Virus mediáticos

De unas semanas a esta parte, los medios, bien acompañados por ese templo de la mistificación que son las redes sociales, han decidido que cierto virus, cuya mortandad se sitúa alrededor del 1%, constituía el problema más terrible del mundo mundial solo comparable a otras pandemias de siglos atrás. No es que hayamos creído demasiado a la Organización Mundial de la Salud, cuyo silencio ante los problemas más acuciantes para la humanidad resulta repugnante, por lo que no sé qué diablos tenemos que hacer ante sus alarmismos ante el llamado coronavirus. Terribles y lamentables los fallecimientos por este virus de nuevo cuño, pero atendamos a unos datos. Son cientos de miles los diagnósticos anuales de cáncer, problemas cardiacos y enfermedades degenerativas. Si viviéramos en una sociedad justa, o al menos aceptablemente justa y razonable, deberían dedicarse todos los esfuerzos a curar, o al menos paliar, todos estos males. No solo no es así, sino que nuestra gran OMS calla de modo repulsivo ante los elevados precios de los tratamientos, lo cual provoca la ruina de la sanidad pública en los países. Sigue leyendo «Virus mediáticos»

Estupidez, franquismo y homofobia

Recientemente, paseaba con mi padre por la madrileña plaza de Isabel II, más conocida como plaza de Ópera gracias a la sabiduría popular, cuando tuve ocasión de vivir otra anécdota inenarrable en lo que es la vida cotidiana de este país. Hace varios años que el Real Cinema, donde tantas películas disfruté en mi niñez, entre las que se encuentra aquella saga galáctica tan pervertida en la actualidad, permanece cerrado. Era así hasta el punto de que sus instalaciones externas sirvieron hasta hace poco de refugio a toda una comunidad de indigentes. Estremece, pasear por barrios acaudalados de la capital del Reino, con innumerables grupos de turistas atraídos por la historia de la capital, y contemplar un paisaje salpicado de personas tiradas en plazas y calles. No obstante, para los biempensantes siempre habrá una justificación de la situación de esa gente, seguramente vagos, adictos o maleantes. El caso es que este grupo lumpen fue, recientemente, desalojado de las inmediaciones del Real Cinema. El antigo cine y teatro es ahora propiedad de un poderoso grupo inmobiliario, que es lo mismo que decir que en manos del lado oscuro, y pretenden construir un hotel de no sé cuántas estrelalas, creo que antes de un año. Sigue leyendo «Estupidez, franquismo y homofobia»

Imaginario

Por mecanismos que me son ajenos, las personas, con diferentes grados, pueden dividirse entre aquellos que desean mejorar las cosas y otros que, sencillamente, piensan que vivimos en el mejor de los mundos posibles. ¿Progresistas y conservadores? Se me dirá que, hay que ver, que si el maniqueísmo, que si una visión simplista del mundo, y bla, bla, bla. Una vez, se equivoca esa gente de medio a medio y yo, por supuesto, me encuentro cargado de razón como demostraré ipso facto. En primer lugar, y sin ánimo alguno de claudicar, hay que aceptar que una gran parte de la población es, y es posible que lo fuera en cualquier otro modelo de sociedad, sencillamente conservadora. Esto es, en mi nada humilde opinión, que se limita, no solo a considerar que la sociedad es como es, sino que apuntala el sistema de manera obvia y consciente. Es cierto que apuntalar, apuntalamos todos en mayor o menor medida, en caso contrario, habría que mostrarse desobediente e insumiso en cada aspecto de nuestra vida: no pagar impuestos, buscar alternativas al consumo, etc., etc. Ya adelanto que el que suscribe no es ningún modelo al respecto y acepto falsamente contrito todas las críticas que se me puedan hacer al respecto. Sin embargo, una cosa es esa, que uno se vea más o menos obligado a vivir o sobrevivir en una sociedad que no le gusta, con arranques de valentía solo esporádicos, y otra muy distinta es ser un papanatas sin remedio. Sigue leyendo «Imaginario»

Ingobernables

Esta semana, la administración del trifachito en Madrid, encabezada por ese ser inefable que se llama Martínez Almeida, ha cedido el antiguo centro okupado La Ingobernable a una Fundación hispanojudía. Como la clase política es endogámica, no es sorprendente que esa organización está encabezada por otro fulano indescriptible como es Ruiz Gallardón. Por supuesto, como tenemos el nivel moral y político que tenemos, Almeida ha calificado a los que critican todo este infame proceso como antisemitas, algo para él signo de identidad de la izquierda (así, en general, algo que ciertos medios repiten cuando se critican las activdades represoras del Estado de Israel). Unos días antes, el botarate este, en un acto de homenaje a las víctimas del nazismo se preguntaba en abstracto cómo pudo sueder aquello. Hay que responderle, de forma muy concreta, que la forma en que se potencia el fascismo es, no ya con políticas firmes en su contra, ni siquiera realizando una condena rotunda e incluso pactando con fuerzas ultrarreaccionarias, como es el caso de su propio partido en diversas administraciones. Pero, volvamos al tema de La Ingobernable y de la okupación en general. Sigue leyendo «Ingobernables»

Torturadores

Recientemente, un amigo mío paseaba con su anciano padre por el céntrico barrio de este último en Madrid. Un hombre de cierta edad, al verles, sonrió abiertamente y se acercó a ellos, quería saludar al hombre que en cierta ocasión le ayudó en su actividad antifranquista. Hay que aclarar que el progenitor de mi amigo trabajó como sereno durante los últimos años de la dictadura. Para los más jóvenes, hay que recordar que este oficio, que creo que duró hasta finales de la década de los 70, consistía en una suerte de vigilantes nocturnos, que en algunas ciudades además se encargaban de abrir las puertas e incluso, en otros tiempos, del alumbrado de las calles. Por supuesto, no dejaba de ser otra forma de vigilancia social, de hecho iban armados con un chuzo y portaban un silbato para avisar a las autoridades en cualquier circunstancia sospechosa. En cualquier caso, el padre de mi amigo debe ser una buena persona, que de alguna manera ayudó a un vecino cuando la temible policía de la dictadura iba en su busca. Sigue leyendo «Torturadores»