Ingobernables

Esta semana, la administración del trifachito en Madrid, encabezada por ese ser inefable que se llama Martínez Almeida, ha cedido el antiguo centro okupado La Ingobernable a una Fundación hispanojudía. Como la clase política es endogámica, no es sorprendente que esa organización está encabezada por otro fulano indescriptible como es Ruiz Gallardón. Por supuesto, como tenemos el nivel moral y político que tenemos, Almeida ha calificado a los que critican todo este infame proceso como antisemitas, algo para él signo de identidad de la izquierda (así, en general, algo que ciertos medios repiten cuando se critican las activdades represoras del Estado de Israel). Unos días antes, el botarate este, en un acto de homenaje a las víctimas del nazismo se preguntaba en abstracto cómo pudo sueder aquello. Hay que responderle, de forma muy concreta, que la forma en que se potencia el fascismo es, no ya con políticas firmes en su contra, ni siquiera realizando una condena rotunda e incluso pactando con fuerzas ultrarreaccionarias, como es el caso de su propio partido en diversas administraciones. Pero, volvamos al tema de La Ingobernable y de la okupación en general.

Para los que no lo sepan, La Ingobernable es, o era, un centro okupado, desde mayo de 2017, de unos 3.000 metros cuadrados en una ubicación privilegiada de Madrid. En este espacio, se realizaban todo tipo de actividades y emblemáticos colectivos sociales celebraban allí sus asambleas. Algunos miembros de la asamblea, algo muy controvertido y que no comparten por supuesto otros centros okupados, decidieron intentar pactar con la anterior Administración de Manuela Carmena. La cosa, no solo no tuvo éxito, sino que el expediente de expulsión fue iniciado por el llamado Ayuntamiento del cambio y finalmente concluido por el actual ejecutivo del PP, Ciudadanos y Vox. Hay que recordar que estas fuerzas abiertamente reaccionarias basaron su estrategia electoral, junto a gran parte de los medios, en criminalizar el movimiento okupa, mintiendo, mezclando churras con merinas, presentándolo como el gran mal presente en la capital del reino y prometiendo la expulsión de centros como La Ingobernable, producida a mediados de noviembre, y La Dragona, desalojada un mes anterior.

Como hemos dicho, la confusión y criminalización sobre la okupación ha sido siempre un hecho, aunque en los últimos años ha tenido una mayor repercusión mediática, ya que no es casualidad que se produzca cuando los problemas sociales son más evidentes. Se trata de una actividad de los movimientos sociales, manifiestamente ilegal, de acuerdo, pero realizada sobre espacios, viviendas, edificios o solares, en desuso. Claro que se trata, como dicen, de un ataque a la propiedad privada en muchos casos, pero nunca a viviendas de personas concretas, hay que insistir en que se trata de lugares vacíos. El caso de La Dragona, antes de convertirse en centro okupado, era de más de dos décadas abandonado y el de La Ingobernable, de un lustro. En algunos casos, con estas actividades, que hay que observar como una herramienta política, se resuelven situaciones de carestía de viviendas, pero se trata fundamentalmente de crear espacios alternativos al Estado y el Capital, lugares de trabajo, educación, ocio y toda suerte de actividades sociales. La okupación pivota en torno a los valores libertarios de autogestión, acción directa, solidaridad y horizontalidad en general, no es casualidad que su erradicación sea un empeño de las fuerzas más repugnantemente reaccionarias.

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