Relatos históricos

Una de las palabras de moda, en nuestra muy irritante sociedad mediática en la que la hondura intelectual brilla por su ausencia, es la palabra «relato». Esto es, la creación de una «verdad» histórica para justificar una determinada ideoogía y visión de las cosas. Así, se insiste sobremanera en la falsedad del relato construido por los nacionalistas, catalanes para el caso que nos ocupa, para legitimitar su particular proceso independentista. Por supuesto, adelantemos que se trata de algo profundamente detestable, la de falsear la historia para adoctrinar. Sin embargo, si uno de mis humoristas preferidos asegura que el nacionalismo de unos solo encrespa de verdad, hasta límites irracionales, a los que están dispuestos a defender otro tipo de nacionalismo (lease, el español), algo parecido ocurre con los relatos de marras. Así, el inefable secretario general del Partido Popular, el mismo fulano que aseguró en cierta ocasión que la izquierda es la auténticamente reaccionaria al insistir tanto en el pasado, fiel a su herencia franquista, soltó unas cuantas perlas históricas dignas de aquello de que España venía a ser una unidad de destino en lo universal. En el Día de la Hispanidad, ya saben, no confundan con el futurible Orgullo facha, y ante una audiencia facilona, vino a decir que en esa jornada se celebraba el evento más importante para la humanidad. Esto es debido a que, al parecer, hace más de cinco siglos los españoles descubrieron un nuevo mundo. Si hay que ser muy bodoque para sentirse orgulloso de ser español, le añadimos además una supuesta trascendencia histórica obviando las palabras que más se adecúen a la realidad, el asunto adquiere ya despropósitos cósmicos. ¡Toma relato, aprended, nacionalistas periféricos!

Además, el indescriptible Pablo Casado añadió alguna falsedad de forma más concreta, y muy al gusto del consumidor, como que España es la nación «más antigua de Europa» (sic), algo que al parecer ya aseveró el anterior líder del partido conservador, el no menos inefable Mariano Rajoy. Por supuesto, no hace falta conocer mucho de historia para dilucidar una versión histórica más propia del franquismo, lo cual tampoco es que sorprenda demasiado. No, no es la «izquierda» la que insiste en desenterrar al genocida dictador, es la derecha de este país la que insiste en mantenerlo vivo con esos discursos de baratillo, plagados de retórica grandilocuente de escaso recorrido intelectual, pero que parecen alimentar de una u otra manera a parte de la gente. Por otra parte, muy a tono con la visión impuesta en este país sobre nuestra realidad reciente en la que un golpe de Estado criminal y una dictadura de cuatro décadas, que quieren verse en el mejor de los casos como un mal temporal que hubo que pasar, todavía nos determinan en la actualidad. Volvamos a la cuestión nacionalista y sus relatos fantásticos. El concepto de nación es, por supuesto, algo muy cuestionable, con factores culturales tantas veces subjetivos, y una identidad colectiva siempre amenazante para el desarrollo personal. Esto es así hasta el punto que determinar en qué momento nace esa idea, que viene a ser más bien un sentimiento, y recordemos que los sentimientos tantas veces nublan la razón, resulta harto difícil.

Por ello, sean nacionalistas de uno u otro pelaje, me resulta muy miserable distorsionar la historia para alimentar ese sentimiento nacionalista, siempre excluyente, ya que nos distingue del otro, del que está al otro lado de la frontera. Si además, vamos a exaltar un imperio creado por esa nación, obviando sus innegables elementos de conquista y aplastamiento de otras culturas, pues la cosa resulta ya abiertamente nauseabunda. Además, aunque ya hemos dicho que obviamente no es cierto que España sea la nación más antigua, el mismo tipo que acusó a los demás de reaccionarios, quiere ver un valor sin más en el paso del tiempo. Ninguna sorpresa viniendo del líder de una fuerza política derechista con indudables lazos con una dictadura de carácter conservador con algunos tics fascistas. Este es el «relato» impuesto en este país, la de que la Conquista de América tuvo en realidad un afán civilizatorio; se llevó la auténtica cultura, el Cristianismo, a pueblos bárbaramente atrasados. Sí, la historia de la humanidad está plagada de conquistas, guerras y todo tipo de salvajadas de unos seres humanos sobre otros, pero por eso mismo no se puede asimilar una visión tan grotescamente maniquea. Empecemos a cuestionar nuestra propia cultura, por favor. Tal vez, sea el comienzo de algo mejor para la humanidad. Por supuesto, trato de dirigirme a lectores mínimamente lúcidos y honestos, no a los que se afanan en agitar banderas.

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s