Orgullo facha

Hoy es el Día de la Hispanidad, la fiesta nacional de este país llamado España. Particularmente, me considero feroz y reivindicativamente apátrida, al menos en un plano espiritual, ya que la realidad material es que nos obligan a todos los seres humanos a tener una nacionalidad legal. Al parecer, hay muchas personas que, enajenadas o no, no solo no observan esa situación como una obvia imposición geográfica por parte de una burocracia, al servicio de una clase dominante, sino que además se muestran harto orgullosos de pertenecer a un determinado país en el que tuvieron la suerte de nacer. Estoy de acuerdo con el gran El Roto: en este mundo en el que vivimos, da vergüenza pertenecer a cualquier lugar. Por otra parte, en esta estúpida guerra de banderas que sufrimos últimamente, se ha extendido la diferenciación entre nacionalismo, que vendría a ser egoísta y excluyente, y patriotismo, que al parecer es un concepto que conlleva solidaridad e integración. Para reirse y no parar, vamos. Un amigo mío asegura que uno de los grandes problemas de este país es el profundo analfabetismo político y solo eso puede explicar que, ante el muy evidente enfrentamiento entre formas de entender la nación, que en origen no tiene otro nombre que nacionalismo, alguien se esfuerce ahora en extender las bondades del patriotismo. Nada de profundización política, por favor, no sea que a alguien se le ocurra empezar a reflexionar.

En fin, es posible que lo de este país no tenga arreglo, por lo que tal vez una de las esperanzas sería empezar a cuestionar el propio concepto: país, patria, nación, fronteras… Por supuesto, detrás de ello no hay nada más que un Estado, la dominación política en cualquier de sus formas, pero dejemos ese análisis para otro momento. Existe otro estupendo chiste, que el día en que lo escuche en boca de algún monologuista cómico, ese tipo se convertira en mi particular héroe, que asegura que un patriota es simplemente un bobo que se alegra de que a su vecino le den una medalla. Sí, lo sé, no hará gracia a una inmensa mayoría, lo cual no quiere decir que no la tenga, al menos a un nivel vulgar. El humor ofende, casi siempre, a alguien y, algunas veces, a muchos. El problema es que toda concepción del patriotismo se encuadra dentro de una determinada realidad política, por supuesto, para el que suscribe todas rechazables, pero no nos pongamos demasiado abstractos. Vamos a algo de la realidad de este país llamado España. Hoy, casi todo el mundo anda algo alterado por el auge de la extrema derecha, no solo en Europa, también en otras partes del mundo como en Brasil, por no hablar del propio Trump, que lleva casi dos años gobernando en el país más poderoso del mundo. A propósito, no sé si el mundo es muy diferente desde que este fulano está en el poder. A mí me parece igual de repugnante que con un prohombre como Obama, que cuando llegó al poder parecía que iba a suponer poco menos que la utopía a nivel global. Así somos, haciendo gala de estolidez democrática manifiesta que vuelve una y otra vez con diferentes formas. En otra ocasión, hablaremos de Podemos (We can).

Vamos por la derecha. En España, parece que hay un pequeño crecimiento de Vox, al que los medios califican claramente como extrema derecha. Escuchando a sus líderes, no hay mucho recorrido para su programa político: defensa de valores tradicionales, patria, familia, catolicismo, centralismo político (para reprimir, claro, el nacionalismo de otros), cierre de fronteras, un obsesivo rechazo de la «ideología de género» y de los derechos LGTB (que ellos consideran una imposición por parte de no se sabe muy bien qué grupos), junto a una ambigua defensa de la Constitución, ya que lo lógico es que quieran acabar con el sistema de autonomías. Ah, y el capitalismo, a un nivel económico, que resultará intocable, ya que la defensa del privilegio tiene que estar a la orden del día sea cual sea el sistema en el que vivamos. Bien, toda este vómito ideológico reaccionario es algo consustancial a la derecha de este país, lo que ocurre es que el PP, esa «derechita cobarde», no se atreve ya a estas alturas a manifestarlo abiertamente ante la consecuente pérdida de votos (y ello a pesar de esa especie de ser artificioso e indescriptible llamado Pablo Casado). Como afirma el también inefable, y muy insufrifle, Sánchez Dragó, al que por otra parte debería lavársele la boca con jabón para que no pervierta la palabra «anarquía», lo natural y lógico es un triple alianza entre PP, Ciudadanos y Vox. Ojalá se produzca, Es más, si ha afirmado Santiago Abascal, líder de Vox, que no le importa que le llamen facha, y que incluso se siente orgulloso, dejemos que hagan una festividad de celebración al respecto. Que se manifiesten las cosas claras, que así es más fácil visibilizar al enemigo. Ojo, pero que no coincida con el Día de la Hispanidad, que es una celebración igualmente patriótica, reivindicativa también de los valores de los ancestros de esta país, pero hoy muy democrática.

Un comentario sobre “Orgullo facha

  1. En realidad, el 12 de octubre conmemora la efemérides del descubrimiento del Nuevo Mundo y es el Día de la Hispanidad (no de España), que abarca a todos los países hispanohablantes, regulado por ley desde 1987, así como el Día de la Lengua Española, desde 2014, cuando la ONU le dió a ésta un carácter más de unión y consolidación del mundo hispánico. Bien es cierto que durante un tiempo se llamó el Día de la Raza, denominación que aún se mantiene en algunos países latinoamericanos (Mexico) aunque ignoro a qué raza se refiere, pues hay unas cuantas en el mundo hispánico. En Argentina, por ejemplo, ese día se celebra el Día de la Diversidad Cultural Americana; en Chile, el Día del Descubrimiento de Dos Mundos; en Costa Rica, el Día de las Culturas; en Estados Unidos, Columbus Day; en Uruguay, Día de las Américas; y en Venezuela, Día de la Resistencia Indígena.

    En España, al coincidir con el día de la virgen del Pilar, patrona de Zaragoza y España, la celebración tiene, en Madrid y otras ciudades, un carácter militar y de exaltación del «orgullo patrio» que, como nadie sabe muy bien a qué narices se refiere, algunos aprovechan para vender su discurso totalitario y retrógrado, convirtiéndola en algo apestoso, cuando podría dedicarse a la diversidad cultural y la unión de los pueblos, sin entrar ahora en el papel de los conquistadores españoles, con sus luces y sus sombras, quizá más de esto último, pero alguna luz aportaron, según algunos historiadores, aunque haya dominado durante mucho tiempo la visión de Bartolomé de las Casas, símbolo de la defensa de los indígenas. No todas las tribus eran «ecologistas en comunión con la naturaleza», había algunas muy violentas, otras practicaban el canibalismo. Pero, perdón, este es otro tema…

    En cuanto a la «triple alianza» que mencionas, ojalá no se produzca. No está mal que, por fin, la derecha se divida y se peleen entre ellos. Aunque todo ese juego mal llamado político, no es más que un vergonzoso circo para seguir manteniendo los privilegios de los de siempre y alimentar un vergonzante y creciente papanatismo en este país.

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