Engendros mediáticos

Hay, al menos, una cosa positiva en el auge de ese partido de auténticos botarates reaccionarios que es Vox. Esto es, al menos para mentes mínimante lúcidas, que se está evidenciando el auténtico circo político y la permanente manipulación mediática en la que estamos inmersos. Pondré uno de los ejemplos más recientes. Hace escasos días, se anuncia la candidatura de un tipo llamado Fernando Paz en las listas de Vox  en la provincia de Albacete (sin chistes, por favor). Vaya por delante que, algo, conozco al tal Paz, habitual contertulio del inefable canal televisivo de Intereconomía. Uno tiene la cuestionable costumbre de, en lugar de alimentarse de lo mismo, escuchar y leer a aquellos que, poco o nada, tienen con sus muy peculiares imaginario, valores y visión del mundo. Bastante antes de que Vox estuviera en boca de casi todos, Fernando Paz junto a otros elementos de este ultrareaccionario canal ya propagaban el «ideario» de la fuerza política. Claro está, ideario por llamarlo de algún modo, ya que se trata del facherío de toda la vida de Dios, algo revestido de constitucionalismo y con sus buenas dosis de victimismo (ya que el propio Partido Popular les retiró las ayudas en su momento, recordemos que Vox no es más que una escisión de la derecha oficial). Vamos con Paz y el momento manipulación mediática, en versión progres versus ultraderecha.

Así, cuando Paz sale durante escasos días de la caverna mediática a la luz pública, los titulares generalistas se inundan de términos como «pseudohistoriador», «negacionista» y «homófobo». No hace falta aclarar que Paz, cuyo pensamiento es el mismo de Vox en términos generales, me parece ideológicamente impresentable, un reaccionario y fanático religioso (valga el pleonasmo). En primer lugar, no me parece correcto calificar de pseudohistoriador, sin más, a un tipo que sin duda está formado en historia y publica estudios al respecto. Puede que no nos gusten nada sus lecturas y conclusiones, pero la realidad está llena de (demasiados) matices. Por ejemplo, acabo de leer un libro de Stanley G. Payne, otro historiador peculiar, sobre el comunismo en España. Hace tiempo que no leía algo tan tendencioso, y sin embargo no se me ocurre calificar a Payne de pseudohistoriador. Sencillamente, es relativamente común arrimar el ascua a nuestra sardina ideológica ideológica, y puede que la mayoría de los historiadores lo hagan incluso más. A Paz se le ha tildado también de «negacionista», lo cual es también incierto, ya que no niega que existió el holocausto judío, sencillamente lo pone «en contexto». Es decir, siembra la duda sobre algunos datos, que empujarían a creer, por ejemplo, que no todos los asesinatos los cometieron los nazis y señala también, puestos a desviar la atención,  las atrocidades que cometieron las tropas aliadas. Infame, claro, pero es lo que «exactamente» dice este señor. Me viene muy bien la analogía de la Segunda Guerra Mundial con el conflicto civil español, ambos guerras contra el fascismo sobre las que se quiere sembrar las dudas. Así, estoy seguro de que el historiador Paz no niega que existió un golpe de Estado el 18 de julio de 1936, junto a la posterior dictadura franquista de casi cuatro décadas, pero seguro que pone todos estos hechos «en contexto».

De esa manera, si se tienen pocos escrúpulos, se puede abundar en cuestiones como, sin alabar explícitamente los fascismos español, alemán e italiano, lo mala que era la izquierda en general, incluso más golpista que la derecha (en generalísimo), y el ya tópico del permanente peligro del comunismo internacional, que todo lo justifica para salvar la civilización occidental. Esto es lo que sostienen historiadores de cierto éxito y prestigio, como el propio Payne, muy alineado a unos cuantos autores hoy algo desaparecidos mediáticamente como los indescriptibles Pío Moa y César Vidal. Fernando Paz, al que Intereconomía y sus escasos entusiastas califican como uno de los intelectuales más brillantes del país, está también en esa línea. La visión de todos estos autores no es nada nueva, no es más que una continuación de las tesis de los historiadores franquistas, de ahí que haya quien les haya negado el calificativo de «revisionistas». Es posible que, al menos en el terreno cultural, estos reaccionarios autores sean minoritarios y marginales (lo cual alimenta su propia condición de víctimas de una caza de brujas progre), pero otra cosa es a nivel político. La Transición a la democracia, con el subterfugio de la «reconciliación», abundó en esa idea simplista y mítica de españoles enfrentados, que es lo mismo que decir que no existían causas sociales y económicas para el conflicto (y, consecuentemente, mal hicieron todos y es mejor olvidar). ¿A dónde quiero ir a parar con toda esta verborréa ininteligible? Pues a que, efectivamente, la realidad está llena de matices y a veces ofrecemos una visión grotesca en esta sociedad en la que fluye permanentemente informacion tóxica sin espacio para la profundización. Me parece perfecto que se coloque todo el foco crítico sobre alguien políticamente impresentable como Fernando Paz, pero profundizando un poquito y diciendo exactamente lo que propone. Desgraciadamente, es mucho mejor construir un grotesco monstruo ideológico, no sea que acabemos reconociendo nuestra responsablidad en el auge de todos estos engendros políticos.

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