha demostrado su capacidad de mutación y de recuperación. Las alternativas autoritarias se han mostrado, no solo perversas y falaces, también terriblemente ineficaces. Hay quien considera que el anarquismo es algo perteneciente al pasado, y como todas las ideas y movimientos, no cabe duda que parte de sus postulados sean parte de un mundo que ya no existe. Una obviedad. Lo que está cargado de futuro, frente a cualquier tentación autoritaria, es la organización de la sociedad desde abajo, la búsqueda de la autogestión y de la acción directa, así como la construcción de valores fundamentados principalmente en el apoyo mutuo. Muy serio me he puesto en el exabrupto de hoy, pero es el momento dado la situación que estamos viviendo.

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