Carnavales

Hace ya décadas, allá por los años 50 del siglo XX, que el genial Billy Wilder, con su Ace in the hole (creo que en España, no muy conocida, la llamaron El gran carnaval), advirtió sobre la explotación mediática de una tragedia, y estupidez social en general que se formaba en torno a ello: la de una persona atrapada en un pozo. No muchos años después, Debord y los situacionistas crearon una obra clave sobre el capitalismo y la insaciable necedad consumista: La sociedad del espectáculo. Según la tesis de la misma, no hay ya una realidad que vivamos directamente, sino meras representaciones; las imágenes se nos colocan delante para impedir un contacto directo con la realidad. Si hay tantas veces que se ha insistido en que el tener hace ya tiempo sustituyó al ser, ahora hemos dado paso simplemente al parecer. No es casualidad que uno de los estupidos neologismos de moda sea ese del postureo. También este postureo, consciente o inconscientemente, pretende tener componentes solidarios. Sigue leyendo «Carnavales»

Kultura

La llamada izquierda, sea lo que sea lo que signifique eso a estas alturas, siempre ha tenido una confianza exacerbada en la cultura como herramienta emancipadora. Esta afirmación, que corresponde más bien a la llamada modernidad, hoy que dicen que estamos en una sociedad posmoderna, es digna de ponerse en cuestión. Y no lo digo porque no haya infinidad de militantes progresistas, sea lo que se lo que eso venga a significar, que no crean honestamente que el enriquecimiento cultural genera una nueva conciencia en las personas, lo cual dará lugar a la nueva sociedad y bla, bla, bla. Veamos por qué digo lo que digo. Yo mismo, aunque hubiera sido mucho más feliz de otro modo, que he sido un ingenuo izquierdista y he tenido una serie de descacharrantes inquietudes intelectuales desde temprana edad, muy vinculadas encima a la reflexión política, me he encontrado con un muro de hormigón cuando he tratado de profundizar en según que cosas y he corrido alborozado a mostrarles la luz a los demás. Cuando digo los demás, no me refiero a un minoría a modo de vanguardia intelectual, no, me refiero al pueblo llano (que uno ha tratado a veces). Sigue leyendo «Kultura»

Esperpentos políticos

Uno, que es un gran amante de la sátira política en la ficción, no puede menos que inquietarse ante la proliferación de películas supuestamente abonadas a este género. Si hace una semana, se estrenaba Silvio (y los otros), sobre un personaje como Berlusconi, que parece increíble que gobernara Italia durante varios años, ahora llega a las pantallas españolas El vicio del poder, centrado en la figura de Dick Cheney, el que fuera vicepresidente de Estados Unidos bajo el mandato de George Bush Jr. Insisto, me encanta el cine político, más en concreto la comedia en forma de sátira inteligente donde se ridiculice el poder en cualquiera de sus formas. El primer problema que observo, de entrada, con todos esos nombres que he mencionado anteriormente es que la realidad resulta insuperable de cara a cualquier relato de ficción. De hecho, es así hasta el punto que al visionar esos filmes uno tiene que mostrar cierta perplejidad ante la intención de sus autores, no sabe si está viendo un biopic al uso, eso sí con personajes grotescos, o efectivamente hay una intención satírica y crítica con la realidad del poder. Como ejemplo perfecto de sátira que cumple sus funciones, mencionaré una maravilla como In the loop, película de hace una década, protagonizada por un estólido consejero del primer ministro británico y centrada en cómo los gobiernos más poderosos pergeñan una guerra a su antojo. Sí, los personajes son desmedidos, las situaciones disparatadas y los diálogos excesivamente procaces, y por supuesto desternillantes, pero sabemos que la realidad no pudo estar muy lejos de lo que se nos cuenta. Las formas son las de una comedia excesiva, incluso una farsa, pero el fondo funciona a la perfección como crítica política. Sigue leyendo «Esperpentos políticos»

Populismos

Hasta las gónadas de leer y escuchar la palabra ´populismo´por doquier. Políticos, contertulios mediático, y otras gentes de malvivir, emplean el término refiriéndose a sus rivales, a los que no piensan y actúan de manera correcta como hacen ellos, hasta el hartazo. Todo el mundo advierte sobre el auge del populismo, hasta el Papa Francisco lo ha hecho, que no deja de ser un pontífice la mar de simpático, progre y populista. Lo más curioso es que, en el terreno político, tras el auge hace unos años de Podemos en nuestra tierra patria, junto a otros movimientos europeos similares, y a pesar de su primigenia ambigüedad ideológica, estos eran los que recibían el calificativo de populistas (de izquierda, se entiende). Estas acusaciones estaban basadas, creo recordar, en su discurso algo maniqueo de crítica a las élites, la casta en el caso autóctono, y por arrogarse estas nuevas fuerzas políticas la voluntad de la gente de a pie (esa abstracción llamado pueblo, que unos y otros manipulan a su antojo). Ojo, uno no no niega la existencia de una repulsiva casta privilegiada digna de ser puesta a trabajar cuanto antes, pero uno observa, de forma harto desconfiada, ciertas intenciones de «quítate tú para ponerme yo». Sigue leyendo «Populismos»