Masa gris (que no materia)

No puedo estar más de acuerdo con los que sostienen que, el desarrollo del capitalismo y de la sociedad de consumo, han hecho de nosotros una panda de borregos sin remedio. Algunos, consecuentemente, atribuyen dicha situación a una falta notable de valores «espirituales», a un desinterés e indolencia por los asuntos que cultivan el «alma». Dejando a un lado toda la deleznable terminología religiosa, muy matizable en su significado, algo en lo que abundaremos más adelante, tampoco estoy seguro de que la cosa sea así. Y no lo estoy porque, si bien no estoy totalmente de acuerdo con el (muy) viejo Marx acerca de que las condiciones económicas determinan toda nuestra cultura, sí es un factor a tener muy en cuenta. Es decir, ni más ni menos, es el capitalismo y la sociedad de consumo los que, en gran medida, ocasionan está situación en la que, supuestamente, se produce una falta de valores. Además, no estoy de acuerdo en que no exista interés por lo «espiritual», más bien habría lo que observar es una profunda distorsión al respecto. A la, saludable, crisis de los valores religiosos tradicionales, encabezados por ese monoteísmo capaz de arrasar con todo asomo de pluralidad y pensamiento crítico, se une ahora una búsqueda de caminos espirituales, tan irritantes como vacuos. Sigue leyendo «Masa gris (que no materia)»

¿Monarquía o res publica?

Al parecer, los de Podemos siguen dando la matraca con un posible referéndum sobre la elección de un sistema monárquico o republicano. Por supuesto, como en toda consulta al pueblo las opciones son constreñidas, ya que se limitan a dar a elegir entre una forma de Estado u otra. Es decir, o una dominación u otra. Como uno tiene una arrogante condición ácrata y nihilista, se niega a adherirse a principio trascendente alguno. Tampoco en política, qué le vamos a hacer. Es cierto que asquea bastante este país en forma de reino, y con mayor motivo si recordamos los vínculos borbónicos con la ignominia histórica. ¡Ah, la memoria histórica! Cómo pedirle a las personas que recuerden lo que ocurrió hace cien años, si no parecemos capaces de reconocer a personajes infames recientes en este país para volver a tropezar una y otra vez en la misma piedra. Hagamos, no obstante, un poco de memoria. Probablemente, si uno hubiera vivido cuando el republicanismo debió emerger en tierras hispanas, allá por el tercer tercio del siglo XIX, la cosa hubiera sido diferente. La condición verdaderamente democrática y social de aquella militancia republicana, al menos, hubiera tenido que despertar ciertas simpatías entre los libertarios.  Hasta uno, escéptico y nihilista hasta los tuétanos, hubiera cedido un poquito. Sigue leyendo «¿Monarquía o res publica?»

Me cago en tó

Resulta un debate interminable este de la libertad de expresión y la cosa se complica cuando se tocan (supuestas) ideas sagradas. Así como lo oyen, parece que dentro de las creencias, hay unas que están por encima de otras, de tal manera que podemos realizar una escala de disparates y colocar en lo más alto aquello que más haya prevalecido en el imaginario popular. De esa manera, y como habrán ustedes ya adivinado, la creencia en Dios resulta el summum de las creencias y al parecer es intocable, ni siquiera dialécticamente. El actor Willy Toledo, con toda intención, soltó un exabrupto en las redes sociales: «Yo me cago en Dios y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María». Lo de la intención es debido a que, a continuación, escribió «Este país es una vergüenza insoportable. Me puede el asco», por lo que seguro que no fue ningún capricho espontáneo. No obstante, aunque lo fuera, la cuestión es la misma. El caso, como es sabido, es que el actor fue denunciado por cierta (retrógrada) asociación por aquella manifestación y, ante las diversas citaciones de la justicia, se ha negado a comparecer hasta haber pasado por ello ya alguna noche en el calabozo. Sigue leyendo «Me cago en tó»

Relatos históricos

Una de las palabras de moda, en nuestra muy irritante sociedad mediática en la que la hondura intelectual brilla por su ausencia, es la palabra «relato». Esto es, la creación de una «verdad» histórica para justificar una determinada ideoogía y visión de las cosas. Así, se insiste sobremanera en la falsedad del relato construido por los nacionalistas, catalanes para el caso que nos ocupa, para legitimitar su particular proceso independentista. Por supuesto, adelantemos que se trata de algo profundamente detestable, la de falsear la historia para adoctrinar. Sin embargo, si uno de mis humoristas preferidos asegura que el nacionalismo de unos solo encrespa de verdad, hasta límites irracionales, a los que están dispuestos a defender otro tipo de nacionalismo (lease, el español), algo parecido ocurre con los relatos de marras. Así, el inefable secretario general del Partido Popular, el mismo fulano que aseguró en cierta ocasión que la izquierda es la auténticamente reaccionaria al insistir tanto en el pasado, fiel a su herencia franquista, soltó unas cuantas perlas históricas dignas de aquello de que España venía a ser una unidad de destino en lo universal. En el Día de la Hispanidad, ya saben, no confundan con el futurible Orgullo facha, y ante una audiencia facilona, vino a decir que en esa jornada se celebraba el evento más importante para la humanidad. Esto es debido a que, al parecer, hace más de cinco siglos los españoles descubrieron un nuevo mundo. Si hay que ser muy bodoque para sentirse orgulloso de ser español, le añadimos además una supuesta trascendencia histórica obviando las palabras que más se adecúen a la realidad, el asunto adquiere ya despropósitos cósmicos. ¡Toma relato, aprended, nacionalistas periféricos! Sigue leyendo «Relatos históricos»

Orgullo facha

Hoy es el Día de la Hispanidad, la fiesta nacional de este país llamado España. Particularmente, me considero feroz y reivindicativamente apátrida, al menos en un plano espiritual, ya que la realidad material es que nos obligan a todos los seres humanos a tener una nacionalidad legal. Al parecer, hay muchas personas que, enajenadas o no, no solo no observan esa situación como una obvia imposición geográfica por parte de una burocracia, al servicio de una clase dominante, sino que además se muestran harto orgullosos de pertenecer a un determinado país en el que tuvieron la suerte de nacer. Estoy de acuerdo con el gran El Roto: en este mundo en el que vivimos, da vergüenza pertenecer a cualquier lugar. Por otra parte, en esta estúpida guerra de banderas que sufrimos últimamente, se ha extendido la diferenciación entre nacionalismo, que vendría a ser egoísta y excluyente, y patriotismo, que al parecer es un concepto que conlleva solidaridad e integración. Para reirse y no parar, vamos. Un amigo mío asegura que uno de los grandes problemas de este país es el profundo analfabetismo político y solo eso puede explicar que, ante el muy evidente enfrentamiento entre formas de entender la nación, que en origen no tiene otro nombre que nacionalismo, alguien se esfuerce ahora en extender las bondades del patriotismo. Nada de profundización política, por favor, no sea que a alguien se le ocurra empezar a reflexionar. Sigue leyendo «Orgullo facha»