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Caceloradas

Como es sabido, desde prácticamente el inicio de la crisis sanitaria, a las 8 de la tarde mucha gente le da por salir a balcones y ventanas para aplaudir fuertemente durante breves minutos. El gesto, especialmente, es un homenaje a los esforzados trabajadores de la sanidad, aunque hay quien lo ha querido ver como un símbolo de fraternal unión vecinal. Sinceramente, y aunque a uno le impiden el rubor y otras factores realizar según que cosas, resulta lógico y comprensible que, uno aunque no lo parezca tiene su corazoncito, con la que está cayendo, las personas se aferren a actos que insuflen algo de ánimo. No creo que haya en ello ninguna connotación más, ni de filiación sistémica, ni de apoyo puntual a clase dirigente alguna, ni de bandera política o ideológica. No todos, pero sí todo tipo de personas baten palmas al caer la tarde. Al menos, esto ha sido durante dos semanas de manera más activa, ya que después de dos meses largos el hartazgo empieza a hacer mella en el personal. Sigue leyendo “Caceloradas”

Conversos y dogmáticos

Me desconcierta enormemente que alguien, que tiempo ha era al menos presuntamente razonable, en la actualidad es o se comporta como un capullo reaccionario. Me niego a reproducir la frase esa que alude a izquierda, derecha, juventud y madurez, que viene a significar que el tiempo convierte al personal en necesariamente conservador, ya que es una soplapollez de enormes proporciones. Y lo es porque la vida no se reduce a ideologías marcadas por estrecheces dogmáticas, lo mismo que no debería estar determinada por nuestro entorno ni por nuestra supervivencia diaria. No obstante, es cierto que este inefable país llamado España está plagado de tipejos que, si en su juventud militaron en alguna organización comunista, hoy son furibundos anticomunistas. Y algunos lo son hasta extremos tan grotescos, que difícil es creer que no tengan más de dos dimensiones o incluso solo una y meramente mediática. Que alguien como Jiménez Losantos le espete a Pablo Iglesias algo así como “me recuerdas a mí cuando era tonto”, dice mucho de su catadura moral. Como es sabido, este individuo se vio seducido por el maoísmo en su juventud y resulta capaz de insultarse a sí mismo para lograr unas cotas de audiencia.

El anticomunismo vende mucho y como Jiménez Losantos hay unos cuantos, algunos con el subterfugio facha del ‘liberalismo”, como el indescriptible Hermann Tesch; otros, cayendo miserablemente en el fascismo como Sánchez Dragó. Y no, no empleo gratuitamente la palabra ‘fascismo’. Gente con una pertinaz tendencia a ponerse una y otra vez en ridículo. Lo sé, no debería perder líneas de escritura en estos fulanos, pero lo que me preocupa es, no solo su influencia en una sociedad plagada de papanatas, también porque esas actitudes públicas y mediáticas las encuentro también a un nivel más local y personal. Sí, conozco unos cuantos trasuntos de los muy conocidos reaccionarios mediáticos, ‘rojos’ de antaño, que a falta de una tribuna de mayor envergadura, vomitan su bilis reaccionaria en las llamadas redes sociales. A saber qué mecanismo se pone en marcha para este proceso de conversión. No puedo pasar sin mencionar otra figura pública, un filósofo al que respetaba antaño como Fernando Savater. Alguien que puso negro sobre blanco tantas cosas gratas sobre la autogestión social, hoy anda perdido en una progre retórica ‘antiprogre’ bastante digna de análisis o de compasión. No, no es un despreciable retrógado como otros, pero hay que ver las tonterias que salen por su boca o escritura.

Claro que, si irritantes resultan los ‘conversos’, no lo son menos los dogmáticos que aseguran no haberse movido ni un ápice desde su juventud de posiciones ideológicas que quieren ver como mayestáticas. Unos cuantos he conocido también. No hablo, por supuesto, de principios, de honestidad o de ética, que deberían ser innegociables en estas sociedad donde todo se mercantiliza. Hablo de dogmatismo, de estar cómodamente instalados en la verdad más absoluta, de no permitirnos un vínculo con el mundo real no vaya a ser que descubramos lo pequeñitos que somos. Pensándolo bien, no difieren demasiado ambas posturas, esos irritantes conversos, ayer progresistas, hoy reaccionarios, solo deben oscilar entre posturas dogmáticas. Sobre cómo mantenernos a salvo de todo esto despropósito involutivo, solo se me ocurre una filosofía vital: la anarquista. Fundamentalmente, una actitud ética de no dominación y respeto por el libre desarrollo de cada ser humano, bien aderezada con unas dosis de nihilismo, de profundo rechazo a unas convenciones con el constante peligro del absolutismo. Al menos, es lo que me hace  a mí mantenerme a salvo de posturas dogmáticas, papanatas o fraudulentas. Amén.

 

 

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Meritocracia

Creo que fue Einstein el que dijo algo así como, sin ánimo de ser literal, ya que la memoria no es uno de mis fuertes, si los valores de nuestra civilización estaban basados en el castigo o en la recompensa no debíamos valer mucho como especie. Efectivamente, no podemos estar más de acuerdo, si solo actuamos de determinada manera porque existe un factor externo que nos determina, entonces la psicología conductista tenía razón y no podemos presumir demasiado de una evolución excesiva Sigue leyendo “Meritocracia”

Perroflautas

Como el lenguaje es importante, continúo con el análisis de ciertos términos provenientes en su mayoría de círculos casposos y reaccionarios. Es el caso de ‘perroflauta’, palabra popularizada en los últimos años, estoy casi seguro que a partir del 15M, y que no sé si hasta nuestra docta Rae la ha admitido a estas alturas o, tal vez, está a punto de hacerlo. Mi relación con el vocablo de marras es curiosa, ya que la primera vez que la escuché fue en boca, o mejor dicho en escritura, de nada menos que un picoleto. Como lo oís. En un contexto estrictamente personal, con aquel con el que había tenido una relación más estrecha años antes, se refirió de esa manera peyorativa en un correo a los que poblaban las manifestaciones desencadenadas por el 15M. Mi estupor y perplejidad fueron considerables y no sería hasta tiempo después cuando comprendí el verdadero alcance, nada gratuito, de la expresión. Acabé entendiendo, antes de que las circunstancias lo confirmaran de forma inevitable, que el despectivo apelativo tenía, sin duda, un origen policial bien aderezado con intenciones repulsivamente clasistas. Pero, atendamos a la evoluición y diversas acepciones del vocablo que nos ocupa. Sigue leyendo “Perroflautas”

Sectarismo

Uno tiene la peculiar costumbre de leer y escuchar toda suerte de medios y foros de todo pelaje, lo cual me lleva a menuda a la perplejidad y, no pocas veces, al enervamiento. Así, en el mundo más escorado hacia la derecha es habitual que se aluda, con un tono que une de forma extraña lo pomposo con lo lastimero, al “sectarismo de izquierda“. Siendo consciente de que no merecería la pena gastar ni un ápice de tiempo o espacio en analizar el asunto, algo me lleva a escribir estas líneas. Primero, qué diablos quiere decirse con la palabra de marras. Cuando uno, pobre ingenuo, acude a la Rae descubre que el término no solo proviene de “secta”, como cabría esperar, sino que adquiere un significado propio: Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología. Ahora lo entiendo, obtuso de mí, se quiere decir que la izquierda es a menudo fanática e intransigente. ¡Hum, resulta cuanto menos peculiar que se asegure eso en este país llamado España! Es decir, que en países donde se hayan dado dictaduras comunistas, si aceptamos que eso es ser de izquierdas, se afirme que la “izquierda” es sectaria, bueno, supongo que podríamos entenderlo. Sigue leyendo “Sectarismo”

Colapso o no

Hay quien, bastante antes del inicio de esta crisis sanitaria en la que nos vemos inmersos, ya anunciaba que el capitalismo se encaminaba, más tarde o más temprano, pero de forma impepinable, hacia el colapso. La base de esta argumento estriba, principalmente, en el agotamiento de las materias primas energéticas, así como en los desastres concomitantes al cambio climático, pero también por otros factores aparentemente con menor entidad. Entre estos, precisamente, ya se anunció la posibilidad de epidemias o pandemias. ¿Nos encontramos, en este momento, en la antesala del colapso económico y, por ende, civilizatorio? Ni idea, tal vez tenemos cierta querencia por el advenimiento del apocalipsis, pero no está de más despertar nuestras adormecidas neuronas y activar algo la conciencia. Con estas semanas de parálisis industrial, se ha reducido la contaminación y el uso de combustibles fósiles, pero resulta obvio que es simplemente producto de una coyuntura si lo que conocemos como civilización continúa por el mismo camino. Sigue leyendo “Colapso o no”

Crisis

“El sistema no está en crisis, la crisis es el sistema”, pasarán los años y no acabaremos de comprender cuánta verdad entraña esta frase vista por doquier en muros y vociferada en manifestaciones. Ante la pandemia que sufrimos, se nos repite hasta la saciedad que se avecina una nueva crisis económica, de proporciones semejantes a aquel crack del 29 del ya lejano siglo XXI, una cantinela habitual por otra parte. ¿Nueva crisis? Que yo recuerde, desde que tengo uso de razón, es decir más o menos desde la Transición para acá, las crisis se han sucedido de una manera u otra. Excepto algunos pocos años boyantes, y simplemente repito lo que aseguraban los voceros del sistema, que en realidad fueron la antesala para el horror que se avecinaba en los lustros siguientes. Y así, una y otra vez. Claro, nos dicen, ahora es diferente, ya que hay una auténtica y muy alarmante crisis sanitaria en forma de una pandemia cuyo origen sigue siendo ignoto. Y esta falta de información veraz en un mundo globalizado, en gran medida hipertecnificado y ultracomunicado. Por supuesto, todo esto es muy cuestionable si está puesto verdaderamente al servicio de la humanidad. He sido muy blandito, ex profeso, con lo de “cuestionable”, no recuerdo ahora cuál es la figura retórica que he empleado. Lo irritable es que cuando se insiste en el desastre que se nos viene encima, como tantas veces que se habla de economía, la cosa no adquiere su verdadera médida en términos sociales y humanos. Sigue leyendo “Crisis”