Banderas para mocos

Como si fueran pocas las polémicas con el inefable Willy Toledo, ahora resulta que el humorista Dani Mateo es objeto de insultos y amenazas por ejercer su trabajo. Al parecer, yo no le he visto, ya que uno no ve demasiada televisión (en serio, lo digo de verdad), en determinado gag, el colaborador del Gran Wyoming llegó a sonarse los mocos con una bandera (creo que constitucional, lo cual aumenta en mi opinión notablemente la dosis de humor subversivo). Como este país está plagado de gente que se ofende por sus creencias, falta sentido del humor y sobra estulticia, la reacción no se ha hecho esperar y, además, de forma poco sutil y pacífica. Aunque, a priori, y a diferencia del pobre Toledo, el asunto no es objeto de proceso judicial, existe un ignoto sindicato de las sacrosantas fuerzas del orden que ha denunciado a Mateo por infringir no sé qué hostias de artículos del código penal. Aunque uno es sumamente exigente con la presencia de inteligencia en el humor, el gag de El intermedio tenía su gracia: ante tanta celebración nacional, y la falta de un símbolo que una a todos los españoles, unido al descenso de las temperaturas y el aumento de resfriados, «el texto que realmente crea consenso es el prospecto del Frenadol». Por supuesto, acto seguido Mateo estornudó y vino la escena de la polémica. Lastima que el humorista no tardaría en aclarar en Twitter, ese reino de la inquisición, que su intención no era provocar y, más grave aún, retirar el vídeo del gag por parte del canal laSexta. Sumisión al poder frente al humor y la libertad de expresión.

Incluso, en antena, Wyoming y Mateo llegar a pedir perdón por el sketch, quiero pensar que con no pocas dosis de ironía encubiertas con dos palabras «sinceras disculpas». Sabemos que todo esto son polémicas estériles bien alimentadas por ese esperpetento alienante llamado redes sociales para que el vulgo, al menos el más nuestro, se muestre entretenido, mientras se alimenta a la fiera reaccionaria al mismo tiempo. Nos preguntamos si algún día, en lugar de observar el personal la sociedad del espectáculo con suma estolidez, sea capaz de tomar la más mínima conciencia sobre los que le ponen el pie encima. No obstante, no le quiten importancia al asunto de la bandera, uno de esos políticos herederos del franquismo, al parecer primo de Rajoy, ha insinuado que daría 1.000 euros a quien le parta la cara a Dani Mateo, «ese bellaco». Al final, va a tener razón Willy Toledo y al fascismo solo se le combate a hostias, ya que no entienden otro lenguaje. Precisamente, la descompensación puede que venga por la falta de humor inteligente en el espectro conservador.  Echen ustedes un vistazo a los monólogos de ese ser inefable, autoconsiderado «el follonero de la derecha», Cake Minuesa,  y les invadirá una incomoda sensación de vergüenza ajena.

Como parte de todo este circo mediático, donde se pone en entredicho una libertad de expresión, con un margen que debería ser incluso mayor por estar salpimentada de «humor», mencionemos el caso del poema sobre Irene Montero. La asociación de jueces Franciso de Vitoria, cuyo nombre no invita ya precisamente al acercamiento, publica en su revista hace un año un vomitivo e irreproducible poema, sexista y sin la menor gracia, sobre Montero y su pareja Iglesias. Al final, la pandilla de juristas, ante la inemitable demanda, van a tener que soltar una pasta en nombre de la vulneración al derecho al honor (o algo así). No, no digo que me parezca bien la sentencia, a uno le gustaría no tener nada que ver con el mundo jurídico (y menos con el humor que destilan). En cualquier caso, es un ejemplo sobre la mencionada descompensación a uno u otro lado del espectro ideológico. Bendita sea la irreverancia y maldita la caspa. Sea como fuere, hagamos tabla rasa, dejemos de cogérnosla con papel de fumar, despertemos un poquito las neuronas, y a ser posible algo la conciencia, y ejerzamos una ilimitada libertad de expresión, de humor y, especialmente, de crítica. Como colofón al asunto que nos ocupa, y como no podía ser de otra manera, propongo que se comercialicen con urgencia pañuelos con bonitos colores de enseñas nacionales. Pañuelos de sonarse los mocos, of course.

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