Más sobre el corrupto mundo balompédico

Aclararé, sin ánimo excusatorio alguno, que el deporte del balompié me interesa entre muy poco y nada. Sin embargo, algo que mantiene embobados a infinidad de espectadores obliga, si queremos empezar a anular toda actividad alienante, no obliga a indagar un poquito en todo ello. Máxime, cuando el Mundial de Qatar está en boca todos por diversos motivos. Solo asistí, en cierta ocasión, a un partido futbolístico y la serie de barbaridades que allí escuche todavía hoy me estremece (no, no son meros remilgos, es oposición a la barbarie). En primer lugar, y no me lo podrá negar ningñun aficionado sensato, el fútbol destila machismo por los cuatro costados y hay quien señala en ella un repulsivo modelo de masculinidad imperante. Esto es así hasta el punto que los futbolistas y árbitros que han declarado tener una orientación sexual diferente se pueden contar con los dedos de una mano. Y habrá quien diga, como caldo de cultivo para la actitud más repulsivamente hipócrita, que nadie tiene que reconocer su condición sexual de modo público; no, amiguito, no se trata de reconocer, se trata de ser y actuar con toda normalidad, algo que no se produce para nada en el universo futbolístico. Al parecer, en el deporte femenino hay algo más de visibilidad; las mujeres, como suele ocurrir, algo más adelantadas tambien en esto. Volvamos ahora al nauseabuando Mundial de Qatar, un país donde el régimen prohibe la homesexualidad y se sanciona con varios años de prisión.

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Relatos históricos infames

Me entero de que un libro del repulsivo Pío Moa, Los mitos de la guerra civil, que data de hace casi dos décadas, se publica ahora en Francia. Para quien no sepa quién es este personaje, hablamos de un tipo que fue comunista, nada menos que militante del Grapo, para después convertirse en ultraderechista defensor de la dictadura franquista y autor de libros de ambición historiográfica en los que defendía las tesis fachas de siempre. Hubo un tiempo en que sus libros se vendían mucho, en este inenarrable país, y el Partido Popular daba cierto pábulo a Moa, pero la cosa era intelectualmente tan ridícula y descabellada, que le acabaron retirando el apoyo, al menos, oficialmente. Hoy, creo que encuentra sustento en Vox y sus medios afines y, al parecer, en el país vecino ha encontrado quien cree poder sacar rédito de su obra. Ha habido, afortundamente, voces galas que le han puesto en su sitio y le han calificado de mero falsificador de la historia de España. En lo que no estoy muy de acuerdo es en calificar a Moa de «revisionista», ya que, al margen de falacias, no sé qué diablos hay de original en culpar a la izquierda del conflicto civil y en considerar que Franco y sus secuaces no tuvieron más remedio que sublevarse para salvar al país de la horda roja. Es una narrativa fomentada por la dictadura durante décadas, con un auténtico lavado de cerebro para varias generaciones, que llega hasta el día de hoy; valga como ejemplo más reciente la inauguración de una infame estatua en la capital del Reino, en la que se homenajea el centenario de la Legión, un cuerpo expedicionario de historial sangriento, fundado por el filofascista Millán-Astray, que tanto ayudó al triunfo de los reaccionarios en la guerra civil (y social).

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El Mundial de Qatar y la sangre de los trabajadores

En unos días, comenzará en un pequeño país árabe ese fenoméno universal de enajenación colectiva que denominan mundial balompédico. Al parecer, hace unos años sorprendió que se concediera la sede a Qatar, un lugar sin tradición futbolística y sin infraestructuras, a lo que sea añadía unas temperaturas que superan los 50 grados, lo que explica que se se haya retrasado el alienante evento a los meses de noviembre y diciembre. Recordemos que no menor estupefacción produjo que el anterior país que acogió el Mundial, en 2018, fuera la hoy criminalizada Rusia. En 2015, pocos años después de aquellas decisiones, hagamos un poquito de eso tan necesitado en todos lares llamado memoria histórica, se reveló toda una trama criminal vinculada a la FIFA, con toda suerte de fraudes, comisiones y sobornos, relacionadas con los futuros mundiales en Rusia y Qatar; algo debió torcerse para que, una vez más, se decidiera eliminar a dirigentes para poner a otros en su lugar y que todo siguiera más o menos igual. Efectivamentene, a pesar de las coyunturales mascaradas policiales y judiciales, Rusia acogió el enajante evento deportivo y no habría problema en que lo hiciera Qatar años después; todo ello, a pesar de las denuncias por violaciones de derechos humanos, trabajadores muertos y corrupción en la construcción de los estadios. No debería sorprender todo esto, ya que una y otra vez se repite la misma situación en este inicuo sistema económico y político que sufrimos; empresarios, en plena connivencia con los que regentan los poderes políticos, ofrecen una estupenda idea sobre algún proyecto de gran magnitud para que, inmediatamente, se produzcan pagos de todo tipo para que sean unos pocos quienes se beneficien y los medios desinformen sobre lo benévolo del proyecto.

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Una vez más, las creencias

Hay quien me acusa, no sin cierta razón, de utilizar un tono visceral en los escritos plasmados en este blog. Qué le vamos a hacer, coherentemente, la actualidad política le revuelve a uno las tripas, se produce cierta actividad de regurgitación y las consecuencias son obvias. También se me espeta, con cierto tono admonitorio, que soy excesivamente destructivo, que yo creo que viene a significar que me excedo con la crítica (lo cual, dicho sea de paso, para mí es todo un elogio). Cierto es que el que suscribe se pasa en su enjuiciamento de la realidad y, muy probablemente, uno quiera compensar, reconozco que con una dosis de soberbia y ambición nada desdeñables, la más que lamentable ausencia de pensamiento crítico de gran parte del personal. Y es que la especie humana, junto a la consecución de algunas cosas memorables, todo hay que decirlo, tiene una irritante tendencia hacia el borreguismo y, consecuentemente, a la creencia en cualquier majadería. Sobre la actitud borreguil, poco hay que opinar, desgraciadamente está demostrado que si la mayoría del rebaño realiza cierta actividad, por poco sentido que tenga, un gran porcentaje va a realizar lo mismo (por no sé qué narices de miedo al rechazo social, creo que dice la disciplina esa de la psicología social). No desesperemos, tal vez a los miembros de algún grupo les dé por respetar su propia individualidad, pensar por sí mismos, y el resto del rebaño, aunque sea por mímesis, lo acabe haciendo también. Sigue leyendo «Una vez más, las creencias»

Lenguaje racista

Alguien me llama la atención, por mi anterior columna, sobre el uso del término «denigrante«, que se señala como racista al querer decirse que lo negro es pernicioso. No era mi intención en absoluto, huelga decirlo, y lo cierto es que era algo ajeno totalmente al significado como creo que es obvio; simplemente, uno camina hacia un callejón sin salida a veces en el uso de sinónimos, ya que su léxico es más limitado de lo que le gusta admitir. Por cierto, ahora que caigo, lo mismo «pernicioso» tiene un origen en el mismo sentido (o vaya usted a saber), pero no voy a ir tan lejos de momento. Sea como fuere, lo que está claro es que el lenguaje refleja tantas veces los valores de una determinada cultura y hay quien considera que puede ser un instrumento de agresión y causar dolor al que se siente ofendido, de ahí la extrema precaución que adoptar algunos al respecto. Yo, lo admito, no suelo ir tan lejos. De hecho, no estoy muy seguro que la palabra en cuestión tenga un origen racista, de toda la vida luz y oscuridad han representado el bien y el mal; algo por supuesto totalmente cuestionable, aunque creo yo que por otros motivos que los de discriminar a la gente por algo tan superficial que el pigmento de su piel. A mí, particularmente, le voy la vuelta al asunto y reconozco que me encanta el negro; de hecho, la bandera por la que siento más respeto está tintada de ese color (o, quizá, ausencia de todos esos colores tan cuestionables).

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¿Izquierda woke?

Hasta hace no tanto, uno permanecía indiferente ante el fluir idiota de según qué términos de nuevo cuño de afán abiertamente insultante. Así, para el que no sepa todavía lo que significa eso de ‘izquierda woke‘, es una de las etiquetas despectivas con los que el facherío patrio cree mofarse de lo que ellos consideran progresía. Eso sí, resulta paradójico, patético y abiertamente grotesco, que toda esta pléyade de defensores caposos de las esencias hispanas adopte un anglicismo de lo más peculiar solo para denigrar al contrario de la forma más burda y necia. Como el público a la diestra, en este inenarrable país, no se caracteriza por su enriquecimiento léxico, y mucho menos por la profundización intelectual, las terminales mediáticas más conservadoras han popularizado un apelativo con aspiraciones de convertirse en etiqueta sarcástica. No creo que muchos de los que lo emplean conozcan que el término alude en inglés a ‘estar despierto’ y que, ya hace décadas, fue empleado por los trabajadores en Estados Unidos como signo de adoptar conciencia, de estar alerta ante los atropellos laborales y políticos. Hace unos años, fue recuperado por movimientos sociales, que luchan contra el racismo, así como por los derechos de las mujeres y de personas de diversa orientación sexual; eso explica el uso denigrante por parte de todos estos bodoques reaccionarios, que no han sido ni capaces de una traducción al castellano.

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Leyendas negras

El facherío patrio es muy, muy pesado con la cuestión de la supuesta leyenda negra del condenado imperio español. Para los profanos, explicaré que se trata de una teoría sostenida por alguna corriente historiográfica, según la cual existiría abundante propaganda antiespañola y, al parecer, también anticatólica. No hace falta tener excesivos conocimientos para llegar a la muy obvia conclusión que la historia de la humanidad, y la de sus imperios colonizadores, es la de la subyugación de unos pueblos poderosos sobre otros, que lo eran menos. El hecho de que haya algo de verdad en la exageración, por parte quizá de otras con inicuo afán dominador, no elimina de un plumazo los muchas desmanes cometidos por el imperio español, junto a ese horror denominado evangelización, ni convierte en rosa su leyenda, tal y como pretenden los reaccionarios más interesados (o descerebrados). Hoy por hoy, la insistencia en la susodicha leyenda negra solo puede ser sustentada por los que niegan la posibilidad de una horizonte mejor para la humanidad en nombre de ese concepto tan bello que es la fraternidad universal; si queremos aprender un poquito de la historia, contextualizando los hechos, es precisamente para volver a dotar de sentido eso tan denostado llamado progreso moral, no para insistir en fastos celebratorios indignantes apoyados en descabelladas teorías conspiratorias para justificar lo injustificable.

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Los interminables símbolos de la iniquidad

Se muestra pertinaz el facherío patrio en su insistencia de que el Valle de los Caídos es, además de una obra artística e histórica encomiable, un monumento que rinde tributo a los muertos en ambos bandos y un símbolo de la reconciliación nacional. No es nada nuevo, pero no deja de provocar indignación al que tenga la menor sensibilidad verdaderamente democrática. Y no es que el suscribe tenga la menor confianza en el parlamentarismo como garante de un auténtico avance social, pero un país incapaz de reconocer su propia historia de libertades y refundar la democracia en base a ella no puede ir a ninguna parte. Y es que negar que la obra de Juan de Ávalos es, principalmente, una loa a los que aplastaron al otro bando en la guerra civil, y un lugar donde rinden tributo individuos con el brazo extendido, es síntoma de gente muy reccionaria, muy malintencionada o muy ignorante (o las tres cosas). La argumentación de la supuesta reconciliación no es más que una extensión del discurso franquista, que tuvo su continuidad en esa farsa llamada Transición con la muy rentable máscara de la pseudodemocracia; había que promover la amnesia colectiva y mejorar algunas cosas para que lo importante, que suele ser lo económico a pesar de tanto patriotismo, siguiera igual que en la dictadura.

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El repulsivo régimen iraní

Desconozco si hay algún régimen jerarquizado, en algun lugar de un mundo económicamente globalizado para provecho de unos pocos, que respete al cien por cien los derechos humanos. De lo que estoy seguro es que hay Estados que son especialmente repulsivos al respecto. Uno de ellos es el de Irán, para vergüenza de la comunidad internacional (por supuesto, con algunas excepciones con condenas firmes, que no provienen precisamente del poder político o económico). En los últimos días, personas de extraordinario valor, especialmente mujeres, se han manifestado en dicho país provocando la solidaridad en el mundo árabe en lo que es quizá una de las revueltas más notables de los últimos tiempos. El estallido fue el asesinato de la joven Mahsa Amini, por parte de la nauseabunda policía moral, por no llevar bien puesto el hijab. La revolución de carácter feminista ha esgrimido como una de sus reivindicaciones ese decir no a la imposición del velo, por lo que el acto reivindicativo de descubrirse se ha podido ver en países como Siria, Irak o Palestina. Y es que la vulneración de los derechos humanos en el régimen iraní, especialmente para las mujeres, para vergüenza de todo esos gobernantes «democráticos» que apenas realizan alguna inofensiva condena ocasional, no ha dejado de deteriorarse desde hace ya muchos años.

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Tras las huellas del fascismo

Ahora que acaba de ganar las elecciones en Italia una admiradora confesa de Mussolini, y espero que una vez más no le echen la culpa a la abstención, conviene lanzar unas reflexiones sobre las huellas del fascismo en este inefable país. No, no voy a resucitar el estéril debate sobre si Vox es o no abiertamente fascista, me basta con tildarlos de peligrosos bodoques ultrarreaccionarios; claro que no reivindican abiertamente a Franco, cuyo condición fascista ya es muy cuestionable, ya que saben que eso resulta inconveniente y necesitan un discurso adaptado a los nuevos tiempos, pero en esa línea política inicua podemos situarles. Es un lugar común decir que el verdadero fascismo en España lo constituyó la fusión en 1934 de Falange, partido admirador de Mussolini, y las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, que podríamos emparentar más con los nazis alemanes. Como también es (o debería ser sabido), el genocida Franco tuvo la habilidad de aunar en su bando el fascismo con el carlismo junto a otras corrientes tradicionalistas; los fascistas más puros, que se pretendían revolucionarios, tuvieron que tragar en aquel engendro llamado Movimiento Nacional con la Iglesia y con los monárquicos. De ahí que la cruel dictadura franquista fuera definida como un régimen nacional-católico; Franco solo extendió el brazo hasta que el eje fascista fue derrotado y en el franquismo se nutrió algo de los rasgos fascistas más genuinos a través del llamado sindicato vertical.

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