Dislates históricos

En un reciente evento, con el ya inquietante nombre de “Concordia, Constitución y Patriotismo” y moderado nada menos que por el bodoque líder del Partido Popular, un fulano exministro en este inefable país afirmó que la Guerra Civil fue “el fracaso de todos los españoles” y llegó a decir que si hay un responsable de la sangrienta confrontación fue el régimen republicano. No contento con eso, continuó diciendo que no hubo en el 36 ningún golpe de Estado y que se joda la plana mayor de historiadores. El nombre al que respondé el autor de semejantes aseveraciones es Ignacio Camuñas, un tipo que tuvo un papel destacado durante el fraude que supuso la Transición española, que perteneció a la inefable Unión de Centro Democrático, que ya he dicho que fue ministro de no sé qué leches y que, atentos, fue también uno de los fundadores de la ultrareaccionaria fuerza Vox. Desconozco si este Camuñas es también un respetado y riguroso historiador como para afirmar de un modo tajante, histriónico diría yo, dirigido a un público preescolar, esos dislates a los que no tiene acostumbrados la derecha de este bendito país. Habitualmente, la cosa se elude o se suaviza aludiendo al conflicto como una guerra entre hermanos, como “algo que no debería volver a suceder”, como que “perdieron todos los españoles”, pero de vez en cuando nuestra inefable diestra se quita la careta y se le ve el plumero: la culpa fue de la izquierda.

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Migrantes, refugiados y oprimidos

Aunque los inicuos medios generalistas, del llamado “primer mundo”, no siempre lo reflejen, son habituales las muertes de personas al tratar de atravesar los muros hacia una supuesta sociedad mejor. Estamos ya acostumbrados a los numerosos males cotidianos del mundo en que vivimos: migraciones, campos de refugiados, explotación laboral… Sí, se pone el foco en uno u otro país deprimido cuando la cosa llega a un extremo, ayer Colombia o Marruecos, hoy Cuba, mañana ya veremos, pero no existen medidas radicales para paliar lo más mínimo dichas desgracias perfectamente evitables. El mundo está así estructurado, política y económicamente, y pocos profundizan, si hablamos de piezas dentro de este repulsivo puzle, la mayoría voces marginales. Atendiendo a la inmigración, las políticas de la muy civilizada Europa son cada vez más represivas; se insisten en los muros físicos que han construido regímenes abiertamente autoritarios, mientras se construyen continuamente muros invisibles mucho más efectivos por su perduración en el tiempo y por mantener intacto un statu quo que separa a los que tienen algo de los que no tienen nada.

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Cuba

La primera vez que estuve en Cuba, fue a mediados de los noventa, cuando todavía se encontraba el régimen bajo las secuelas del llamado “periodo especial”. Después del colapso de la Unión Soviética, de la cual dependía económicamente, en gran medida, la isla entró en una etapa de profunda crisis empeorada por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense a partir de 1992. En 2021, la población, harta de todo tipo de carestías, agravadas por la crisis sanitaria mundial sufrida desde año y medio, está saliendo a las calles a ejercer su legítimo derecho a la protesta. Díaz-Canel, sucesor en el poder a los Castro en el régimen totalitario, sin ninguna vergüenza, ha negado la represión, pero por supuesto ha llamado a defender la “revolución” contra los “opositores”. No creo haber defendido nunca el régimen cubano, aunque cuando era (demasiado) joven todavía quería pensar que aquello era algo diferente, no tan cruento y opresivo como otros sistemas comunistas del Este de Europa, y que, todavía, había alguna esperanza a que caminara hacia el socialismo. No tardé mucho en desengañarme y, si queremos hacer una devastadora crítica, la podemos resumir en falta de libertades, ineficacia económica del Estado y ausencia total de gestión por la sociedad civil en todos los ámbitos de la vida, a pesar de la propaganda del régimen.

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Creencias

No sé qué fulano dijo en cierta ocasión que el ser humano, si dejaba creer en esa abstracción absoluta supuestamente idealizada que denominan Dios, acababa creyendo en cualquier cosa. Lo que no se tuvo en cuenta, con semejante aseveración nada imparcial, es que la misma creencia en un ser omnipotente, infalible y, presuntamente, magnánimo sin fisuras es el mayor despropósito al que nos podemos enfrentar los seres humanos. Que nadie se ofenda, todos creemos en cosas que a los ojos de otros, seguramente, resultan disparatadas. Yo mismo, mi fe inquebrantable en que algún día podamos fundar una sociedad mínimamente digna se contradice con la cantidad de estulticia, mediocridad y papanatismo con el que nos enfrentamos a diario. Exagero, por supuesto, hay gente haciendo cosas loables, pero los inicuos, los que fomentan la subordinación y creencias de la gente, hacen mucho daño y la masa gris parece seguirles a pies juntillas. Pero, volvamos a las creencias. ¿Puede evitarse que la gente crea en abiertas majaderías y actúe de forma aceptablemente racional?

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Calles franquistas

Recientemente, el Tribunal superior de Justicia de Madrid decidió mantener el nombre de esta calle, Caídos de la División Azul, perteneciente al madrileño barrio de Chamartín. Como es sabido, la Ley de Memoria Histórica, prohíbe toda simbología de exaltación de la Guerra Civil y de la dictadura franquista; aunque igualmente conocido es que el cumplimiento de esta normativa queda dentro de un gran margen de ambigüedad y que, es mi opinión, al fascismo se le combate con otro tipo de medidas culturalmente más profundas. Sea como fuere, el cambio de denominación de la vía, hecho a instancias de la administración anterior del Ayuntamiento, quedó frustrado tras haberse llevado el caso a los tribunales a instancias, al parecer, de familiares de aquellos españoles que combatieron en el ejército de la Alemania Nazi. El argumento para mantener el nombre es que nada tuvo que ver aquello con la Guerra Civil, ni al parecer con el franquismo, y es en realidad un bonito homenaje a aquellos “voluntarios” que decidieron luchar contra el comunismo al lado de, claro, los que ayudaron a Franco a ganar la guerra.

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Guerras civiles (y sociales)

Recientemente, ha habido varios episodios, en este indescriptible país llamado España, que bien merecen ser comentados, aunque no dejen de ser más de lo mismo. Uno de ellos lo protagonizó el líder de la muy repulsiva diestra hispana, el inefable Pablo Casado, que soltó en el Congreso nada menos que “la Guerra civil fue el enfrentamiento entre quienes quería la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia”. Las irritantes y disparatadas ocurrencias de unos conservadores que poco o nada tienen de auténticos liberales. Por supuesto, la obvia estrategia de Casado pasa por, una vez más, apelar a esa supuesta reconciliación entre españoles que supuso la muy fraudulenta Transición a una democracia, que al parecer sirve para que dialoguemos pacíficamente sin que asome la sombra de la España cainita. Por supuesto, mejor aludir a un enfrentamiento abstracto entre dos Españas, que a la lucha de clases pura y dura dentro de un país atrasado, cuyo colofón fue el golpe de Estado de los generales facciosos en nombre de una forma de fascismo, pero también de la tradición más casposa y de la defensa de las clases privilegiadas. La derrota de la dignidad y la victoria fascista tuvo como consecuencia cuatro décadas de dictadura férrea, que pasó por varias etapas, desde el totalitarismo con brazo en alto hasta, sin abandonar en absoluto los tintes autoritarios, una liberalización económica que supuso la falsa prosperidad económica en nombre del capitalismo.

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Las iglesias y el poder

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que apartar a la religión iba a suponer el camino definitivo de la humanidad hacia la emancipación. Hoy, bien entrado el siglo XXI, en plena posmodernidad, la cosa no está nada clara y las instituciones religiosas sobreviven tratando de mantener su parcelas de poder, bien adaptándose de manera hipócrita a los nuevos tiempos, bien replegadas en el fundamentalismo, bien una mezcla de ambas cosas (lo más habitual). Pongamos varios ejemplos. Es sabido que la Iglesia Católica basa sus dos milenios de existencia en la unidad jerárquica más férrea con influencia dispar en el poder social y político de las naciones según van pasando los tiempos. Sin embargo, como también es lógico y conocido, según el contexto patrio en el que se ecuentre el poder religioso, se manifiesta tirando hacia un lado o hacia otro. Es decir, aunque sumo pontífice solo hay uno y verdadero, el increíblemente progre Francisco, luego la cosa no está del todo clara según la jerarquía confesional en los diversos lares, que también tienen derecho a conservar sus cuotas de poder. Así, refirámonos a dos de las iglesias más poderosas del planeta, las cuales coinciden mílagrosamente con dos de las mayores potencias económicas como Estados-nación: Estados Unidos y Alemania.

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Sobre liberalismo, neoliberalismo e, incluso, socialdemocracia

Lo del liberalismo, lo siento, pero me sigue provocando ardores de estómago. Hay quien opina, y puede que tenga razón, que lo extraño a la hora de darle un contenido político coherente a la filosofía liberal, es lo que se produce en este indescriptible país denominado España. Es decir, si el término liberal se asocia en ciertos países inequívocamente al “progresismo”, en otros va vinculado a posiciones abiertamente derechistas. Y eso, en este bendito país, que sufrimos de una diestra de lo más repulsiva y casposa, supone que hasta la carcunda que forma Vox abraze el liberalismo sin pudor alguno (claro en cuestiones supuestamente económicas). Y a eso voy, que en este inefable país parece que uno no puede hablar bien de gran parte de la filosofía liberal, y yo lo hago entendiendo, claro, que todo ello conduce hacia la visión libertaria, sin que le vinculen con fuerzas políticas que poco o nada tienen que ver con el liberalismo; con su parte buena al menos, que yo entiendo como progreso y libertad, soy así de ingenuo. Y, libertad, amigos míos, poco o nada significa sin otros conceptos reinvidicados por el anarquismo como solidaridad y apoyo mutuo. Estas propuestas morales, imagino que causan risa a los que se dicen “liberales” en este santo país, ya que ellos solo insisten de forma pertinaz en un sistema económico que conduce a la indigencia a gran parte de la población mundial. Precisamente, para estos “liberales puros”, que tanto reivindican la visión clásica, lo cual puede dar una idea de lo reaccionario de sus postulados, resulta anatema el llamado “neoliberalismo”. Y, supongo que con más deshonestidad que ignorancia, rechazan el término porque consideran precisamente que solo hay un hilo conductor en el liberalismo que conduce desde el siglo XVII hasta nuestros días; lo cual, insisto, da una idea de la extrema simpleza reaccionaria de la filosofía de unos fulanos, que aseguran hablar en nombre de la libertad.

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Frente estalinista

Hay una especie de sindicato, al parecer con cierta relevancia, y que siguen una calculada estrategia de multiplicarse en las redes sociales, que se hace llamar Frente Obrero, famosos por haber hecho algún que otro escrache a los capitostes de Podemos. Como ellos mismos dicen, no es una organización estrictamente comunista, pero parece indudable su vínculo con cierto partido marxista-leninista, el enésimo que conozcamos en este bendito país. No son gente para tomar a broma, ya que tal vez su discurso no tiene un largo recorrido intelectual, pero tienen muy clara la propaganda a realizar en un contexto de crisis y se consideran destinados a ocupar el espacio de una formación podemita en franco declive, lo cual no parece descabellado visto el panorama político preescolar que sufrimos. De hecho, la agresividad e inquina hacia Podemos del llamado Frente Obrero es tal, que no pocas veces han compartido espacio de debate con los grupos más reaccionarios, por lo que han llegado a emparentarlos con la extrema derecha y el fascismo. No es mi caso, ya que estos peculiares tipos no ocultan para nada, no ya su ideología leninista, sino la reivindicación del mismísimo Stalin. Por supuesto, los millones de muertos producidas por la URSS vendría a ser propaganda capitalista y, precisamente, el comunismo entró en declive para ellos con el proceso de desestanilización en los años 50 tras la muerte del dictador. El lider del FO, y creo que también del partido adjunto, es un tipo llamado Roberto Vaquero, con cierta labia y carisma, creo que alejado del violento limitado que ciertos medios han querido construir.

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Conspiranoias (o no)

Uno es excesivamente amante de las teorías de la conspiración, lo cual no quita que podemos creernos casi cualquier cosa viniendo de las élites económicas y políticas. Cabe recalcar, lo cual no es nada baladí, que dichas élites no poseen unos intereses necesariamente comunes, ni constituyen un frente único a nivel global, lo cual viene a echar por tierra las teorías excesivamente generalistas. El caso es que me entero, recientemente, de la existencia de un libro titular La verdad de la pandemia. Quién ha sido y por qué, o algo similar en su subtítulo. Ya la denominación de una tesis como La verdad de… hace que se nos disparen todas las alarmas contra-conspiranoias, pero seamos justos, tal vez se trata de imposiciones editoriales para vender más ejemplares. Dicha obra viene a sostener que los culpables de la terrible crisis sanitaria, que el mundo viene sufriendo desde hace año y pico, son claro las élites mundiales en combinación con el Estado chino. ¡Ay los chinos, nos comen los chinos! Dicho conspiración, fundamentadada en el Covid-19, agotados otros medios, tendría como objetivo acabar con la Administración Trump. Pero, ¡agárrense los machos!, como el virus no sería suficiente, se ha alentado a movimientos como el Black Lives Matter o el antifascista para alentar los disturbios e incendiar las calles, ya que todo el mundo saber que los movimientos sociales son abiertamente estúpidos. Alguien puede preguntarse también por qué diablos querrían dichas élites, que al parecer según la autora del libro sí constituyen un decidido frente único, acabar con el inefable Trump. No voy a insistir en la respuesta, que pasa al parecer porque el fulano ultrarreaccionario exhabitante de la Casa Blanca vendría a ser un obstáculo para implantar un gobierno mundial de corte, ¡agárrense los machos!, social-demócrata o social-comunista. Obsérvese que podría haberse dicho “de corte autoritario”, aunque no creo que Trump lo haya sido menos que otros gobiernos, pero no, la terminología no parece casual.

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