Falsarios

Uno se pregunta cómo, ante las constantes mentiras de la clase política, la ciudadanía es seducida una y otra vez por la manipulación electoral. Dichos embustes, dirigidos principalmente a sus propios feligreses en función de las simpatías de cada uno, se producen por supuesto a ambos lados del espectro político. Así, cuando cada uno de estos personajes van siendo oficialmente pillados en sus corrupciones y corruptelas, a nivel tanto moral como material, niegan la mayor a pesar de existir numerosas y palpables pruebas documentales. En otro momento, nos ocuparemos de los embustes manipuladores de nuestros políticos actuales, pero me gustaría ocuparme ahora de dos de los “mayores estadistas” de la historia reciente de este inefable país. Empiezo por lo fácil, que es atender a los vómitos cargados de falsedad expresados recientemente por el repulsivo José María Aznar. Este personaje aseguró no conocer a Francisco Correa, uno de los principales delincuentes condenados en una de las mayores tramas criminales de este país, la Gürtel. Nos tenemos que tragar dicha mentira, expresada sin pudor, a pesar de ser uno de los principales testigos de la boda de la hija del nausabundo Aznar, además de la persona que corrió con gran parte de los gastos, y ser el organizador de los mitines del Partido Popular. Sigue leyendo “Falsarios”

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Constituciones

Hoy, que se cumplen no sé cuántos años de la llamada Constitución democrática en este inefable país, me vienen a la cabeza unos cuanto símiles (sea lo que sea lo que signifique eso). Uno piensa en las religiones que se basan, al menos las llamadas monotéistas (es decir, esas en las que el ridículo solo se expone ante la creencia en un único despropósito), en los llamados textos sagrados. No es casualidad que estas religiones dogmáticas, valga la redundancia, se denominen también “del libro” (o algo similar, perdonen ustedes las inexactitudes producto de un fracasado sistema educativo). Así, estas palabras sagradas, dictadas normalmente por una serie de iluminados con afán profético, deben ser acatadas por los incautos y muy subordinados feligreses sin, por supuesto, el menor asomo de crítica. No importa que estos libros fundacionales normalmente estén plagados de disparates y promesas de liberación incumplidas, se trata de la Verdad revelada, escrita con mayúsculas con todas las intenciones. Solo una nueva panda de reformadores visionarios, al supuesto servicio de una divinidad inexistente, puede realizar algunas interpretaciones, cambios adaptados a los nuevos tiempos, pero siempre diseñados para mantener intacto el tinglado. Porque la creencia religiosa, huelga aclararlo, suele ir vinculada a la creación de instituciones jerarquizadas, donde unos privilegiados mandan y otros menesterosos se arrodillan, ambos roles exentos de vergüenza por diferentes motivos. Sigue leyendo “Constituciones”

¡Enajenados!

Una de los subterfugios habituales, de los optimistas antropológicos, y no digo que yo me aleje siempre de semejante condición, es pensar que hoy existe más enajenación que nunca. Esto es, creo, cuando el personal se siente extraño a sí mismo, sus actos ya no le pertenecen y los mismos pasan a convertirse en dueños de la persona, la misma acaba subordinándose a ellos e, incluso, los termina por idolatrar. Si lo queremos expresar de otro modo, podemos poner sobre la mesa factores de toda índole para excusar que la gente se comporte como auténticos gilipollas. De esa manera, el común de los mortales estaría dominado por determinadas fuerzas externas, que le empujan a situarse en una realidad ajena, desgraciadamente, bastante imbécil, que le empuja a realizar una estupidez tras otra. Autores sesudos aseguran que esta situación de produce con el desarrollo del capitalismo y de la sociedad de consumo, y no decimos de entrada que no sea así, aunque se nos antoja un poco abstruso el discurso. El principal problema que observo con este análisis es que, si consideramos que el ser humano tiende a realizar una conducta digamos “desviada“, no propia del ser humano, es porque debería existir un comportamiento “correcto”. Mucho suponer. Ojalá sea así, de ahí mi inevitable y ocasional optimismo, aunque es inevitable pensar que, al margen de que exista la más mínima posibilidad para un comportamiento extendidamente racional en la especie humana, no hay duda de que también existen condiciones inherentes para que, al menos una mayoría, se comporte como una manada de borregos. Sigue leyendo “¡Enajenados!”

Posverdad

Allá donde mires, escuches o leas, aparecen por doquier de manera harto irritante ciertos términos puestos de moda, empleados gratuitamente y, reiteradamente, utilizados como armas arrojadiza contra el rival político. Es el caso de la palabra ‘populismo’, cuyo origen parece estar en el éxito de ciertas fuerzas políticas electoralistas de nuevo cuño, tanto a diestra como a siniestra. Los charlatantes que acusan al rival de ‘populista’ o, por ejemplo, de ‘demagogo’, de manera hipócrita obvian que la democracia representativa se basa, sencillamente, en esos subterfugios (palabra que incluyo muy a menudo para parecer más culto). La ‘demagogia’, señoras y señores es decir, la seducción de las masas, con mentiras obvias más que a menudo, y el ‘populismo’, es decir, el arrogarse la voluntad y los deseos del ‘pueblo’ (otra cabreante estrategia de la clase política ), lo emplea los aspirantes electoralistas al completo a ambos lados del espectro político. Ahora, nos llega, de manera exasperante, el vocablo ‘posverdad’. Perdonen ustedes las preguntas que lanzo a continuación, ¿Somos capaces de otorgar contenido al lenguaje? Consecuentemente, ¿podemos analizar la realidad de manera razonablemente objetiva para no ser manipulados? ¿Nos queda algo de pensamiento crítico o las neuronas humanas se disipan al ritmo de tanto “teléfono inteligente”? Como tememos las respuesta, analicemos el asunto con nuestra ausencia de modestia habitual. Sigue leyendo “Posverdad”

Lucha de clases

Hoy, nos recuerda El Roto, con ese humor sin par que deja una sonrisa helada a los que tengan un mínimo de conciencia, que la lucha de clases en la actualidad enfrenta a pobres contra pobres. Creo que fue un anarquista de la primera hornada, es decir, antes de un siglo XX plagado de un desastre tras otro, el que dijo que los partidarios de la corriente socialista de Estado, de la conquista del poder, acabarían logrando que la mayor parte de las personas odiaran el concepto de “comunismo”. Desgraciadamente, fueron palabras premonitorias ante lo que sería un régimen totalitario tras otro, con la legitimidad moral de, presuntamente, acabar con las diferencias de clase. He de decir que, yo mismo, aunque nunca me definiría como anticomunista, ya que es algo que conlleva connotaciones repugnantemente reaccionarias, siento una precaución extrema ante las banderas rojas. No obstante, incidir en esto es visto por cierta izquierda como hacerle el juego a la reacción. O blanco o negro, rojo o azul. Yo sigo prefiriendo el negro. En cualquier caso, un lenguaje añejo y maniqueo por parte de gente que, con toda su buena intención si quieren, acaba siendo inequívocamente reaccionaria al insistir en modelo fracasados que no conducen ni por asomo a la tierra prometida. En otras palabras, el comunismo, el supuesto socialismo de Estado convertido en una inmoral praxis totalitaria ha sido una puta mierda. No, como afirmó Marx, los trabajadores no se vuelven inevitablemente revolucionarios y, mucho menos, a hostias. Sigue leyendo “Lucha de clases”

Creyentes

Yo de (muy) joven fui un fervoroso creyente político. No en el sentido estrictamente religioso, pero viene a ser una cosa muy parecida para el asunto que nos ocupa. En mi caso concreto, muy escorado a la izquierda en mis años mozos, la creencia consistía en confiar en el sistema electoral para cambiar las cosas (a mejor, se entiende). Tengo que decir, dejando a un lado todo asomo de modestia, que ello no me hizo caer en ninguna suerte de papanatismo ni abrazar dogma alguno (cosas muy equiparables). A pesar de eso, como a todo creyente de cualquier pelaje y nivel, me otorgaba una dosis nada desdeñable de tranquilidad existencial, que ahora ni tengo ni busco. La cuestión es que, con los años, mi ateísmo político se ha ido incrementando sin que, y aquí es donde empiezo a hablar un idioma desconocido para gran parte del personal, me haya convertido en una especie de pasota ni en un sinvergüenza (al menos, no para una determinada visión de las cosas alejada de la reacción). En lugar de este último y despectivo apelativo, iba a emplear el de “cínico” en su acepción más vulgar, pero tengamos un respeto por esta escuela de filósofos, nada carentes de vergüenza en el peor sentido, y sí excéntricos y escépticos sobre las convenciones sociales. Sigue leyendo “Creyentes”

Banderas para mocos

Como si fueran pocas las polémicas con el inefable Willy Toledo, ahora resulta que el humorista Dani Mateo es objeto de insultos y amenazas por ejercer su trabajo. Al parecer, yo no le he visto, ya que uno no ve demasiada televisión (en serio, lo digo de verdad), en determinado gag, el colaborador del Gran Wyoming llegó a sonarse los mocos con una bandera (creo que constitucional, lo cual aumenta en mi opinión notablemente la dosis de humor subversivo). Como este país está plagado de gente que se ofende por sus creencias, falta sentido del humor y sobra estulticia, la reacción no se ha hecho esperar y, además, de forma poco sutil y pacífica. Aunque, a priori, y a diferencia del pobre Toledo, el asunto no es objeto de proceso judicial, existe un ignoto sindicato de las sacrosantas fuerzas del orden que ha denunciado a Mateo por infringir no sé qué hostias de artículos del código penal. Aunque uno es sumamente exigente con la presencia de inteligencia en el humor, el gag de El intermedio tenía su gracia: ante tanta celebración nacional, y la falta de un símbolo que una a todos los españoles, unido al descenso de las temperaturas y el aumento de resfriados, “el texto que realmente crea consenso es el prospecto del Frenadol”. Por supuesto, acto seguido Mateo estornudó y vino la escena de la polémica. Lastima que el humorista no tardaría en aclarar en Twitter, ese reino de la inquisición, que su intención no era provocar y, más grave aún, retirar el vídeo del gag por parte del canal laSexta. Sumisión al poder frente al humor y la libertad de expresión. Sigue leyendo “Banderas para mocos”