Posverdad

Allá donde mires, escuches o leas, aparecen por doquier de manera harto irritante ciertos términos puestos de moda, empleados gratuitamente y, reiteradamente, utilizados como armas arrojadiza contra el rival político. Es el caso de la palabra ‘populismo’, cuyo origen parece estar en el éxito de ciertas fuerzas políticas electoralistas de nuevo cuño, tanto a diestra como a siniestra. Los charlatantes que acusan al rival de ‘populista’ o, por ejemplo, de ‘demagogo’, de manera hipócrita obvian que la democracia representativa se basa, sencillamente, en esos subterfugios (palabra que incluyo muy a menudo para parecer más culto). La ‘demagogia’, señoras y señores es decir, la seducción de las masas, con mentiras obvias más que a menudo, y el ‘populismo’, es decir, el arrogarse la voluntad y los deseos del ‘pueblo’ (otra cabreante estrategia de la clase política ), lo emplea los aspirantes electoralistas al completo a ambos lados del espectro político. Ahora, nos llega, de manera exasperante, el vocablo ‘posverdad’. Perdonen ustedes las preguntas que lanzo a continuación, ¿Somos capaces de otorgar contenido al lenguaje? Consecuentemente, ¿podemos analizar la realidad de manera razonablemente objetiva para no ser manipulados? ¿Nos queda algo de pensamiento crítico o las neuronas humanas se disipan al ritmo de tanto «teléfono inteligente»? Como tememos las respuesta, analicemos el asunto con nuestra ausencia de modestia habitual. Sigue leyendo «Posverdad»

Lucha de clases

Hoy, nos recuerda El Roto, con ese humor sin par que deja una sonrisa helada a los que tengan un mínimo de conciencia, que la lucha de clases en la actualidad enfrenta a pobres contra pobres. Creo que fue un anarquista de la primera hornada, es decir, antes de un siglo XX plagado de un desastre tras otro, el que dijo que los partidarios de la corriente socialista de Estado, de la conquista del poder, acabarían logrando que la mayor parte de las personas odiaran el concepto de «comunismo». Desgraciadamente, fueron palabras premonitorias ante lo que sería un régimen totalitario tras otro, con la legitimidad moral de, presuntamente, acabar con las diferencias de clase. He de decir que, yo mismo, aunque nunca me definiría como anticomunista, ya que es algo que conlleva connotaciones repugnantemente reaccionarias, siento una precaución extrema ante las banderas rojas. No obstante, incidir en esto es visto por cierta izquierda como hacerle el juego a la reacción. O blanco o negro, rojo o azul. Yo sigo prefiriendo el negro. En cualquier caso, un lenguaje añejo y maniqueo por parte de gente que, con toda su buena intención si quieren, acaba siendo inequívocamente reaccionaria al insistir en modelo fracasados que no conducen ni por asomo a la tierra prometida. En otras palabras, el comunismo, el supuesto socialismo de Estado convertido en una inmoral praxis totalitaria ha sido una puta mierda. No, como afirmó Marx, los trabajadores no se vuelven inevitablemente revolucionarios y, mucho menos, a hostias. Sigue leyendo «Lucha de clases»

Creyentes

Yo de (muy) joven fui un fervoroso creyente político. No en el sentido estrictamente religioso, pero viene a ser una cosa muy parecida para el asunto que nos ocupa. En mi caso concreto, muy escorado a la izquierda en mis años mozos, la creencia consistía en confiar en el sistema electoral para cambiar las cosas (a mejor, se entiende). Tengo que decir, dejando a un lado todo asomo de modestia, que ello no me hizo caer en ninguna suerte de papanatismo ni abrazar dogma alguno (cosas muy equiparables). A pesar de eso, como a todo creyente de cualquier pelaje y nivel, me otorgaba una dosis nada desdeñable de tranquilidad existencial, que ahora ni tengo ni busco. La cuestión es que, con los años, mi ateísmo político se ha ido incrementando sin que, y aquí es donde empiezo a hablar un idioma desconocido para gran parte del personal, me haya convertido en una especie de pasota ni en un sinvergüenza (al menos, no para una determinada visión de las cosas alejada de la reacción). En lugar de este último y despectivo apelativo, iba a emplear el de «cínico» en su acepción más vulgar, pero tengamos un respeto por esta escuela de filósofos, nada carentes de vergüenza en el peor sentido, y sí excéntricos y escépticos sobre las convenciones sociales. Sigue leyendo «Creyentes»

Banderas para mocos

Como si fueran pocas las polémicas con el inefable Willy Toledo, ahora resulta que el humorista Dani Mateo es objeto de insultos y amenazas por ejercer su trabajo. Al parecer, yo no le he visto, ya que uno no ve demasiada televisión (en serio, lo digo de verdad), en determinado gag, el colaborador del Gran Wyoming llegó a sonarse los mocos con una bandera (creo que constitucional, lo cual aumenta en mi opinión notablemente la dosis de humor subversivo). Como este país está plagado de gente que se ofende por sus creencias, falta sentido del humor y sobra estulticia, la reacción no se ha hecho esperar y, además, de forma poco sutil y pacífica. Aunque, a priori, y a diferencia del pobre Toledo, el asunto no es objeto de proceso judicial, existe un ignoto sindicato de las sacrosantas fuerzas del orden que ha denunciado a Mateo por infringir no sé qué hostias de artículos del código penal. Aunque uno es sumamente exigente con la presencia de inteligencia en el humor, el gag de El intermedio tenía su gracia: ante tanta celebración nacional, y la falta de un símbolo que una a todos los españoles, unido al descenso de las temperaturas y el aumento de resfriados, «el texto que realmente crea consenso es el prospecto del Frenadol». Por supuesto, acto seguido Mateo estornudó y vino la escena de la polémica. Lastima que el humorista no tardaría en aclarar en Twitter, ese reino de la inquisición, que su intención no era provocar y, más grave aún, retirar el vídeo del gag por parte del canal laSexta. Sumisión al poder frente al humor y la libertad de expresión. Sigue leyendo «Banderas para mocos»

Ni de izquierdas, ni de derechas

Cuando alguien asegura no ser de izquierdas ni de derechas, ya lo dijo el clásico,  ya sabemos que es de derechas. Hay que recordar que esa denominación de un lado u otro del espectro polìtico tiene su origen en la Asamblea Constituyente después de la Revolución francesa; a la derecha del presidente, se aposentaron los partidarios del Antiguo Régimen y, a su izquierda, los del nuevo. En la actualidad, con una gran cantidad de personas que se consideran «de centro», sea lo que sea lo que significa eso, esas categorías simplistas parecen en franca decadencia. Diré en primer lugar que, efectivamente, calificarse de manera tibia como centrista esconde, según mi nada modesta opinión, una actitud ambigua más bien conservadora. Ya nos advierte la Biblia acerca de esto: «Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». Y me remito a la experiencia personal, ya que uno tiende mucho a la regurgitación política. Es cierto que se ha abusado de manera maniquea y simplista de ambos términos, aunque si echamos un vistazo al lenguaje la cosa es aún peor: lo diestro alude a algo correcto y positivo, mientras que lo siniestro evoca lo perverso y diabólico. Eso sí, si lo correcto es la mediocridad imperante, hace que uno simpatice aún más con la izquierda, qué quieren que les diga. Sigue leyendo «Ni de izquierdas, ni de derechas»

Fascismo

Me acabo de enterar de que a Guillermo Toledo, ser humano que no gana para querellas y polémicas, le ha demandado Vox por haber declarado que el fascismo «se combate a hostias» (mucho más contundente esta palabra con hache, dejémonos de gilipolleces). Dicha manifestación dialéctica se produce, al parecer, en un programa de televisión que al parecer dirige Monedero, al que alguien debería aclarar que está exento de carisma como conductor audiovisual todoterreno. No obstante, todo hay que decirlo, el (creo que) exdirigente de Podemos, le afeó las palabras al actor recordando que hay formas más inteligentes de combatir el fascismo (educación, conciencia, etcétera, etcétera). Bien, leído así el titular, la relación entre Vox y el fascismo parece clara y motivo de la querella, aunque no sería por eso, sino al parecer por haber incitado al odio y la violencia contra un partido (fascismos aparte). Es decir, Abascal y su troupe no se quejan de que se les identifique con el facismo, sino por afirmar que la única solución contra ellos es liarse «a hostias» (¡cómo me gusta repetir la palabreja!). En la conversación entre Monedero y Toledo, en la que este se alarma por la inactividad de la izquierda parlamentaria ante el auge de la «ultraderecha», con la que se identifica «fascismo» y «franquismo», acaba aludiéndose a Vox e incluso a una supuesta alianza con PP y Ciudadanos (donde, semejante triada, sería claro está fascista). Al margen de todo esto, que me importa bastante poco, ya que, no es más que una muestra más de la mediocridad de este país plagado de bocazas y quejicas, me interesa el asunto del fascismo. Sigue leyendo «Fascismo»