Creencias

Hay quien me acusa, no sin cierta razón, de utilizar un tono visceral en los escritos plasmados en este blog. Qué le vamos a hacer, coherentemente, la actualidad política le revuelve a uno las tripas, se produce cierta actividad de regurgitación y las consecuencias son obvias. También se me espeta, con cierto tono admonitorio, que soy excesivamente destructivo, que yo creo que viene a significar que me excedo con la crítica (lo cual, dicho sea de paso, para mí es todo un elogio). Cierto es que el que suscribe se pasa en su enjuiciamento de la realidad y, muy probablemente, uno quiera compensar, reconozco que con una dosis de soberbia y ambición nada desdeñables, la más que lamentable ausencia de pensamiento crítico de gran parte del personal. Y es que la especie humana, junto a la consecución de algunas cosas memorables, todo hay que decirlo, tiene una irritante tendencia hacia el borreguismo y, consecuentemente, a la creencia en cualquier majadería. Sobre la actitud borreguil, poco hay que opinar, desgraciadamente está demostrado que si la mayoría del rebaño realiza cierta actividad, por poco sentido que tenga, un gran porcentaje va a realizar lo mismo (por no sé qué narices de miedo al rechazo social, creo que dice la disciplina esa de la psicología social). No desesperemos, tal vez a los miembros de algún grupo les dé por respetar su propia individualidad, pensar por sí mismos, y el resto del rebaño, aunque sea por mímesis, le dé por hacerlo también. Sigue leyendo «Creencias»

Animales

Que en una país del sur de Europa, exista la execrable tradición cultural de torturar a un pobre bicho hasta su muerte no debería ser para estar orgulloso. A no ser, claro está, que nos refiramos a otra clase de orgullo vinculado al facherío de toda la vida de Dios. Seguro que no es casualidad, pero sí causalidad, que los defensores de las corridas de toros las emparenten con los más nobles valores patrios. Solo basta observar a ese ente animado que lidera Vox, montando gallardamente a caballo al lado de uno de esos profesionales matarifes, empecinado en la reconquista de Andalucía. No, no es una caricatura surgida de alguna mentalidad progre, esta gente se retrata a sí misma para regocijo u horror del personal mínimamente despierto. Desde que, más o menos, tengo uso de razón, las corridas de toros me han parecido una atrocidad indescriptible solo admisible para espectadores despiadados. Sigue leyendo «Animales»

Reyes

Resulta muy saludable la obra que nos ocupa hoy, no solo para ejercitar eso tan maltratado en este inenarrable país que es la memoria histórica, también para comprender la absoluta falsedad en la que estamos instalados con el discurso oficial de la llamada Transición democrática. Hablo de El rey, un película dirigida por Alberto San Juan y Valentín Álvarez, que antes fue un montaje teatral a cargo del madrileño Teatro del Barrio. Un monarca, ya anciano y recién destronado, es asediado por fantasmas del pasado, que le recuerdan las diversas etapas de su vida hasta acabar en la triste realidad del siglo XXI. Como los artífices de esta obra han querido dejar las cosas diáfanas ese rey se llama Juan Carlos I y los seres que le visitan tienen nombres como Don Juan, Alfonso de Borbón, Francisco Franco, Rodolfo Martín Villa, Adolfo Suárez o Felipe González. Las preguntas sobre lo que hoy somos, a pesar de los que permanentemente pretenden afirmar lo contrario, obligan a mirar hacia atrás: el pestilente hilo conductor que une la dictadura franquista con la Transición y con la Monarquía. Sigue leyendo «Reyes»

Falsarios

Uno se pregunta cómo, ante las constantes mentiras de la clase política, la ciudadanía es seducida una y otra vez por la manipulación electoral. Dichos embustes, dirigidos principalmente a sus propios feligreses en función de las simpatías de cada uno, se producen por supuesto a ambos lados del espectro político. Así, cuando cada uno de estos personajes van siendo oficialmente pillados en sus corrupciones y corruptelas, a nivel tanto moral como material, niegan la mayor a pesar de existir numerosas y palpables pruebas documentales. En otro momento, nos ocuparemos de los embustes manipuladores de nuestros políticos actuales, pero me gustaría ocuparme ahora de dos de los «mayores estadistas» de la historia reciente de este inefable país. Empiezo por lo fácil, que es atender a los vómitos cargados de falsedad expresados recientemente por el repulsivo José María Aznar. Este personaje aseguró no conocer a Francisco Correa, uno de los principales delincuentes condenados en una de las mayores tramas criminales de este país, la Gürtel. Nos tenemos que tragar dicha mentira, expresada sin pudor, a pesar de ser uno de los principales testigos de la boda de la hija del nausabundo Aznar, además de la persona que corrió con gran parte de los gastos, y ser el organizador de los mitines del Partido Popular. Sigue leyendo «Falsarios»

Constituciones

Hoy, que se cumplen no sé cuántos años de la llamada Constitución democrática en este inefable país, me vienen a la cabeza unos cuanto símiles (sea lo que sea lo que signifique eso). Uno piensa en las religiones que se basan, al menos las llamadas monotéistas (es decir, esas en las que el ridículo solo se expone ante la creencia en un único despropósito), en los llamados textos sagrados. No es casualidad que estas religiones dogmáticas, valga la redundancia, se denominen también «del libro» (o algo similar, perdonen ustedes las inexactitudes producto de un fracasado sistema educativo). Así, estas palabras sagradas, dictadas normalmente por una serie de iluminados con afán profético, deben ser acatadas por los incautos y muy subordinados feligreses sin, por supuesto, el menor asomo de crítica. No importa que estos libros fundacionales normalmente estén plagados de disparates y promesas de liberación incumplidas, se trata de la Verdad revelada, escrita con mayúsculas con todas las intenciones. Solo una nueva panda de reformadores visionarios, al supuesto servicio de una divinidad inexistente, puede realizar algunas interpretaciones, cambios adaptados a los nuevos tiempos, pero siempre diseñados para mantener intacto el tinglado. Porque la creencia religiosa, huelga aclararlo, suele ir vinculada a la creación de instituciones jerarquizadas, donde unos privilegiados mandan y otros menesterosos se arrodillan, ambos roles exentos de vergüenza por diferentes motivos. Sigue leyendo «Constituciones»

¡Enajenados!

Una de los subterfugios habituales, de los optimistas antropológicos, y no digo que yo me aleje siempre de semejante condición, es pensar que hoy existe más enajenación que nunca. Esto es, creo, cuando el personal se siente extraño a sí mismo, sus actos ya no le pertenecen y los mismos pasan a convertirse en dueños de la persona, la misma acaba subordinándose a ellos e, incluso, los termina por idolatrar. Si lo queremos expresar de otro modo, podemos poner sobre la mesa factores de toda índole para excusar que la gente se comporte como auténticos gilipollas. De esa manera, el común de los mortales estaría dominado por determinadas fuerzas externas, que le empujan a situarse en una realidad ajena, desgraciadamente, bastante imbécil, que le empuja a realizar una estupidez tras otra. Autores sesudos aseguran que esta situación de produce con el desarrollo del capitalismo y de la sociedad de consumo, y no decimos de entrada que no sea así, aunque se nos antoja un poco abstruso el discurso. El principal problema que observo con este análisis es que, si consideramos que el ser humano tiende a realizar una conducta digamos «desviada«, no propia del ser humano, es porque debería existir un comportamiento «correcto». Mucho suponer. Ojalá sea así, de ahí mi inevitable y ocasional optimismo, aunque es inevitable pensar que, al margen de que exista la más mínima posibilidad para un comportamiento extendidamente racional en la especie humana, no hay duda de que también existen condiciones inherentes para que, al menos una mayoría, se comporte como una manada de borregos. Sigue leyendo «¡Enajenados!»