Desahucios

Ayer, se pusieron de acuerdo tres juzgados diferentes para ejecutar el desahucio a cuatro familias, en el mismo número de la misma calle, en el madrileño barrio de Lavapiés. Este es, de verdad, frente a tanta enajenación, el auténtico sistema execrable en el que vivimos. Un buen número de personas se personaron en el lugar para tratar de evitar la salvaje acción judicial y policial. Por supuesto, tanto estos activistas, como los propios inquilinos, estaba debidamente amenazados, en el caso de oponerse al acto de ejecución, por posible delito de desobediencia y resistencia. Y eso es a lo que parecemos condenados en este aborrecible sistema en el que vivimos, a desobedecer y resistir.  Este acto de ejecución de varios desahucios se ha coordinado como jamás antes de había visto. Ya mencionada la acción de tres juzgados distintos, a lo que se une un intolerable e inéditos dispositivo policial, ante el cual vecinos y activistas solo han podido exclamar «vergüenza», y una serie de operarios que han procedido a tapiar puertas, retirar carteles reivindicativos y colocar aparatos de videovigilancia. Me pregunto si todos estos tipos de hacen preguntas sobre el aborrecible trabajo que desempeñan. Sigue leyendo «Desahucios»

Facherío

Efectivamente, han adivinado el tema de hoy, que puede resumirse la frase el facherío está desatado. Y no me refiero solo a la reciente manifestación de las derechas, debidamente ordenadas en la foto de más moderada a más extremista (y no me pregunten a qué lado corresponde cada tendencia). Aclararé, aunque no debería ser necesario para mentes preclaras, que detesto especialmente el maniqueísmo, así como por supuesto, esa palabra que tanto agrada a los reaccionarios, tal vez por creer que se llenan de razón solo con mentarla, el sectarismo. Es decir, uno no emplea a diestro y siniestro, de manera gratuita, la palabra facha, y mucho menos como sinónimo de fascismo, donde ya entramos en una concreción política más refinada. El facha, con todos los matices que se quiera, viene a ser el opuesto a toda innovación, el que se resiste a toda reforma, no hablemos ya de reformas radicales. Lo que había el pasado domingo en la madrileña plaza de Colón era una manifestación facha, es decir, eran reaccionarios, aclaro, partidarios de valores tradicionales, o sea, opuestos a toda innovación, ya que piensan en no sé muy bien qué valores eternos. Muchos me dirán que eso no es así, que en dicho evento había pluralidad y no pocos reaccionarios moderados de centro. Piénsenlo, bien, por favor, contra qué diablos se estaba manifestando toda esa gente envuelta en la rojigualda. ¿Contra el botarate de Pedro Sánchez en el Gobierno? ¿Quizá exclusivamente contra radicales, totalitarios y separatistas?  ¿Tal vez para que España no se convierta en Cuba o Venezuela? Respóndanse ustedes mismos, los lugares comunes me revuelven las visceras. Sigue leyendo «Facherío»

Cine y política

Hace ya tiempo que puede escucharse, por parte de cierta grey reaccionaria, que la profesión cinematográfica en España es un nido de rojos, que usan dinero público para producir sus denigrantes historias fílmicas. Este discurso ha calado incluso en parte del vulgo y no resulta raro oir comentarios sobre las malas películas que se hacen en España y los reiterados mensajes progres que hay en ellas. Aunque estoy casi seguro de que los intelectuales que aseguran esto han visto escaso cine español, me pregunto si uno puede ser tan cretino de consumir reiteradamente algo que detesta. Es decir, al que suscribe le gusta bastante el cine, e incluso acaba viendo alguna que otra obra española, pero me atrevo a asegurar que no soy tan gilipollas de afirmar generalidades necias y pueriles sobre la cinematografía de ningún país y menos de manera ideológicamente interesada. Es más, tal vez por mi perseverante naturaleza cosmopolita, seguro que no exenta de cierta condición ingenua, acostumbro a juzgar a los creadores de cada obra de un modo particular. Uno es así de profundo y de estupendo. Sigue leyendo «Cine y política»

Venezuela

El mundo político en el que vivimos, perdonen la expresión, es una puta mierda. Y ya saben, lamentablemente, «todo es política». Como en tantos otros conflictos de lucha por el poder, tal vez en este caso de manera más evidente, la situación en Venezuela es repugnante. Por unos y por otros, poderosos anclados en el poder o poderosos aspirantes a estarlo. Sobre la llamada revolución bolivariana, también denominada régimen chavista según otras fuentes, hace muchos años que soy, por decirlo en palabras fáciles de asimilar, profundamente crítico. Es cierto que, al menos en sus primeros años, el carismático Chávez llevó a cabo ciertos logros sociales. Obvio resulta recordar que todo sistema, por muy autoritario que sea, tiene sus cosas buenas y, auque sea para apaciguar a las masas, cierta política social. Lo que no parece ético es, como ha hecho hasta la extenuación cierta izquierda europea, es magnificar los logros de un régimen con un apoyo incondicional y venderlo como la revolución definitiva que nos traerá el paraíso socialista. Sí, suena a caricatura, pero no está muy alejado de la realidad que hemos vivido con la Venezuela chavista durante años. Ahora, hasta Pablo Iglesias ha tenido que desmarcarse del apoyo a los logros chavistas. Sigue leyendo «Venezuela»