Orgullo

De higos a brevas, uno tiene la insana costumbre de departir, incluso de forma cordial, con el vulgo. Consecuentemente, uno tiene que escuchar un volumen nada desdeñable de estupideces. Todos esos comentarios acerca de si es o no necesario la celebración del Orgullo, además de irritantes per se , esconden una actitud repugnantemente reaccionaria a poco que profundicemos. Y, ojo, lo digo yo que soy extremadamente crítico con la festividad del Orgullo, a debido a en lo que se ha convertido, más folclórica y acomodaticia, que reivindicativa. En cualquier caso, no hace falta aclararlo, bienvenido sea que las personas pueden expresarse libremente por su condición como les salga de sus órganos sexuales. Volvamos a los comentarios imbéciles de los reaccionarios. Hace no tantos años, el poder se dignó a reconocer ciertos derechos a las personas gais, entre los que se encontraba el del matrimonio. Uno, feroz opositor a toda atadura, se pregunta quién puede a estas alturas ejercer semejante derecho, pero ese es otro tema. Algo tan elemental como esto, que todos, no importan nuestros gustos ni ideas, tengamos los mismos derechos, suscitó la reacción inmediata de nuestros nada queridos reaccionarios. Los abiertamente fachas, por supuesto, pero también de aquellos que forman parte de la masa gris, que torcían levemente el gesto o soltaban algún irritante chascarrillo. Sigue leyendo «Orgullo»

Ciudadanos

Como será sabido para los que sigan este nada modesto blog, uno se pregunta una y otra vez cómo es posible que el vulgo se vea seducido reiteradamente por la dinámica del circo electoral de esta democracia representativa que sufrimos. Espero que se me entienda bien, no es que no comprenda que la mayoría ni siquiera conciba sobre el papel una sociedad sin poder político, sin una minoría que nos diga lo que hay que hacer. Lo que ya me cuesta un poco más es que se piense que algo va a cambiar, y me refiero a cambios verdaderamente sustanciales, simplemente porque los actores no sean los mismos. Uno de los casos más paradigmáticos, acerca de lo que quiero decir, es el del inefable partido llamado Ciudadanos (o en sus siglas C’s, que por cierto, por transgredir algo, lo hace de la norma lingüística añadiendo apóstrofos sin ton ni son). No estoy muy seguro de que la mayor parte del electorado, y en concreto los votantes del Ciudadanos, tengan un excesivo conocimiento político más allá de considerarse personas tibias en lo político (ya saben, de «centro», es decir, con tendencia a la derecha). Bueno, disculpen ustedes la condescendencia, y me muestro totalmente sincero, estoy seguro de la total ignorancia política de la mayor parte de la sociedad española. Sigue leyendo «Ciudadanos»

Murtaja

Es muy posible que ustedes, que leen estas líneas, conozcan ya la historia de Murtaja Qureiris. Este joven saudí, hoy ya en edad adulta, cuando tenía diez años, en plena primavera árabe en 2011, participó en una manifestación junto a otros niños. Megáfono en mano, pidió derechos humanos y democracia en el repulsivo régimen de Arabia Saudita. Tres años después, en 2014, el joven fue detenido con la acusación de arrojar un cóctel molotov a una comisaría de policía, algo negado por el chaval. Hay que decir que su hermano, otro joven activista, murió en 2012 a manos de la policía. Murtaja se enfrenta a varios cargos, entre los que se encuentran los supuestos gritos en contra del gobierno en el funeral de su hermano. Hoy, tras años de prisión preventiva, el joven se enfrenta a la pena de muerte, acusado de pertenecer a un grupo terrorista extremista. Si las acusaciones de «terrorismo» a activistas sociales se producen en ocasiones en Estados que se llaman democráticos, podemos imaginarnos lo que puede ser enfrentarse a eso en un régimen teocrático como el saudí, donde el monarca concentra el poder absoluto. Valga como ejemplo que la Fiscalía quiere, después de asesinar a Murtaja, imponer un castigo ejemplar con lo que ellos denominan «crucifixión». Eso es, el desmembramiento del cuerpo del ejecutado. Sigue leyendo «Murtaja»

Eméritos

Hoy domingo, el rey emérito anuncia en una plaza de toros el fin de sus actividades después de cinco años de abdicar en favor de su hijo Felipe. Un escenario muy apropiado, repugnantemente apropiado, para una institución reaccionaria y casposa. Al parecer, el fulano no se retira del todo, sino que sencillamente ya no tendrá la obligación de rendir cuentas de a dónde se dirige en ciertas ocasiones. Vamos, que ya no habrá una agenda oficial de las cositas que hace, aunque todos las sepamos o sospechemos. Entre cacerías repulsivas y cobro indignante de comisiones, cuyas investigaciones has estado adecuadamente blindada por su condición, así transcurre una vida de monarca cualquiera. Muy conocida, o debería serlo por todos, es su cercanía moral y económica a los muy democráticos reinados absolutistas de Oriente Medio. Del mismo modo, tal vez no importe a los botarates que hoy en día se siguen considerando monárquicos, pero el rey Juan Carlos se esforzó siempre en crear todo un conglomerado empresarial todopoderoso capaz de proteger como Dios manda los intereses de la Corona. Sigue leyendo «Eméritos»